martes, 21 de abril de 2026

EL SILENCIO DEL TRES

"Tengo setenta años y me estoy volviendo loco", me comentaba hace un par de días mi amigo Policarpo Herrera, que hasta su jubilación, había sido enterrador en uno de los cementerios de nuestra ciudad. "Hasta ayer mismo", prosiguió, "he usado la lógica como quien fuma cigarrillo tras cigarrillo, aspirando casi sin descando sus mortíferos e insatisfactorios, humos, de manera especial para mí, que he dado cobijo bajo tierra y para siempre a tantas y tan variadas personas.
"El psiquiatra, al que, siguiendo los consejos de nuestro común amigo Ernesto Caraba, he terminado yendo, me ha dicho que padezco del síndrome del Mundo Cruel, motivo por el cual lo veo todo negro, sólo aprecio lo feo, lo triste y lo malo del mundo, que mi única ambición consiste en escuchar noticias de catástrofes, de accidentes de terremotos, de desgracias.
"No sé, los psiquiatras son tipos muy listos, cuando acudí a su consulta, a mí lo  que me interesaba hasta la obsesión, de manera que ya no comía, ni dormía, ni vivía, era el silencio del Tres. Te resumo como yo lo veo, aunque al psiquiatra se lo conté más detalladamente durante media docena de visitas: el Uno crea, clama, ruge, amenaza, condena y castiga. El Dos sufre, sólo existe para sufrir, nadie en este mundo, según se asegura, ha sufrido tanto como Él. Su final, desde luego, es catastrófico, aunque sea, según dicen también, un final transitorio. Sufre y no para de hablar. Es, digamos, un sufridor hablante. Desde que aparece, con sólo doce añitos, ya está hablando nada menos que con sabios y doctores de su tiempo. Luego, desaparece, pero cuando aparece de nuevo, ya no deja de hablar casi ni un solo instante.
"El Tres, sin embargo, lo que hace es callar. No se le conoce ni una sola palabra. Preña a una doncella en completo silencio, no le da ni las gracias por el ratito de placer que le ha proporcionado; cada aparición suya es sólo eso: una aparición, tan aparición como puede ser la de un fantasma. El Tres es la suma del Uno más el Dos. Es también el primero de los números primos y, no obstante, siendo el primero es también el último. ¿Eso cómo se come?
'De acuerdo', "me dijo el psiquiatra al cabo de la sexta visita", 'pero eso no es lógica. Tampoco es vida, es teología', 'el día que usted se atreva a admitirlo estará en el camino de su curación.' "Yo me quedé observándolo durante más de un minuto, serios como palos los dos. Muy bien, le dije al fin, su afirmación me llena no de paz, eso no, pero sí de esperanza. Quizás, pronto pueda vencer mi obsesión y volver a vivir. Ahora bien, más allá del silencio del Tres, ¿usted se ha fijado en que ninguno de los tres se ha reído jamás?