martes, 11 de agosto de 2026

EL PERRO Y YO

Anoche, aprovechando que había refrescado, estábamos mi amigo Ernesto Caraba y yo tomándonos una copa de vino bajo los frondosos plátanos de la cervecería Master cuando pasó una señora de mediana edad con un perro muy distinguido, quiero decir... era un vulgar perro de aguas, pero caminaba erguido, moviendo el cuerpo de tal modo que, más que de aguas, parecía un galgo afgano.
Quizás porque, cosa rara en mí, me quedé mirando al perro más que a la señora que lo llevaba, Ernesto me interpeló:
"¿Tú sabes cual es la diferencia fundamental entre ese perro y tú?"
"¡Claro! Que el tiene cuatro patas y yo dos", respondí
"Déjate de cachondeitos. Te lo preguntó en serio."
"Hombre, es que haces unas preguntas. La diferencia fundamental es que yo tengo razón y él no."
"¿Ves como te equivocas?", replicó Ernesto, enarcando las cejas y abriendo los ojos como si viera una aparición. "De algún modo, quizás embrionario, ese perro tiene también razón. La diferencia contigo es más simple y más inmediata y, no obstante, más significativa."
"Pues como no sea que a él lo mueve el celo y yo estoy caliente a todas horas..."
"Pero, ¿es que no puedes dejar de pensar en el sexo ni un instante?", replicó con su habitual seriedad Caraba, para el que el sexo ocupa un lugar secundario, después de la comida, de la bebida, de la charla con un amigo, de un paseo, de un viaje, etc. etc. "Si lo pensaras un momento, seguro que lo sabrías."
"Va, dímelo, si no es la razón, tampoco puede ser la inteligencia, así es que no sé lo que es, o lo que tú crees que es."
"La direncia fundamental", prorrumpió Ernesto casi solemne, "consiste en que él desconoce que va a morir y tú no. Es este hecho, en apariencia insignificante, el que nos distingue no sólo del perro, sino de todos los animales, incluido el elefante y algún otro que, aunque parecen tener alguna idea de la muerte es a posteriori, es decir, cuando la muerte se ha llevado consigo a algún miembro de la manada."
Caraba dio un trago de su copa, miró hacia el fondo del jardín en el que jugaban unos niños pequeños y prosiguió:
"Si te detienes a pensarlo, observabarás que, a pesar de su insignificancia, es este hecho principalmente el que nos ha modelado como seres humanos, el que ha propiciado la creación de instituciones y organismos que rigen nuestra vida y la controlan por entero.   
"La primera de estas instituciones es la religión. En un mundo feroz en el que pequeños grupos humanos debían superar tremendos obstáculos para conseguir el alimento diario; en un mundo lleno de peligros, pero también de misterios aterradores -la tormenta. un volcán, un terremoto, un eclipse-, los seres humanos encontraron consuelo a su lamentable situación en la creencia de que la muerte no era el final de todo, de que, tras ésta, habría otra vida, esta sí, apacible e intemporal, es decir, eterna. 
"Es seguro que muchos de aquellos individuos soñarían con algún miembro del grupo recientemente fenecido, circunstancia que lo empujaría a creer que aquel miembro no había muerto realmente, sino que seguía vivo, aunque en otro lugar y de otro modo. De aquí a creer en seres superiores invisibles que habían creado el mundo y lo regían no había más que un paso y, en su deplorable ignorancia, el ser humano lo dio.
"Más tarde, algunos avispados incluso se permitieron escribir la historia de la "creación", una historia de la que más tarde aún se afirmaría que, aunque había sido escrita por hombres, por varones, había sido inspirada por Dios y consistía, por tanto, en una auténtica revelación divina. Y en ello estamos aún, tantos miles de años después, cuando ya sabemos que somos producto de la evolución y, aunque queda mucho por conocer, hemos desentrañado la práctica totalidad de los misterios que aterraban a nuestros antepasados."
Ernesto se detuvo, dirigiéndo su mirada hacia la mujer del perro, que, un poco más adelante, charlaba con un hombre, también con su perrito.
"Es una invasión", dijo, "no me cabe duda: en este país hay ya más perros de compañía que niños. El mundo no camina con los pies, ni con las manos, camina con las orejas." 

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