martes, 30 de junio de 2026

UN BUEN CATÓLICO

Catedral de Nueva York
En Estados Unidos, el catolicismo no es ni de lejos la religión mayoritaria. En realidad, de 349 millones de habitantes, sólo unos 69 millones, o el 20% de la población, forman parte de él. Y eso gracias al aumento experimentado en los últimos años por la inmigración hispana, hasta el punto de que al día de hoy el 40% de los católicos son hispanos. Quizás, por este hecho, el catolicismo es una religión que sufre cierto desprecio por buena parte de los norteamericanos que no pertenecen a ella. Su fuerza está en su unión. A pesar de que se practica con distintos ritos, los católicos forman un bloque monolítico, en tanto el resto de la población se reparte entre más de doscientas denominaciones cristianas, entre las que sobresalen las siguientes:
Bautistas, con un montón de convenciones distintas, Pentecostales, Carismáticos, Metodistas, Luteranos, Presbiterianos, Episcopales, Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días (Mormones), Testigos de Jehová e Iglesia Adventista del Septimo Día. Por otra parte, existen más de 44.000 congregaciones cristianas locales independientes que se niegan a formar parte de una denominación tradicional. Pero es que además se están creando continuamente nuevas denominaciones o congregaciones.
Kennedy
Con este panorama, no tiene nada de extraño que de los cuarenta y cinco presidentes que ha tenido Estados Unidos hasta el día de hoy, sólo dos hayan sido católicos: John F. Kennedy, en 1960, y Joseph R. Biden, más conocido como Joe Biden, en 2020. La elección de Kennedy constituyó todo un acontecimiento, entre otras cosas, por ser el político más joven y el primer católico que accedía a la presidencia del país.
En la elección de Biden, su catolicismo pasó prácticamente desapercibido. Ahora bien, Joe Biden, que había sido vicepresidente durante los dos mandatos de Barak Obama, era un católico favorable al aborto, motivo por el que la Conferencia Episcopal de su país barajaba retirarle la comunión o, lo que es lo mismo, excolmulgarlo, expulsarlo de la comunidad católica, pues como se sabe la pederastia no, pero el aborto es un pecado gravísimo contra el que todo católico tiene que estar sí o sí.
¡La pederastia! Con qué hermosa caradura actúan en tantas ocasiones los obispos. Desde el año 2002 el prestigio de la Iglesia Católica en Norteamérica había caído en picado, tanto que andaba literalmente por los suelos. Aquel año, el periódico The Boston Globe publicó una serie de reportajes en los que se demostraba que el arzobispo de Bostón, Bernard Law, había encubierto a numerosos sacerdotes que habían abusado de menores. Y no sólo los había encubierto, sino que los trasladaba de parroquia, donde, inevitablemente, volvían a abusar.
Arzobispo Bernard Law
Poco después, el informe John Jay College of Criminal, encagado por la por la propia Conferencia Episcopal y publicado en 2004 no era menos demoledor que el reportaje del periódico: concluía que entre 1950 y 2002 más de cuatro mil sacerdotes y clérigos habían abusado de más de 10.600 niños. El escándalo adquirió entonces tintes verdaderamente dramáticos. Como si de la erupción de un volcán se tratara, las víctimas, ya crecidas, abandonaron su mutismo y plantearon decenas de miles de demandas civiles. Acorralada por las sentencias judiciales, la Iglesia se vio obligada a pagar miles de millones de dólares en compensaciones y tratamientos psicológicos. El terremoto económico fue de tal envergadura que más de treinta diócesis y archidiócesis se declararon en bancarrota, entre ellas Buffalo, Nueva York, Rochester, Albany y Syracuse, todas en el Estado de Nueva York; San Francisco, en California; Baltimore, en Maryland y Nueva Orleans, en Luisiana.
Ni mucho menos el convencimiento del tremendo crimen que constituye la pederastia ("el que escandalizare a uno de eso pequeñuelos, mejor sería que se colgase un piedra de molino y se hundiese en el mar"), sino la formidable presión social, llevó a los obispos estadounidenses a aprobar el Estatuto de Dallas, como se conoció la Carta de Protección de Niños y Jóvenes, en la que declaraba tolerancia cero para la pederastia.
Joe Biden
Pero cuando en 2021, Biden visitó al papa, la Iglesia estaba muy lejos de recuperar su prestigio, sobre todo porque en 2018 el Fiscal General de Pensilvania denunciaba que en las ocho diócesis del Estado: Pittsburgh, Filadelfia, Altoona-Johnstown, Erie, Alentown, Greenburg, Harrisburg y Seraton, más de trescientos sacerdotes habían abusado de al menos mil menores en los últimos setenta años. El fiscal ponía de relieve que no se trataba de casos ocasionales o  de manzanas podridas, sino de un patrón de abusos sistémico, todos ellos cuidadosamente encubiertos.
La audiencia del papa al presidente norteamericano tuvo una duración inusitada, nada menos que setenta y cinco minutos, hora y media si se incluye el intercambio de regalos. En ella, qué duda cabe, se habló preferentemente de los problemas de la Iglesia en Norteamerica, pero también de los problemas mundiales y, desde luego, aunque los protagonistas lo negaran, del aborto y de la negación de la comunión. Que este asunto tuvo lugar lo pone de manifiesto el hecho de que a la salida de la audiencia y tras manifestar la sintonía de ambos mandatarios en temas como el cambio climático, la migración y la pobreza, Biden declarara que Francisco le había dicho que era un buen católico y que debía seguir recibiendo la comunión.
Papa Francisco
¡Un buen católico! Aquí quería llegar yo. El papa, según Biden, le dijo que era un buen católico. Y uno se queda pasmado, porque, ¿qué significa ser un buen católico? Sólo que Biden cree y acepta la dogmática católica y cumple puntualmente con su normativa, incluida la prohibición del aborto ¿Por qué el papa no se limitó a decir a Biden que era un buen hombre? ¿Acaso porque ser un buen católico es sinónimo de ser buen hombre? No hay más que echar una ligera mirada a nuestro alrededor para decubrir que en absoluto, que hay un sinnúmero de tipos que pasan por ser buenos católicos y son más malos que un dolor de muelas. En cualquier caso, ser un buen hombre es más amplio y a la vez más inclusivo que ser un buen católico, pues hace abstracción de las distintas religiones y se centra en la totalidad de los seres humanos, entre los que tanto la bondad como la maldad se manifiestan independientemente de las creencias religiosas. El catolicismo ha hecho y sigue haciendo mucho daño a muchas personas: mujeres, homosexuales, divorciados..., en cambio, un buen hombre no sólo no le hace daño a nadie, sino que procura hacerle el bien.
No, seamos claros: si el papa, en efecto, le dijo a Biden que era un buen católico, sólo se lo diría porque el presidente norteamericano mostraría su plena disposición a hacer cuanto estuviera en su mano para que la Iglesia norteamericana no siguiera perdiendo prestigio y fieles, que salían hacia otras religiones. Pero con ello, que es lo más probable, el papa Francisco habría puesto de relieve, igual que sus atencesores, que las religiones no unen sino que separan, pues todas ellas, con su verdad exclusiva, están en pugnan no para conseguir un mundo mejor, sino para conseguir el mayor número de fieles.

sábado, 27 de junio de 2026

LA CRUZADA EVANGÉLICA

Reformatorio Nª Sra. del Pilar
El 19 de septiembrede 1983, durante el gobierno socialista dirigido por Felipe González, Inmaculada Valderrama, una adolescente de sólo catorce años, apareció muerta en el patio del reformatorio Nuestra Señora del Pilar, dependiente del Patronato de Protección de la Mujer, en San Fernando de Henares (Madrid). Tras una "exhaustiva" investigación, se llegó a la conclusión de que Inmaculada se había caído y matado al intentar escapar descolgándose desde la tercera planta del edificio con las sábanas de la cama. El problema que ninguno de los investigadores advirtió era que la niña apareció en bragas y descalza. Nadie se preguntó tampoco adónde pretendía ir de aquella guisa ni cómo y por dónde pensaba salir del patio, y el más que probable crimen quedó impune.
Padre Doroteo Hernández
¿Pero cómo empezó todo? En julio de 1936, cuando estalló la guerra civil, el sacerdote Doroteo Hernández Vera (1901-1991) ejercía de canónigo en la catedral de Santander. La ciudad, como toda Cantabria, había permanecido fiel a la República y Doroteo siguió desempeñando su ministerio entre los católicos clandestinamente. Por ello, en abril de 1937, fue detenido y encarcelado, situación de la que lo liberaron las tropas franquista en agosto de ese mismo año, una vez que la ciudad cayó en sus manos.
Aunque breve, el paso por la cárcel marcó profundamente al padre Doroteo, hasta el punto de que el 8 de diciembre del mismo 1937, en plena guerra civil, bajo el paraguas del derecho pontificio, es decir, del derecho de un Estado ajeno a España, fundó la Cruzada Evangélica, un instituto secular católico femenino, con mujeres que no tenían propiamente el carácter ni vestían el hábito de monjas, aunque, como éstas, hacían voto de obediencia (este voto es fundamental en este tipo de organismos), castidad y pobreza. Su misión oficial era la de la evangelización de las clases obreras. 
Carmen Polo
Sin embargo, no tardarían mucho en iniciar su colaboración con el Patronato de Protección de la mujer. Creado a principios del siglo XX para luchar contra la trata de blancas, este Patronato fue refundado por el franquismo en 1941, ocupando su presidencia Carmen Polo Martínez-Valdés, mujer del dictador. A partir de este momento, el Patronato adquiere un carácter siniestro. En efecto, tras la pantalla de la protección de la mujer y su dignificación lo que se escondía era una red de control moral y social de la mujeres, especialmente de las más jóvenes, que se extendía por todo el país como una gigantesca tela de araña. Oficialmente, tenía competencia sobre mujeres de entre dieciséis y veintinco años, pero cualquiera de ellas, desde diez o doce años podía caer en sus garras, entre otros motivos, por quedar embarazada sin estar casada, mostrar conductas rebeldes o sensuales, o tener ideas políticas consideradas subversivas (todas las que mostraran un desacuerdo con el Régimen.) 
Gran parte del control de las mujeres se ejercía a traves de celadoras o vigilantas, que patrullaban estaciones de tren y de metro, paradas de autobuses, cines, calles, fiestas populares, etc., buscando chicas solas, besando a un chico o en actitudes provocativas o sospechosas. Más allá de estas celadoras, el Patronato podía recibir también denuncias de un vecino de la chica o de sus propios padres.
Una vez captadas, las mujeres eran recluidas en conventos o en reformatorios, bajo el control de monjas como las Adoratrices, las Oblatas o las Trinitarias. Y también las integrantes de la Cruzada Católica. Las mujeres que ingresaban en cualquiera de estos centros sufrían un extricto aislamiento del exterior, con censura de la correspondencia, restricción total de llamadas telefónicas e incluso prohibición de visitas familiares. Eran sometidas a la realización de trabajos forzados, como lavandería o costura, sin remuneración; sufrían un severo adoctrinamiento religioso, con rezos continuos y obligatorios, y ante el más mínimo incumplimiento de las normas eran sometidas a castigos físicos o encerradas en celdas de aislamiento, verdaderos cuchitriles diseñados para la humillación de las internas. El reformatorio de Nuestra Señora del Pilar, donde murió Inmaculada Valderrama, tenía una de estas celdas, a la que las internas llamaban "el chiscón", un cuarto sin luz ni ventilación y de tan reducidas dimensiones que sólo se podía estar en él en cuclillas, y las condenadas a este castigo podían pasar en él días y semanas.
Internas Maternidad Peñagrande
Entre 1970 y 1984, el instituto de la Cruzada Evangélica, regentó uno de los centros más aterradores del Patronato de Protección de la Mujer, el de Nuestra Señora de la Almudena, más conocido como Maternidad de Peñagrande, en Madrid. En este centro eran recluidas forzosamente madres solteras de toda España y/o mujeres embarazadas, muchas de ellas menores de edad. Aquí, además de los trabajos forzados, los rezos y los castigos más arriba mencionados, las mujeres sufrían toda clase de presiones para que renunciaran a sus hijos y, en no pocos casos, el robo directo de sus bebés para su venta a familias de economía solvente que no podían tener hijos. Hasta 30.000 niños pudieron ser robados entre 1941 y 1975 sólo en este centro. Hay una excelente película: "Alumbramiento", de 1974, que da buena cuenta de la vida y de los turbios sucesos que tuvieron lugar en él.
Imagen película "Alumbramiento" 
Con anterioridad, la escritora Consuelo García del Cid denunciaba la situación de este sitio en su libro "Las desterradas hijas de Eva", denuncia que confirmaba la antropóloga y doctora en Ciencias Humanas y Sociales Neus Roig Pruñanosa, en su libro "No llores que tendrás más", un concienzudo estudio del robo de bebés en España desde 1938 a nada menos que 1996, con la participación no sólo de la Cruzada Evangélica, sino también, y por encima de ella, de la jerarquía católica.
Las pseudo monjas de la Cruzada Evangélica abandonaron el centro de la Maternidad de Peñagrande en 1983, tras una inspección realizada por el teólogo seglar Enrique Miret Magdalena (1914-2009), entonces Presidente del Tribunal de Menores.
Por otra parte, la muerte no aclarada de Inmaculada Valderrama produjo tal escándalo, con manifestaciones de feministas y personas preocupadas por los Derechos Humanos, que en el mismo 1983 las mismas pseudo monjas abandonaron también el reformatorio de Nuestra Señora del Pilar, de San Fernando de Henares, que venían rigiendo desde su fundación en 1944.
Escudo Cruzada Católica
No obstante, el Patronato de Protección de la Mujer no sería formalmente suprimido hasta 1985, fecha en la que desaparecen igualmente la Maternidd de Peñagrande y el retormatorio de Nuestra Señora del Pilar. Por su parte, el instituto Cruzada Evangélica no sólo saldría de rositas por su fundamental participación  en la administración y trato infamante a las mujeres, incluida la venta de bebés, en la Maternidad de Peñagrande y en el reformatorio de San Fernando de Henares, sino que siguen existiendo en la actualidad, ahora mismo, en este mes de junio del 2026, con centros en Santander, Madrid, Coslada, Santa María de Tormes (Salamanca), Cerdanyola del Vallés (Barcelona), La Puebla de Cazalla (Sevilla) y, fuera de España. en Bolivia, Perú y Guatemala, en Sudamérica, y en Lubumbashi, Likasi y Kitwe en África.

P.S.- Dedicado a todos aquellos y aquellas que afirman que con Franco se vivía mejor que ahora.

Imágenes: Internet.

martes, 23 de junio de 2026

LA TRAICIÓN CONCERTADA

Colegio salesiano gratuito Córdoba
Yo hice la mayor parte de la enseñanza primaria en el colegio de los Salesianos, zona de gratuitos. Mi hermana estudió en las Esclavas, igualmente en zona gratuita. Mi madre no era especialmente religiosa, pero, como muchos padre de ahora, creo, la atraían poderososamente los colegios de la Iglesia. Durante el franquismo, todos o casi todos los colegios privados, en su abrumadora mayoría religiosos, admitían, caritativamente, niños de baja extracción económica, eso sí, férreamente separados de los de pago, aquellos a los que sus padres podían costearle la enseñanza privada. De hecho, hasta las entradas eran diferentes. En los Salesianos, los gratuitos entrábamos por una puertecilla secundaria que daba a un patio de terrizo que era a la vez campo de fútbol, mientras los de pago lo hacían por la puerta principal, que daba a un magnífico patio enlosado. Luego, en el interior, ambos territorios estaban separados por una verja de hierro.
Desde siempre, la enseñanza en España estuvo controlada por la Iglesia Católica. En el siglo XIX, la Iglesia consiguió frenar que el Estado implantara bajo su control un sistema nacional de educación, como se hacía ya en la práctica totalidad de la Europa a la que hoy pertenecemos. Había pocas escuelas, pero todas estaban en manos de la Iglesia, y el analfabetismo se extendía masivamente por el país.
Marcelino Domingo
Cuando el 14 de abril de 1931 se instauró la II República, la situación de la enseñanza era desastrosa: en un país con sólo 23,6 millones de habitantes había un millón de niños sin escolarizar y el 40% de la población eran analfabetos. La República se propuso acabar con este tremendo panorama estableciendo una educación pública, laica, mixta, obligatoria y gratuita. El Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, como se llamaba entonces el Ministerio de Educación, al frente del cual estaba Marcelino Domingo (Tarragona, 1884-Toulouse, 1939) calculó que para solucionar el problema se necesitaban alrededor de 27.000 aulas. Y con el fin de conseguirlas estableció un plan quinquenal (1931-1936)
A pesar de que la República fue atacada desde el minuto uno por monárquicos, grandes terratenientes, parte del ejército y la Iglesia Católica, que, con el cardenal Segura al frente, no podía consentir que la enseñanza se le escapara de las manos, y a pesar de que de noviembre de 1933 a febrero de 1936 el gobierno estuvo en manos de la derecha y de la extrema derecha, en el quinquenio citado la República consiguió crear 12000 aulas, 3000 de ellas en 700 edificios de nueva planta, modernos y bien dotados, y el resto, especialmente en localidades pequeñas, en locales, almacenes, viviendas y espacios municipales convenientemente adaptados. Se contrataron miles de maestros, de modo que el gasto en educación creció un 50%
Cardenal Segura
El triunfo del franquismo en la guerra civil provocada por el fallido golpe de Estado realizado por una parte del ejército, acabó con este desarrollo. Los maestros, a los que despectivamente llamaron rabanillos, fueron represaliados, muchos de ellos fusilados directamente, y la enseñanza regresó al seno de la Iglesia. En 1968, cuando yo hice el servicio mililtar, que entonces era obligatorio, el analfabetismo era todavía del 11%, el doble entre las mujeres y el triple, esto es, el 33% en las zonas rurales, especialmente en Extremadura y Andalucía.
En 1978, tras la muerte del dictador y el fin de la Dictadura, se estableció una nueva Constitución, dicen que democrática, que en materia de educación proclama el derecho a la misma, encomienda al Estado la organización de la escolarización, pero se le exime de la responsabilidad de su prestación. Una formidable fullería para propiciar que la Iglesia mantuviera su dominio absoluto en la enseñanza española.
En las elecciones de 1982 se produjo la victoria del Partido Socialista, comandado por Felipe González. Con el 48,1% de los votos y 202 dos escaños de 350, los socialistas tuvieron en su mano la madernización del país y su equiparación real con Europa. No lo hicieron. Prefirieron dar una larga cambiada para que nada cambiase. En materia de educación, concretamente, pudieron seguir el ejemplo de la República y optar por una educación pública y laica, eliminar las subvenciones a centros educativos privados y construir tantas escuelas como fuesen necesarias. La Constitución no lo impedía, dinero había de sobra para haberlo hecho, y la situación de Europa ya no era la misma que en 1931, con el fascismo y el nazismo en pleno auge.
Felipe González
Sin embargo, prefirieron inspirarse en la Ley General de Educación, promulgada por el ministro franquista José Luis Villar Palasí en 1970, que en sus artículos 94 y 96 establecía un sistema de conciertos con centros privados. Dadas la inestabilidad política de la época, esta ley no llegó a establecerse nunca. Lo que sí se hizo fue crear un sistema de subvenciones provisional, sin control alguno. De este modo, el gobierno de Felipe González, con el ministro José María Maravall en Educación, optó por promulgar en 1985 la famosa LODE, Ley de Ordenación de la Enseñanza, en la que, tras muy duras negociaciones con la Iglesia, que se negaba a perder ni uno sólo de sus privilegios, se establecía que la Iglesia conservaba intacto su sistema escolar, recibiendo cuantiosas subvenciones. A cambio, sus centros debían comportarse como centros públicos, es decir, debían escolarizar a todos los niños de la zona donde estuviese instalado el centro, gratuitamente y sin discriminaciones.
Que la falta de dinero para crear colegios verdaderamente públicos era un camelo lo prueba el hecho de que cuando, en un momento de la negociación, el ministro amenazó con aprobar en el Congreso un crédito extraordinario para llenar España de colegios públicos, los obispos se apresuraron a firmar el acuerdo. Una vez que, hace algo más de dos años, Portugal eliminó las subvenciones a los centros de enseñanza privados, España es el único país de Europa que mantiene este sistema.
Esta fue la primera traición de Felipe González. Luego vinieron más, como, por ejemplo, la OTAN, o el brutal recorte  que le practicó a las pensiones, al topar la pensión, con la excusa de que no había dinero, y al mismo tiempo topando las costizaciones, con lo que le restaba a la Seguridad Social una cantidad ingente de fondos.