domingo, 26 de septiembre de 2021

DE ANCA DE POTRO

Mi tío Rufino era un caso. Era también el marido de mi tía Sagrario, la hermana de mi madre. Estuvieron de novios doce años, doce, desde 1927 hasta 1939, ¡y sin comerse una rosca! 
Mi tía vivía en la planta baja de una casa, así es que, al principio y como era costumbre en la época, pelaban la pava los dos en la ventana de una habitación que daba a la calle, siempre con mi abuela sentada muy cerca de ambos, de modo que lo que podían hacer era hablar, más bien susurrar, y poco más, muy poco más, no sólo por la carabina, sino porque para más inri encima de la ventana y como a un metro a su derecha, conforme se miraba a la calle, había un farol que aunque su luz no era muy potente sí que era más que suficiente para impedir cualquier indiscreción por parte de la pareja.
Pero al cabo de los años, tres o cuatro, Rufino entraba ya en la casa de mi tía como si fuera la suya. En ella no vivían más que tres mujeres, su novia, mi abuela y mi madre, de modo que al poco de entrar actuaba como si fuese el jefe de la familia, pero, eso sí, siempre sin comerse una rosca.
Mi tío, además, no hizo la guerra. No sé como se libró, porque en relación con el pasado mi familia era más hermética que el Arca de la Alianza, especialmente sobre este asunto. Pero se libró. Vivía además unas calles más abajo de la de mi tía, de manera que allá que estaba el elemento en la casa todos los días, sin faltar uno. Salía del trabajo y corriendo para la casa de la novia, no se la fueran a robar. Y los domingos y días de fiesta, desde bien tempranito. Acompañaba a las tres mujeres a misa y luego el resto del día hasta la noche, en la casa, desayuno, almuerzo y cena incluidos. Y charlando sin parar todo el día, porque el silencio total que mantuvo en casa de sus padres hasta los nueve años, del que ya di cuenta en una entrada anterior, lo compensó, pero bien, hasta el último día de su vida. ¡Y vivió ochenta y ocho años!
Cierto día del mes de enero de 1934 se presentó en casa de la novia con unos llamativos botines de color castaño, muy de moda, al parecer, por aquellos días entre los petimetres y caballeritos de buen lucir.


"Ay, Rufi, qué botines más bonitos", le dijo mi tía, que era más bien dengosa. "De anca de potro", le replicó el Rufino. "Los mejores. Me los ha comprado mi padre." (Y aquí, para los más jóvenes de hoy que pueden desconocer los modos y costumbres de antaño, conviene hacer un pequeño paréntesis y aclarar que el muchacho andaba ya por los veinticuatro años, tenía su trabajo y ganaba lo suficiente para independizarse, pero seguía viviendo en casa de sus padres porque entonces los jóvenes y menos jóvenes sólo salían de ella para casarse y, por supuesto, el sueldo se le entregaba íntegro a la madre, que era la administradora del hogar.)
Al poco de llegar Rufino aquel día, llegó mi madre, que entonces estaba de aprendiza en un taller de costura y, sin darle tiempo casi ni a saludar, le dice su hermana: "Mira, Anita, que botines tan bonitos trae hoy Rufino." Y el Rufino, inmediatamente: "De anca de potro. Los mejores. Me los ha comprado mi padre."
Mi madre tenía cinco hermanos, cuatro hombres y una mujer; los cuatro hombres estaban ya casados, pero todos iban con mucha frecuencia a visitar a su madre y a sus hermanas, unas veces solos y otras en compañía de sus mujeres. Y allá que se encontraban al Rufino con sus botines nuevos. Y allá que el Rufino soltaba su explicación: "De anca de potro. Los mejores. Me los ha comprado mi padre." Y así una vez tras otra.
Uno de aquellos días llegó a casa de mi abuela mi tío Silvestre con su mujer, Dolores. En el curso de la visita, Dolores le explicaba a su suegra que a su marido le había hecho el sastre un traje de lana precioso. Y mi tío Silvestre, que era un cachondo de mucho cuidado, exclamó: "¡De anca de potro!" Y soltó una estruendosa carcajada.
A partir de aquel día, la expresión pasó a formar parte del patrimonio verbal de la familia. "Qué buenos tomates he comprado hoy", decía alguna de mis tías, y remataba: "De anca de potro."  "¿Sabéis dónde ponen el mejor vino de Córdoba?, en el bar tal, decía por ejemplo mi tío Bartolomé, que había coincidido en casa de mi abuela con sus otros hermanos. Y alguno de estos replicaba: "De anca de potro, seguro."
La expresión no sólo resistió el paso de los años, sino que se extendió su uso a absolutamente todo lo bueno de lo que hablara cualquier miembro de la familia. ¡Vaya novio que se ha echado fulanita!" "De anca de potro", replicaba alguno de los concurrentes. "Pues anda que el matrimonio que ha hecho fulano." "¡De anca de potro!"
Tenía yo ya más de veinte años y aún seguía vigente el "De anca de potro." Sólo que para entonces y supongo que desde mucho antes, si estaba presente mi tío Rufino, éste, sin ocultar su mosqueo, replicaba: "¡De anca de polla!"

 

miércoles, 22 de septiembre de 2021

LA SANGRE DE SUS MUERTOS


 

Sr. José María Aznar:


Ya sé que sólo

a un gran imbécil como yo

se le ocurriría escribirle a usted

que es flor de altura,

nardo pomposo, almibarado,

fatuo y perdonavidas.


Pero mire, los muertos

que usted produjo

siguen clamando a ciegas

por todas las esquinas.


Vienen de Siria,

donde aún no han aparecido

aquellas armas

de destrucción masiva

con las que usted nos arrojó

sus heces a la cara;

Vienen de Afganistán,

donde otra vez han vuelto

aquellos que en el fondo

usted ama

como a su propia vida

porque encarnan la idea

que tiene usted del mundo;

salen de un avión podrido

buscando entre tinieblas

los miembros que perdieron

por culpa de su roña

y de su prisa;

desorientados, salen

de los trenes malditos

sin saber todavía

que están muertos

para toda la vida.


Y usted sigue riendo

a carcajadas

con su cara de palo

tan seria y tan obtusa.


Ni siquiera ha tenido

hasta hoy

la dignidad y el coraje

no ya de pedir perdón,

sino al menos de lamentar

tanta muerte sin rumbo,

tanto dolor irreparable

y sin otro sentido

que el de alimentar

su desmesurada egolatría.


Bien, quizás alguna tarde,

mientras usted se afana

en seguir fortaleciendo

sus portentosos abdominales,

llueva sobre su agria cabeza

la sangre despreciada

que viaja por los cielos

aguardando el momento

de conseguir justicia.


Igual que yo, usted sabe

que si ese día llegara

el aire de este país

sería un poco menos sucio

y menos maloliente.



De: Cartas a media noche. Inédito.
Copyrigt del autor.

sábado, 18 de septiembre de 2021

FUGA DE LA MUERTE

 Negra leche del alba la bebemos de tarde
la bebemos a mediodía de mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos...


Así empieza el poema más representativo de los ochocientos que publicó Paul Celan, uno de los poetas más importante del siglo XX europeo.
Ser judío en tiempos de los nazis, ser además rumano y para colmo escribir en alemán, porque esa es tu lengua materna, es contar con casi todos los números para vivir una vida traspasada por el dolor, la angustia y la desesperación. Y Paul Celan no escapó a su destino. No pudo.
Celan nació el 23 de noviembre de 1920 en Czernowitz, capital de la Bucovina, región al borde de los Cárpatos, que recibe su nombre debido a los muchos y bellísimos hayedos (en las lenguas eslavas la raíz buc significa haya.) que se suceden en su territorio. Era también una región con una gran diversidad étnica y cultural, que hasta el final de la primera guerra mundial había pertenecido al Imperio Austro-Húngaro. Por aquel entonces, la capital contaba con más de cien mil habitantes, la mitad de ellos judíos de habla alemana. Hoy forma parte de Ucrania.
La segunda guerra mundial interrumpió los estudios de medicina de Celan. En 1941, tropas alemanas ocupan la Bucovina, después de la retirada de los rusos, que la habían ocupado en 1940. Es entonces cuando el poeta recibe un golpe terrible, del que no lograría recuperarse en el resto de su vida. 
Hijo único, con su padre tuvo diferencias de carácter e ideológicas que pronto resultaron insalvables. Celan por ejemplo rechazaba el sionismo paterno y, en contra de su criterio, recaudaba dinero para la causa republicana en la guerra española. Dos poemas suyos, Todo en uno y Shibbólet, incluye la expresión "¡No pasarán!", exactamente así, en castellano. A su madre, en cambio, la adoraba. Judía ortodoxa, ella, con su ejemplo, imbuyó en el niño el amor a la lectura y a la poesía.
Si nada bueno había tenido para los judíos la experiencia con los rusos, la llegada de los alemanes, precedidos por tropas del pronazi ejército rumano, supuso una verdadera catástrofe. Sólo en los primeros días asesinaron a más de tres mil judíos, empezando por su líderes y rabinos, prendieron fuego a la sinagoga y unos cuarenta y cinco mil los recluyeron en el antiguo gheto de la capital. De allí, los fines de semana realizaban sacas que deportaban a campos de concentración. A través de una amiga, Ruth Lackner, actriz del Teatro Estatal Yiddish, se le ofreció a la familia de Celan la oportunidad de refugiarse en una fábrica de detergentes y jabones propiedad de un acaudalado y compasivo rumano. 
Los padres se negaron a abandonar la ciudad, convencidos de que nada se puede hacer contra el destino. Celan, enfadado por primera vez con su madre, le reprochó su fatalismo, rogándole que aceptara la oferta de su amiga y, dando por sentado que los había convencido y que sus padres se reunirían con él, recogió a su amiga y salió para el refugio. Pero los padres no lo siguieron. Los alemanes se apoderaron de ellos aquel mismo fin semana, los trasladaron al campo de concentración de Mijailovka, a orilla del río Bug. Celan no volvió a verlos nunca más y allí se torció para siempre su vida. El resto de ella se sintió culpable de no haber insistido más hasta llevárselos con él al refugio. Luego, el poeta viviría, sobre todo, en París, se casaría y tendría un hijo, escribiría y traduciría, recibiría premios y el 20 de abril de 1970, se quitaría la vida arrojándose al Sena desde el nada romántico puente Mirabau.
No es fácil la poesía de Celan, porque sus poemas rebosan de referencias personales y de datos y símbolos históricos, filosóficos, científicos e incluso teológicos, pero, aun desconociendo tales símbolos y datos, su lectura resulta siempre inquietante y emotiva, un verdadero revulsivo para el lector. 


El poema cuyos primeros versos inician esta entrada tiene el título de
Fuga de la muerte, hace referencia al holocausto, estremecido el poeta por lo sucedido a sus padres. Aquí va entero:

Negra leche del alba la bebemos de tarde
la bebemos al mediodía de mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavamos una fosa en los aires no se yace allí estrecho
Vive un hombre en la casa que juega con las serpientes que escribe que escribe al oscurecer a Alemania tu pelo de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus mastines
silba a sus judíos hace cavar una fosa en la tierra
nos ordena tocad a danzar

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana a mediodía te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
Vive un hombre en la casa que juega con las serpientes que escribe al oscurecer a Alemania tu pelo de oro Margarete
Tu pelo de ceniza Sulamit cavamos una fosa en los aires no se yace allí estrecho

Grita hincad los unos más hondo en la tierra los otros cantad y tocad
agarra el hierro del cinto lo blande son sus ojos azules
hincad los unos más hondo las palas los otros seguid tocando a danzar

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía de mañana te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
vive un hombre en la casa tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamit juega con las serpientes
grita que suene más dulce la muerte la muerte es un Maestro Alemán
grita más oscuro el tañido de los violines así subiréis como humo en el aire
así tendréis una fosa en las nubes no se yace allí estrecho

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía la muerte es un Maestro Alemán
te bebemos de tarde y mañana bebemos y bebemos
la muerte es un Maestro alemán su ojo es azul
él te alcanza con bala de plomo su blanco eres tú,
vive un hombre en la casa tu pelo de oro Margarete
azuza sus mastines a nosotros nos regala una fosa en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un Maestro Aleman

tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamit

Las insistentes repeticiones semejan la composición musical de la fuga, anunciada en el título del poema, pero aun sin caer en la cuenta de esto, resultan estremecedoras.
Margarete es la amada del Fausto de Ghethe
Sulamit es la Sulamita, amante de Salamón en el Cantar de los Cantares.
El poema, escrito en 1948, figura en los libros de texto de los estudiantes de primaria en Alemania.
La totalidad de la poseía de Celan ha sido publicada en edición bilingüe, castellano-alemán por la Editorial Trotta, siento esta la primera vez que toda ella se traduce a un idioma extranjero.


martes, 14 de septiembre de 2021

VIRGEN ANTES DE NACER

 "...Era mi propósito enseñarte cómo puedes educar a nuestra querida Paulita, la que antes de engendrada ya fue consagrada a Cristo, a la que recibiste antes en tus promesas que en tu seno...
"Un alma que va a ser templo del Señor así debe ser educada. Que aprenda a ni oír ni hablar nada, a no ser lo que tenga que ver con el temor de Dios. Que no entienda las palabras feas, que ignore las canciones mundanas, que la lengua aún tierna se imbuya de dulces salmos. Que estén lejos de ella los niños en edad juguetona y que sus mismas esclavitas y sirvientas sean apartadas del trato del mundo, para que no enseñen peor cuanto mal aprendieron...
"Ante todo hay que procurar que no odie los estudios... Debe elegirse un maestro de edad, vida y erudición intachables... Tú también has de procurar no acostumbrar a tu hija, con los inútiles melindres de las mujeres, a decir las medias palabras y a jugar con el oro y la púrpura, uno de los cuales arruina la lengua, el otro las costumbres, que no aprenda en la tierna edad lo que debe desaprender después...
"Que la nodriza no sea borracha, ni deshonesta, ni charlatana, que tenga una niñera modesta, un tutor serio. Que aprenda para qué general, para qué ejército se educa la pequeña recluta...
"Que su propia apariencia y vestido le enseñe a ella a quien ha sido prometida. Ten cuidado de no agujerearle las orejas, de no pintar su rostro consagrado a Cristo con carmín y albayalde, de no oprimir su cuello con collares de perlas y oro, de no recargarle la cabeza con gemas, de no volverle rubio el cabello de forma que a ella le anuncie el fuego del infierno...
"Pretextata, en otro tiempo muy noble mujer... cambió la forma de vestir y la apariencia de Eustoquia, recomponiendo su pelo descuidado con ondulaciones, deseando vencer el propósito de Eustaquia de mantenerse virgen. Y hete tú que en la misma noche (Pretextata) ve en sueños que ha venido junto a ella un ángel de rostro terrible, que... le lanza bruscamente estas palabras: '¿Pero es que tú te has atrevido a tocar con tus sacrílegas manos la cabeza de una virgen de Dios? Esas manos ya ahora se resecarán, para que, atormentada, te des cuenta de qué has hecho, y, acabado el quinto mes, serás llevada a los infiernos. Y también, si perseveras en el delito, a la vez al marido y a los hijos perderás.' Todo se cumplió según lo dispuesto, y una rápida muerte selló la tardía penitencia de la desgraciada. Así se venga Cristo de los violadores de su templo...Y así te lo he contado no porque quiera regocijarme con las calamidades de los desgraciados, sino para advertir con cuánto miedo y precaución debes conservar lo que prometiste al Señor... Ofrecer o no a Dios a tu hija era algo que estaba en tu albedrío, aunque tu caso es distinto, pues la ofreciste antes de haberla concebido.
"Cuando empiece a ser un poco mayor... que vaya al templo del verdadero Padre con sus padres... que imite a María, a la que Gabriel encontró sola en su aposento, y acaso por eso se sobrecogió de temor, porque vio delante a un hombre al que no estaba acostumbrada... Que no salga nunca fuera, no sea que la encuentren quienes callejean por la ciudad, la golpeen y la hieran y, quitándole el velo de la honestidad, la dejen desnuda y ensangrentada...
"Acordaos que sois padres de una virgen y que podéis enseñarle más con vuestro ejemplo que con la palabra... Que ningún joven pueda sonreírle. Que celebre nuestra virgencita los días y las solemnes vigilias... No quiero que intime con ninguna de sus esclavillas... Que le pongas al frente una virgen veterana, quien la pueda enseñar y con su ejemplo la acostumbre a levantarse por la noche para las oraciones y los salmos, a cantar himnos por la mañana, a estar en posición de combate como guerrera de Cristo...
"Si alguna vez sales a tus posesiones de fuera de la ciudad, no dejes en casa a tu hija: que no sepa ni pueda vivir sin ti; cuando haya de estar sola, que sienta miedo...
"Algunos han recomendado que una virgen de Cristo no se bañe junto a eunucos ni junto a mujeres casadas... A mí me desagradan completamente los baños en la virgen adulta, que debe sonrojarse ella misma y no poder verse desnuda... Pues si con vigilias y ayunos mortifica su cuerpo, ¿por qué, por otro lado, despierta fuegos dormidos con los colores de los baños?"


¿Para qué seguir? Este es un resumen de una carta del eminentísimo Eusebio Sofronio Jerónimo, más conocido como San Jerónimo (342-420), a una matrona romana de nombre Leta, en la que, como se ve, le ofrece toda una serie de preciosos consejos para la educación de su hija Paulita. 
Cabe recordar, en primer lugar, la debilidad de los Padres de la Iglesia por las matronas romanas, mujeres de alta alcurnia, no con fines libidinosos, desde luego, sino porque sabían que conquistadas éstas toda la familia acababa conquistada. 
Pero el asunto de la carta es mucho más grave. Siguiendo, sin duda, el consejo del mismo Jerónimo, la tal Leta, decide el destino de su hija antes incluso de ser concebida, sin tener en cuenta, ni ella ni San Jerónimo, la opinión  de la niña una vez nacida y saltando por encima del más mínimo respeto por su integridad personal. ¡Y qué destino! Una vida de ascetismo y de penitencia para la que era necesario preparar a la niña desde sus primeros balbuceos.
Aparte la misoginia que desprende la carta casi en cada párrafo, la misma que tiene San Jerónimo hacia la pequeña Paulita es la consideración que la Iglesia ha tenido por la dignidad humana desde los primeros tiempos, consideración que sigue siendo idéntica en la actualidad, a pesar de las bellas palabras que suele prodigar el papa Francisco, palabras que, al no ir acompañadas de acciones, no dejan de ser una burda máscara. 
Es también digno de resaltarse las continuas amenazas que San Jerónimo dirige a la matrona, incluido el ejemplito, claramente inventado, de la tal Pretextata, así como la repetida invocación al miedo y la no menos pudorosa prohibición de los baños. Por último, véase la concepción del cristianismo como un ejército en permanente guerra con los que no se encuentran entre sus fieles.

Fuente: Epistolario San Jerónimo. B.A.C. 1962
Imágenes: Archivo personal
Las negritas son mías.

domingo, 12 de septiembre de 2021

EL CAMINO DE KABUL

¿Pero cómo han podido triunfar los talibanes, esos "buenos terroristas, pero malos soldados"? Esto se preguntaba el pasado 16 de agosto, dos días después de la toma de Kabul, el pseudofilósofo y antiguo niño bonito francés Bernard-Henry Levy, y esta es la gran pregunta que sigue haciéndose hoy, casi un mes después, el mundo occidental.


Ocurre, para empezar, que tanto políticos como medios de comunicación en general, y desde luego los más influyentes, nos han estado engañando como engañamos a los niños con los Reyes Magos o con Papá Noel. Un refrán afgano afirma:
"Si alguien dice la verdad, dale un caballo, que lo necesita para salir huyendo." Y Bon Crowley, coronel retirado, asesor del  cuartel general de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF, por sus siglas en inglés), la misión de la OTAN en Kabul en 2013-2014, afirmaba el 3 de agosto de 2016: "La verdad rara vez era bienvenida... Todos en el ISAF querían oír sólo buenas noticias, por lo que las malas a menudo se silenciaban... Cuando intentamos expresar preocupaciones estratégicas de mayor calado sobre la voluntad, la competencia o la corrupción del Gobierno afgano estaba claro que no tenían buena acogida y que al "jefe" no le gustarían... El gobierno afgano era la mayor fuente de inestabilidad, por la corrupción."


Para los norteamericanos y el resto de las fuerzas internacionales que los seguían como los patitos a su madre, el de Kabul ha sido un camino de ida y vuelta; el de ida en plan marcha triunfal, pero el de vuelta con el rabo entre las piernas. No es la primera vez que los afganos, talibanes o no, arrojan más allá de sus fronteras a poderosos invasores. En su día, expulsaron a los mogoles y a los persas; en el siglo XIX, a los ingleses; en el XX a los rusos, y en el XXI a Estados Unidos, la mayor potencia militar del planeta, y a las fuerzas de la OTAN.
Que el de Norteamérica es un Estado belicista no creo que haya mucha gente que, a estas alturas, se atreva a ponerlo en duda. No hay problema en el mundo que les afecte directa o indirectamente que no se propongan resolverlo con la fuerza de las armas. Siempre enarbolando la falsa bandera de la defensa de los derechos humanos y de la democracia. Y no importa el partido que gobierne ni quien sea el presidente de la nación.
La intervención armada de los EE.UU. en Afganistán tiene una prehistoria, que se remonta nada menos que a 1979, cuando, en secreto, empezó a ayudar a los muyahidines que luchaban contra el régimen prosoviético de Kabul. Y justo en esta ayuda se encuentra la primera mentira, pues la versión oficial era que se había iniciado tras la invasión del país por parte de la Unión Soviética, hecho que se produjo en diciembre de 1979. Tal versión era falsa, como en entrevista concedida al Nouvel Observateur el  15 de enero de 1998 afirmaba Zhigniew Brezinski, consejero de seguridad del presidente Cárter.
"El presidente firmó la primera directiva de ayuda clandestina a los opositores al régimen de Kabul el 3 de julio de 1979", declaraba Brezinski. Fue esta ayuda, precisamente, que los servicios de inteligencia rusos detectaron de inmediato, la que produjo la intervención directa de la URSS, que se realizó en diciembre de 1979. Brezinzki sigue diciendo en la entrevista, que tras esta intervención le escribió al presidente Carter la siguiente nota: "Ahora tenemos la oportunidad de darle a la URSS su guerra de Vietnam.", nota en la que el cínico consejero de seguridad reconocía implícitamente que lo de Vietnam había sido para ellos una derrota en toda regla. 
La Unión Soviética afirmó siempre que había entrado en Afganistán debido a la ayuda de los EE.UU, pero nadie la creyó. La mentira es siempre más creíble y tiene un recorrido más largo y profundo que la verdad. Para la URSS, esta intervención, con la inevitable guerra que siguió, fue una de las piezas principales en su caída. Su retirada el 15 de agosto de 1988, propició que los talibanes gobernaran el país algún tiempo después, entre 1996 y 2001, un periodo de horror durante el que estos bestias atacaron a la cultura que consideraban foránea, recordemos las destrucción de las obras de arte, y, principalmente, a las mujeres, que son para ellos poco, pero muy poco, más que animales y que, en los tiempos modernos, no habían sido tan libres como durante el gobierno socialista pro soviético.
La intervención directa de EE.UU se produjo poco después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, de los que ahora se cumplen veinte años (cómo corre el maldito tiempo). 
El fantoche George Bush,  sediento de venganza, ordenó la inmediata invasión del país con la excusa de apoderarse de Bin Laden, ideólogo responsable de los atentados, que al parecer los talibanes se negaban a entregar. Con el apoyo de la OTAN, la invasión se produjo el 7 de octubre de 2001 y, para finales de año, habían tomado Kabul y expulsado a los talibanes del poder. Una operación relámpago, tras de la cual Bush cantó victoria, anunciando que a continuación se crearía un Estado democrático y liberal, al estilo americano, vamos.
Que tal canto no era más que una fanfarronería o, lo que es lo mismo, una mentira, lo prueba el hecho de que seis meses más tarde, el 17-6-2002, Donald Runsfeld, secretario de Defensa de USA decía en una de sus notas confidenciales: "Nunca conseguiremos sacar al ejército estadounidense de Afganistán, a menos que... ocurra algo que nos asegure la estabilidad. ¡Socorro!" Y el 4 de septiembre de 2003, añadía: "No tengo la información necesaria para determinar quiénes son los malos."
Diez años después, el premio nobel de la Paz Barack Obama, que durante la campaña electoral había prometido la retirada de las tropas americanas, decide el envío de 100.000 soldados de refuerzo, el mayor contingente hasta la fecha, para, otra mentira, un último ataque, porque los talibanes no sólo no habían desaparecido, sino que seguían combatiendo.
Nueve años más tarde, el 29 de febrero de 2020 se firman los acuerdos de Doha (Daqar) entre los talibanes y el gran fanfarrón y mayor embustero Donald Trump, acuerdos que constituyen una verdadera capitulación de los norteamericanos pues suponía la retirada de las tropas para finales de 2021 a cambio de la promesa de los talibanes de portarse bien. Trump no contó ni con el gobierno afgano, al que oficialmente apoyaba, ni con sus aliados. Pero ensalzó los acuerdos como un triunfo de su mandato.
Durante estos veinte años la misión democratizadora le ha costado a EE.UU. la friolera de casi dos billones de dólares. ¿Y que han conseguido con semejante esfuerzo económico? Pues que se haya producido la muerte de 160.000 afganos, según la ONU, muchos de ellos civiles; de 2400 soldados americanos y de 1500 militares de la OTAN, entre ellos, 72 españoles. Ha conseguido que el país sea al día de hoy el primer productor de opio del mundo, con el 90% de la producción mundial, que representa el 15% de su  producto interior bruto. Ha conseguido que Afganistán se convierta en una cleptocracia, esto es, un país que hasta la toma de Kabul por los talibanes, tenía un gobierno dedicado fundamentalmente al robo. Y acaban de conseguir con su derrota, la opresión nuevamente de las mujeres afganas.
¿Pero aún así, por qué han ganado los talibanes? Hay varias razones, pero fundamentalmente dos: La primera es que estaban subestimados, dando por sentado que se trataba de unos pocos y bárbaros insurgentes de la etnia pastun, situada al sur del país. Bárbaros son, pero de pocos nada: han llegado a reunir hasta 100.000 combatientes. Y tampoco son sólo pastunes, sino que están presentes en todo el país. Como ejemplo de variedad de origen, en su Consejo de Mando, compuesto por doce miembros, cuenta con un tayiko, un uzbeko y un turcomano.


La segunda razón es la enorme corrupción de todos los medios oficiales, de manera especial de la Justicia. Una Justicia corrupta, y ese es el camino que lleva buena parte de la española, no sólo ampara la corrupción, sino que la promueve. Los talibanes han sabido cubrir las deficiencias del Gobierno central respondiendo a las demandas populares de servicios públicos, entre ellos y en primer lugar todos los relacionados con la Justicia. Especialmente en las zonas rurales han ido estableciendo un sistema paralelo al gubernamental de jueces honrados que dirimen los litigios directamente con los litigantes, dictando sentencia en el curso de sólo unos días o, en los casos más delicados, de unas semanas o unos pocos meses. Tienen tres niveles de jurisdicción: tribunales de distrito, de apelación en cada provincia y supremo. Los jueces se forman en una madrasa y los que aprueban el examen final obtienen su destino en una provincia distinta a la de origen y además rotan cada cierto tiempo con el propósito de evitar el amiguismo. Han creado también un cuerpo de inspectores que comprueban la honradez de los jueces y si descubren a alguno que ha recibido dinero o regalos es destituido inmediatamente y castigado con severidad. Un usuario de este sistema en la provincia de Logar, que prefería mantener el anonimato declaraba: "Si fuera rico, apelaría a los jueces del gobierno: basta con pagar y ganas. Pero si eres pobre, los talibanes son tu única solución." A pesar de su simpleza, esta declaración lo explica todo. 

Imágenes por orden de aparición de:
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P.S. Esta entrada constituye principalmente un resumen de la extensa y muy buena información que publica Le Monde Diplomatique en el presente mes de septiembre.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

CARNE DE BRAGUETA

Se afirma que Cádiz es la ciudad de la luz, la ciudad de la alegría y la ciudad de la libertad, porque en ella se elaboró y se firmó la Constitución de 1812 y se establecieron las primeras Cortes liberales que existieron en el país, hechos que han propiciado la existencia de una Museo de las Cortes, histórico, situado en un suntuoso edificio de la calle Santa Inés. No obstante, sin negar ninguno de los calificativos anteriores, sino más bien reafirmándolos, tengo para mí que, sobre todos ellos, Cádiz es la ciudad del ingenio, cualidad que ha sacado a relucir en numerosas ocasiones de su dilatada y muchas veces azarosa historia.
Una de estas ocasiones se sitúa en la época del hambre tras la guerra de 1936-39, décadas de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. La población gaditana se asienta en una península, con un istmo tan estrecho, que casi puede considerarse una isla. Carece de tierras de cultivo y cría de ganado, de manera que todo lo que llega a sus mercados, fruterías y, en general, establecimientos de alimentación, procede del mar. No hay que derrochar mucha imaginación para entender cómo sería el suministro de alimentos en Cádiz, si éste era ya problemático en todo el país. Aparte de pescado, no era mucho lo que llegaba a la ciudad y esta escasez la sufrían sobre todo los barrios más populares.
Uno de estos barrios era y es el muy singular de Santa María, situado en una pequeña elevación que mira al mar y a la catedral y es famoso, entre otras cosas, por los magníficos cantaores de flamenco que en él nacieron y muchos de ellos viven. Algunos de los hombres de este barrio trabajaban en el Matadero. Allí mataban las reses que llegaban a la ciudad, le quitaban la piel, las descuartizaban y, en fin, las preparaban para su traslado al mercado, todo ello a mano, que era como se hacía casi todo por aquel entonces. Acuciados por la necesidad que había en sus casas, entre corte y corte, los hábiles jiferos hacían desaparecer alguna que otra buena tajada metiéndosela por la bragueta del pantalón y escondiéndola en los calzoncillos, que entonces eran de aquellos que llegaban hasta la pantorrilla donde se ajustaban con una cinta para que no se subieran.
Concluida la jornada, salían para sus casas con su carga entre las piernas. ¿Y que hacían sus mujeres con tan preciosa mercancía? ¿Qué iban a hacer? ¡Prepararla para darse un buen festín toda la familia! Contestará la mayoría. ¡Qué disparate! Aquel era un manjar demasiado valioso para sus humildes mesas y eran muchas las cosas que faltaban en la casa.
¿Qué hacían entonces? La cogían con todo cuidado, como si se tratara de un objeto sagrado, la troceaban convenientemente, la guardaban en un canasto e iban de puerta en puerta por los barrios acomodados, calle Ancha, Plaza de San Antonio, plaza de Mina, etc. pregonándola al murmullo de ¡carne de bragueta!, ¡carne de bragueta! Y la gente pudiente se la quitaba de las manos. ¡La vendían a mitad de precio de la que los carniceros ofrecían en el mercado!

Imágenes: La de arriba del Blog de Humor
                  La otra de Internet.

 

domingo, 5 de septiembre de 2021

PIO IX Y LAS FINANZAS VATICANAS

Además de jefe espiritual de los católicos del mundo, el papa es el jefe político de un Estado terrenal, nacido al comienzo de la Edad Media gracias al hundimiento del Imperio romano, pero sobre todo a la falsa DONACIÓN DE CONSTANTINO, que estuvo circulando como auténtica durante varios siglos y que le permitió a Esteban II esgrimirla ante Pipino el breve para obtener y acrecentar un dominio territorial. Hoy, el Estado eclesiástico se reduce al Vaticano, territorio de sólo 44 hectáreas en el que tienen su sede los papas actuales, pero hasta 1870, fecha de la toma de Roma por las tropas que luchaban por la unificación de Italia, el territorio bajo soberanía papal abarcaba prácticamente el centro de Italia, con las actuales regiones del Lacio, Emilia Romaña, Umbría y Las Marcas. Como cualquier otro y a pesar de su carácter religioso, este Estado disponía, entre otras cosas, de un ejército, cuyo jefe supremo era el pontífice, y contaba con una economía que, a pesar de las ingentes cantidades de dinero que el Vaticano ingresaba, era casi siempre deficitaria y que durante el reinado de Pío IX adquirieron carácter dramático.
Juan María Mastai Ferreti, nombre real de Pío IX, había nacido en 1792 en Seniglagia, Marca de Ancona, en el seno de una familia noble, como lo mayoría de los pontífices, lo que constituye una prueba no pequeña de la inclinación del Espíritu Santo hacia la aristocracia. Con fama de liberal en sus comienzos, su pontificado, que se extendió de 1846 a 1878, concluyó como uno de los más reaccionarios de la historia.
En lo que se refiere a las finanzas, que es de lo que esta entrada trata, durante el reinado de Pío IX destacó la figura de Giacomo Antonelli, (1806-1876) un laico que había sido nombrado Tesorero Segundo de las Finanzas por Gregorio XVI, en 1844 y que Pío IX nombraría cardenal nada más ser elegido papa.
Aquí conviene aclarar que hasta 1917, con Benedicto XV, para ser cardenal no se necesitaba ser sacerdote, grado que en 1962 fue elevado a obispo por Juan XXIII. La jerarquía cada vez más cerrada y centralizada.
Giacomo Pertenecía a una familia de clase media, que él se encargó de ennoblecer desde sus privilegiados puestos. Doctor en Derecho, gozó de un poder extraordinario que, con el conocimiento y la anuencia del pontífice, administró a su manera. El historiador Henry Hearder lo califica de "personaje de la época de los Borgia", lo que hoy llamaríamos un fullero integral y hasta peligroso. Enemigo acérrimo del nacionalismo italiano, así como del liberalismo político, influyó poderosamente en Pío IX, quien siempre estuvo enterado de los trajines de su subordinado.
En 1845, todavía bajo el reinado de Gregorio XVI, organizó la conocida como Operación Leuchtenberg, consistente en la adquisición para el papado de una vasta extensión de terreno en la región de las Marcas, región que, aunque formaba parte de los Estados Pontificios, no eran propiedad del papa. Esta exitosa operación le valió el cargo de Gran Tesorero. Tras la revolución de 1848, Pío IX lo eligió para presidir el Consejo de Estado, cargo que simultaneó con el que ya tenía. Desde su nuevo puesto procedió, de una parte, a separar las finanzas del Estado de las propiamente papales y, de otra, a convertir el territorio bajo jurisdicción pontificia en un Estado policial, con el propósito, nunca logrado, de detener o, al menos, frenar la unificación de Italia.
A pesar de estas reformas, tanto las finanzas estatales como las propias de la Santa Sede continuaron siendo deficitarias. Para equilibrarlas, Pío IX no tenía inconveniente en pedir préstamos a los judíos de la casa Rotchild, a pesar de la inquina que tenía hacia los de su raza. Los Rotchild, por su parte, no dudaban en conceder tales préstamos, mientras el papa mantenía el último Gheto que existía en Europa, en el que se hacinaban los judíos romanos en condiciones higiénicas deplorables y sin libertad para entrar y salir cuando les pareciera oportuno. El negocio ha sido siempre el negocio, lo realice Agamenón o lo realice su porquero.
El papado perdió definitivamente sus Estados entre 1860 y 1870 y así se esfumaron los ingresos que, en forma principalmente de impuestos, procedían de ellos. La situación de quiebra se salvó gracias al llamado Óbolo de San Pedro, una contribución existente desde el siglo VIII que la Iglesia de Inglaterra hacía llegar a la Santa Sede. Pío IX consiguió que esta contribución se extendiera a los católicos de todo el mundo. Pero, aunque las aportaciones fueron importantes, no llegaron a ser suficiente, ni mucho menos.
En 1866, cuatro años antes de la toma de Roma y de la  lacrímogena declaración de prisionero por parte del papa, se creó la Unión Monetaria Latina, claro antecedente de lo que ciento cuarenta años después sería la Unión Monetaria Europea. Participaron en su creación Francia, Italia, Bélgica y Suiza, Estados a los que se fueron añadiendo España, Grecia, Rumanía, Austria, hasta un total de treinta y tres, entre los que había incluso países sudamericanos, como Venezuela, Colombia o Perú. Se estableció que las monedas de plata y oro de todos los miembros debían ser intercambiables. La Iglesia, siempre tan viva allí donde puede conseguir un beneficio económico, vio en aquella organización la ocasión de equilibrar su presupuesto y el papa, a través de su Gran Tesorero, Giacomo Antonelli, no tardó en solicitar y en obtener el ingreso en dicha Unión.
El Vaticano entonces abandonó el escudo, que era la moneda de uso en sus Estados, y se pasó a la lira decimal. Seguidamente, en una de las operaciones muy propias de la Iglesia, tan ducha en falsificaciones, procedió a la acuñación masiva de monedas de plata con una cantidad del preciado metal inferior a la prescrita por la Unión Monetaria Latina. De este modo, la Iglesia, y en su nombre Antonelli, consiguió grandes beneficios, pues largaba la moneda propia y conseguía la buena, que volvía a fundir para aligerarla de plata.


La operación era tan burda que los bancos franceses y suizos no tardaron en advertirla. Durante un tiempo, sin embargo, no hicieron nada, esperando la rectificación de la propia Iglesia una vez que sus finanzas mejoraran. Pero tanto Antonelli como el papa le habían tomado gusto al negocio fácil y persistían en el engaño, por lo que, finalmente, el Vaticano fue expulsado de la citada Unión Monetaria Latina. Poco después se iniciaría la época de las inversiones especulativas mediante la adquisición en las bolsas mundiales de acciones de todo tipo de empresas, incluidas las de armas y hasta ¡las de preservativos!
 
Fuentes:
El Vaticano y sus banqueros.- John F. Pollard
blognumismatico.com
Historia de los papas.- Juan María Laboa

Imágenes: 
Las monedas de numibids.com
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