jueves, 17 de junio de 2021

LA FLAUTA DEL AFILADOR

 
Mi padre era un hombre muy supersticioso. Había muchas cosas y muchos sucesos que perturbaban su ánimo con el temor de que, a causa de ellos, le iba a ocurrir algo malo a él o a su familia. Ante cualquiera de aquellos elementos, con los que se topaba sorpresivamente, no reaccionaba huyendo como el gato escaldado ante el agua e incluso, como llegaban a hacer muchos, metiéndose en la cama y no saliendo de ella en todo el día. El reaccionaba con cabreos más o menos considerables, según la importancia que le daba al elemento o al suceso en cuestión. 
Pero, misterios del ser humano, había, sobre todo, dos cosas que lo sacaban por completo de quicio: un tuerto o tuerta del ojo izquierdo y la flauta del afilador. Como a los primeros solía encontrárselos únicamente en la calle, sólo manifestaba su cabreo con gestos, bien es verdad que muchas veces demasiado ostensibles, y con bufidos por lo bajo, para que no se diese cuenta la persona privada del ojo izquierdo, porque, en realidad, no tenía nada con ella, sino sólo contra su defecto.
Por el contrario, la flauta del afilador sonaba muchas veces cuando él se encontraba en la casa. Y entonces... ¡San Pascasio de las gominolas y los caramelos de menta! Lo que aquel hombre echaba por su boca. Aunque la flauta del afilador tiene algo de mágico y misterioso, a mí al menos me recordaba y me sigue recordando al flautista de Hamelin, con la procesión de niños detrás de él, encantados por la música de la flauta, yo, en el umbral de la adolescencia, me partía de risa con él. "Pero papá", le decía cebando su ira, "¿qué va a pasar? ¿No es más que un afilador que trata de ganarse la vida? Y añadía, hundiéndole por completo el dedo en el ojo: "Imagínate que fueras tú el que ejerciera ese oficio, ¿te gustaría que la gente reaccionara como tú? Entonces, ¡uffff!, ya no eran sólo sapos y culebras lo que salía por su boca, eran caimanes, cocodrilos y hasta dinosaurios. "Yo ejerciendo...", bramaba. "¿Yo acercando a mi boca esa mierda de flauta? ¡Antes me moriría de hambre!" Porque lo mismo que con los tuertos, mi padre no culpaba al afilador de nada, a la que le temía era a la flauta. 
Luego, naturalmente, no pasaba nada. ¿Qué iba a pasar? Pero aunque pasara, por qué suerte de críptico malabarismo tenía que ser a causa de la flauta del afilador. Sin embargo, él siempre encontraba algo, por insignificante que fuera, para seguir alimentando la caldera de su furia: un formón recién afilado -era carpintero- que se le caía y se le mellaba; el lápiz que habitualmente llevaba en la oreja y que no encontraba, porque, mire usted por donde, lo había dejado inadvertidamente en una esquina del banco; La lija, que se había terminado y no se había acordado de comprar más, etc., insignificancias que no representaban nada pero que para él eran una montaña levantada por la maldita flauta del afilador.
En Andalucía, la tierra de María Santísima, con sus, en muchos casos, fanatismo religioso, la superstición ocupaba un lugar de privilegio en la vida de muchas personas, motivada por las más diversas causas. Muchas de estas supersticiones perduran, aunque hayan perdido fuerza y sólo se mantengan en núcleos especialmente retrasados. Veamos algunas de ellas:

-Antiguamente, en los velatorios, que, entre rezos y lágrimas, se hacían en las casas, donde moría la gente, ponían un plato de sal en el vientre del difunto para ahuyentar a las fuerzas del mal e impedir que su alma o su espíritu regresara al cuerpo, o se quedara a medio camino entre este lado y el otro.


-Un mal regalo fue tiempo ha unas tijeras: se creía que cortaban el hilo del parentesco o de la amistad.

-En las casas en las que se recibían visitas pesadas, inevitables muchas veces porque se trataba de familiares cercanos, se ponía una escoba detrás de la puerta, porque gracias a ella las visitas se iban enseguida.



-Poner un paraguas encima de la cama, especialmente si no estaba hecha, anunciaba la muerte de alguien de la casa.

-Una muerte anunciaba también mecer una cuna vacía.



-Y, que a nadie se le ocurriera, si con una sola cerilla se encendía el cigarrillo de tres fumadores, el tercero tenía los días contados.

-En mi casa, cuando se perdía algo mi madre rezaba una salve -si no recuerdo mal era la única oración que se sabía- y nos instaba a acompañarla a mi hermana y a mí. Lo perdido solía aparecer antes de terminar la oración.

-En muchos sitios de Andalucía lo que se hacía cuando se perdía algo era un nudo en un pico de un pañuelo y recitar la siguiente oración:
                         San Cucufato, san Cucufato,
                         los cojones te ato,
                         hasta que no aparezca (lo que fuera)
                         no te los desato.
Y cuentan que la cosa aparecía enseguida.

-En la parroquia de San Pedro, en Córdoba, se tocaba el campanillo de San Rafael para ahuyentar las tormentas. Soy testigo de que esto funcionaba siempre, claro que el párroco ordenaba tocar cuando la tormenta estaba en todo lo alto, de manera que a los pocos instantes empezaba a alejarse. 


Por cierto, cómo asustaban a mi madre las tormentas. Se descomponía nada más oír el primer trueno. Y entonces eran bien puntuales: hacia el ocho de septiembre allí estallaban las primeras. Y mi madre, pálida, retorciéndose las manos y musitando una vez tras otra:
Santa Bárbara bendita, que en el cielo estás escrita... Y no recuerdo más, pero era una oración bien larga.

-En distintos puntos de la hoy Comunidad la gente creía que si en una boda alguien hacía un nudo en un pañuelo el novio quedaba "ligado", es decir, embrujado e impotente. 

-En Albox (Almería), el árbol que sobrevivía a un incendio adquiría carácter divino, es decir, conseguía cualidades protectoras. Esta creencia devino en la costumbre del "nochebueno", tronco especialmente grueso que se coloca en el fondo de la chimenea y que al arder protege la vivienda y a sus ocupantes.


-Dicen que todavía se oye galopar por las laderas de Sierra Mágina a los Juancaballos, misteriosos centauros que en épocas de sequía o de nieves intensas bajaban hasta los pueblos en busca de comida. Una creencia que se une a la de los duendecillos domésticos que cambiaban las cosas de sitio, o a la de los malos espíritus, que se colaban en las casas por el ojo de la cerradura. Para evitarlo, la noche de difuntos los vecinos tapaban dicho ojo con gachas.


-En todo el arco del Mediterráneo, principalmente, se sigue celebrando la
Noche de San Juan, noche mágica durante la que en muchos sitios se siguen quemando en la playa toda clase de muebles viejos y, a partir de las doce de la noche, arrojando al mar papelitos con todos los males sufridos a lo largo del año anotados en una cara y, en la otra, los deseos para el año siguiente.

-Los santuarios andaluces rebosan de exvotos, muchos realmente llamativos, cuando no estremecedores. Entre los que cuentan con un mayor número están el de la Virgen de los Santos, en Alcalá de los Gazules (Cádiz); Consolación, en Utrera (Sevilla); Gracia, en Archidona, (Málaga); Rocío, en Almonte, (Huelva), y Virgen de la Cabeza, en Andújar (Jaén).
En ellos se exponen fotografías, cartas, pinturas, prendas de ropa y reproducciones de miembros del cuerpo humano, objetos todos ellos que responden a una curación milagrosa o a un favor importante hechos por  la titular del santuario.


Uno de los que contaban con más exvotos, muchos de ellos terroríficos, era el santuario de Nuestra Señora de los Ángeles, en la Peña de Arias Montano, sobre el bello pueblito de Alájar, en la Sierra de Aracena. Hace no mucho tiempo los retiraron porque, al parecer, asustaban a los numerosos turistas que visitaban el lugar.

Fotografías:
La de la hoguera de San Juan es de El País
Las demás son de Internet


sábado, 12 de junio de 2021

LA FOSA DE LOS HEREJES


Marburgo, en el Estado de Hesse, es una bella ciudad alemana con un casco antiguo de gran sabor medieval. El río Laha, que recorre el valle de su nombre, cruza su caserío, recorrido también por numerosos arroyos que bajan de las cumbres de los alrededores y crean rincones llenos de encanto y de misterio.
Alejada de la rutas turísticas, Marburgo cuenta en la actualidad con algo más de 80.000 habitantes, posee un enorme y espectacular castillo, situado en lo alto de una elevación desde la que se obtienen preciosas vistas de la ciudad, especialmente en invierno, cuando aparece totalmente cubierta con un manto de nieve levemente teñido del azul diamantino del cielo. Ciudad universitaria una de las seis que existen oficialmente en el país, y ciudad libre desde el siglo XII, en su universidad, de la que han salido nueve premios nobel, estudiaron los hermanos Grimm, cuya impronta ha quedado marcada en las diversas estatuas que aparecen repartidas por el caserío.
La imponente iglesia de Santa Isabel, en la que estuvo enterrada la santa, es la primera que se construyó en Alemania en estilo gótico y constituye el antecedente de la famosa catedral de Colonia. Precisamente hasta esta iglesia llega el Arroyo de los Herejes, hoy cubierto su cauce y convertido en calle, significativo nombre que evoca una de las tragedias que vivió la ciudad, en la que se encuentra también la Fosa de los Herejes, de la que contados historiadores y cronistas hablan.
En 1231, el papa Gregorio IX escribió una carta a su "amado hijo" Konrad von Marburg en la que le nombraba gran inquisidor de Alemania, con el encargo de que pusiera fin a la herejía cátara que se había extendido hasta el actual Estado federal. Konrad ya había actuado contra herejes de diversas tendencias, incluidos cátaros, en 2014, por mandato del papa Inocencio III, pero ahora el encargo de Gregorio IX era mucho más importante. El papa le pedía que utilizara tantos ayudantes como estimara pertinente y que empleara los medios que fuesen necesarios, aun los más expeditivos.
Los papas saben bien a quien escogen para realizar los trabajos más sucios, aquellos que el dirigente de la religión del amor jamás debía encargar. Aunque me equivoco: es tanto y tan grande el amor que embarga a los dirigentes de la Iglesia, de manera especial al papa, que si mandaban a la gente a la hoguera no era por rencor, por odio o por sadismo, sino por amor, por verdadero amor, para hacer que su alma, liberada de la cárcel del cuerpo, se elevara directamente al cielo, donde sería recibida con los brazos abiertos por el Creador.
Nacido en 1880, en Marburgo, Konrad era un cura secular con un poderoso pico de oro, enorme magnetismo y carácter abrumador. Hipotéticamente, era también un masoquista. Al parecer, se castigaba la espalda hasta la sangre con un flagelo que acostumbraba a mostrar en público. En el mausoleo que puede verse en la iglesia de Santa Isabel aparece su figura yacente con dicho flagelo en la mano derecha. Pero era sobre todo un criminal despiadado, sádico y cruel, de lo que ya había dado sobradas muestras en 2014 con los herejes que había logrado apresar.
Konrad, o Conrado, en español, reunió un equipo de sólo dos personas, tan criminales y tan sádicas como él, y se dedicó a extender el terror por Alemania. El Magister, como le llamaban sus paisanos, se jactaba de ser capaz de descubrir a un hereje a través de los muros de su casa. Pero además aceptaba todas las denuncias que le llegaban, sin analizar siquiera mínimamente cual tenía visos de ser verídica y cual era manifiestamente falsa. Y el acusado era detenido de inmediato y sometido "a cuestión", como hipócritamente le llamaba la Inquisición al interrogatorio, en el que no sólo no se descartaba, sino que con enorme frecuencia incluía la tortura.
En la cuestión aparecían tres tipos de "herejes". Los que confesaban y no estaban dispuestos a arrepentirse. Estaban los que negaban ser herejes, incluso sometidos a las más crueles torturas. Unos y otros eran entregados al brazo secular y ejecutados en la hoguera. Porque eso sí, los clérigos eran tan cínicos y tan pulcros, que en modo alguno estaban dispuestos a mancharse las manos de sangre. De hecho, la tortura tampoco la practicaban ellos, sino seglares por ellos contratados y enteramente a sus órdenes. Finalmente, estaban los que, aún siendo inocentes, se declaraban culpables y arrepentidos de sus deslices antes incluso de empezar el interrogatorio. Lo hacían porque esta era la única forma de librarse del tormento y de la hoguera. Pero no se iban de rositas: les cortaban el pelo a trasquilones; los obligaban a llevar una cruz bien visible en su ropa como marca por haber sido herejes; (como puede verse, los regímenes políticos dictatoriales que aparecieron luego no inventaron nada, ya lo había inventado la religión del amor); y todos los domingos tenían que asistir a la misa mayor, durante la que, entre la lectura de la epístola y la del evangelio, medio desnudos o desnudas, eran azotados; un castigo, a modo de penitencia, por tiempo indefinido, que podía ser de años. 
En Marburgo, precisamente, patria chica de Konrad, tuvo lugar uno de los sucesos más trágicos de toda la persecución. Allí el inquisidor reunió a más de cien herejes y los obligó a cavar una profunda zanja a la que, una vez terminada, los arrojaron. Seguidamente, los ayudantes del Magister, la llenaron de leños y les prendieron fuego. Se cuenta que en el profundo silencio de las noches de invierno se escuchan aún los gritos de dolor y de agonía de los desgraciados que se cocían bajo los leños (de nuevo vemos cómo los nazis no tuvieron que esforzarse mucho para inventar los hornos crematorios: aunque rudamente, ya los había inventado la religión del amor.)Mientras los herejes cavaban, familiares y amigos, les suplicaban que se arrepintieran, pero todos ellos se mantuvieron firmes en su fe. Ahora que vengan los historiadores y la propia jerarquía católica a tratar de justificar las barbaridades de la Inquisición con la milonga de que la autoridad civil también practicaba la tortura. A ver si son capaces de poner un sólo ejemplo de una atrocidad siquiera parecida, en el ámbito de la justicia.
Para entonces, Konrad estaba ya lanzado. Invocando una vez más la autoridad papal, en el propio Marburgo detuvo a varios sacerdotes y a personas principales por meras y, en la mayoría de los casos, infundadas sospechas de herejía. Envió a la hoguera al preboste de Goslav Henri Minnike. Acusó de hereje al conde Heinrich III de Sayer y mantuvo su acusación a pesar de que una asamblea de obispos no encontró en él culpabilidad alguna. No se detenía ante nada ni ante nadie. Y como quiera que se tenía la convicción de que de nada iban a servir las reclamaciones y protestas ante el papa de Roma, en 1233 Konrad fue asesinado, más bien ejecutado, cuando viajaba desde Maguncia a Marburgo.

Fuentes:
La corte de Lucifer.- Otto Rahn
Las claves de la Iglesia en la Edad Media.- Emilio Mitre
Las grandes herejías de la Europa cristiana.- Emilio Mitre/Cristina Granda
Historia de las papas.- Laboa
Historia política de los papas.- Pierre Lanfrey

miércoles, 9 de junio de 2021

ESTO ES ESPAÑA

 Siguiendo la definición de Cánovas del Castillo, el que esto escribe es español porque no puede ser otra cosa. Como español que además peina canas desde hace tiempo, el que esto escribe se admira más cada día de la incongruencia podíamos decir natural y desde luego autóctona que ofrece de continuo "este país de todos los demonios", que decía el poeta Jaime Gil de Biedma. Pondré algunos ejemplos, sencillos, pero creo que suficientemente reveladores:
1.- LA NUEVA TARIFA ELÉCTRICA.- Alguien en una reunión en la que estamos varias personas hace un comentario acerca de la nueva tarifa de energía eléctrica recién implantada y cómo con ella se va a encarecer bastante el recibo mensual, salvo que por la noche, en lugar de dormir, nos dediquemos a cocinar, planchar y a poner en marcha los distintos electrodomésticos de los que dispongamos. Uno de los presentes dice textualmente: "¿Dónde están ahora los que iban a bajar la luz, Iglesias, Irene Montero, Yolanda Díaz, etc.?" Yo le pregunto: "¿Los has votado tú?" "No", responde tan pancho el buen señor. O sea, como otros muchos españoles, el tipo no ha votado a los que iban a bajar la luz, de este modo no han conseguido la fuerza suficiente para poner en práctica  la propuesta incluida en su programa, y va el hombre y los critica porque no hacen lo que no pueden hacer, entre otras cosas, por su culpa. Cuando le hago ver su falta de lógica se encoge de hombros y responde: "¿eso qué tiene que ver?" ESTO ES ESPAÑA.

2.- BALÓN DE REGLAMENTO.- Vivo en una urbanización que cuenta con un patio jardín de gran amplitud. En nuestro estatuto que elaboramos y aprobamos todos los vecinos al ocupar nuestra vivienda no se prohibió el juego de pelota, pero sí el del balón de reglamento. Sólo en los dos últimos años, el administrador ha enviado más de media docena de cartas personales a cada vecino recordando esta prohibición. En el patio hay un vistoso cartel con el rótulo: PROHIBIDO JUGAR CON BALÓN DE RAGLAMENTO. Bien, pues ahí tienen cada día a unos cuanto chavalines jugando con balón de reglamento. ¡Y nadie dice nada! Más todavía, cuando rompen algo de un balonazo, un farol, un cristal, etc. la reposición la paga la Comunidad, incluidos los papás de los jugadores. ESTO ES ESPAÑA.

3.- CORRUPCIÓN.- Afectados por la corrupción, en Italia desaparecieron la Democracia Cristiana y el Partido Socialista, desaparecieron no porque los prohibieran, sino porque la gente dejó de votarlos. Bettino Craxi, el líder socialista, que aparece en la fotografía de más arriba, tuvo incluso que salir del país por piernas para librarse de la cárcel. Se exilió en Túnez, país que no tenía un tratado de extradición con Italia, donde murió en el año 2000, con 66 años.

Aquí hay un partido que ha sido condenado por corrupción, el partido, no un número más o menos alto de sus miembros, que también, y no sólo no desaparece, sino que ahora mismo es el segundo partido más votado en el país, ejerciendo además el gobierno en media docena de comunidades y con un líder, el que aparece en la fotografía de más arriba, al que le regalaron la carrera de Derecho y un máster, con el trabajito que le cuesta conseguir ambas cosas a la mayoría de los estudiantes españoles. ESTO ES ESPAÑA.
4.- JUSTICIA.- El Consejo General del Poder Judicial, presidido actualmente por Carlos Lesmes, un verdadero indeseable, lleva dos años y medio en funciones, pues nombrados en 2013, con un mandato de cinco años, debieron renovarse en 2018. Sus miembros son elegidos en el Parlamento, Congreso y Senado, y si no se han renovado en estos dos años y medio es sencillamente porque el Partido Popular, cuyos votos son necesarios, no está dispuesto a realizar la renovación en tanto el Presidente del Gobierno no rompa con su socio en dicho Gobierno, una excusa absolutamente insólita en toda Europa. Mientras tanto los miembros del Consejo General del Poder Judicial no sólo no dimiten, acción que seguramente precipitaría la renovación, sino que continúan actuando como si no estuvieran en funciones. ESTO ES ESPAÑA.
Otro sí: Hasta el recoge pelotas de la pista de tenis a la que van a jugar unos amigos míos, un chavalín de poco más de diez años, sabe que el M. Rajoy que aparece en los papeles de Bárcenas es Mariano Rajoy, el señor de la fotografía y anterior Presidente del Gobierno. Lo sabe todo el mundo en este país, menos los jueces del Tribunal Supremo, presididos por un tal Marchena, no el de la arena, que era honrado, sino otro que no le llega al de la arena ni al tacón del zapato, que llevan años preguntándose quién puede ser el tal M. Rajoy. ESTO ES ESPAÑA.
5.- SOBORNOS.- No todos los políticos roban ni andan metidos en asuntos de corrupción, claro que no. Es más, el que esto escribe está convencido de que la mayoría son honrados y muchos están en política con un afán de verdadero servicio público. Por lo que se refiere a los españoles ocurre más o menos lo mismo: la mayoría ni roba ni lo harían aunque se les presentarse la ocasión de robar impunemente. Pero no son pocos los que o están robando o están deseando de hacerlo. 
Hace algunos años la concejala del Ayuntamiento de Camas, Carmen Lobo sufrió un intento de soborno para que firmara, junto con el resto del equipo de gobierno, un plan urbanístico que era, en realidad, un jugosísimo pelotazo para sus promotores. A Carmen le ofrecieron dinero, un piso en la playa "puesto a nombre de una persona de su confianza" y dinero para solucionar la vida de su hija y la de varias de sus generaciones. Carmen Lobo rechazó el soborno y el caso saltó a la prensa. Más de medio pueblo de Camas y un importante número de españoles de todo el territorio nacional la tacharon de tonta, de imbécil, de subnormal, etc, etc. Nadie fue capaz de reconocer el valor que se necesita para mantener una postura como la de la señora concejala cuando hay grandes cantidades de dinero por medio. ESTO ES ESPAÑA.

jueves, 3 de junio de 2021

TEOLOGÍA DEL SANTO PREPUCIO

 

Aunque hoy muchos parecen ignorarlo, Cristo era judío. Así es que, cumpliendo con el ordenamiento judío, a los ocho días de su nacimiento fue sometido al ritual de la circuncisión, esto es, la extirpación de la piel que cubría su sagrado glande o bálano.
Esta sencilla operación, si bien muy dolorosa y propicia a la infección, pues se realizaba con un cuchillo de piedra, ha traído de cabeza a los teólogos católicos desde prácticamente los orígenes del cristianismo hasta el siglo XX. ¿Qué fue de aquel trocito de carne, del triste, por diminuto, anillito con el que la naturaleza dotó a los varones no se sabe bien con qué objeto, pues suele originar no pocos problemas? Los judíos tenían por costumbre enterrarlo inmediatamente de amputado. Pero el prepucio de Cristo no era un prepucio cualquiera. Como el resto de su cuerpo participaba de su carácter divino, o lo que viene a ser lo mismo, era un trozo de Dios y, según los más afamados teólogos, es imposible que un trozo del cuerpo de Dios, por más insignificante que sea, siga el camino de la putrefacción. Luego si a Cristo se lo extirparon y no se pudrió, existe. ¿Pero dónde está? Peor todavía: ¿Cuando en la comunión los fieles toman el Cuerpo de Cristo, lo toman entero o le falta este precioso y delicado trocito?
Si la respuesta a la primera pregunta exige la pericia no ya de un historiador, sino de todo un detective histórico, la segunda constituye un problema teológico de primera magnitud. Tan importante es para la teología católica que desde Orígenes las discusiones al respecto no dejaron de crecer. Primera cuestión: ¿ascendió al cielo con Jesús o sigue en la tierra esperando la resurrección de la carne? Muchos argumentaban que, puesto que al cielo entraremos completos, el carismático anillo había ascendido junto con Cristo. Perfecto, replicaban otros, pero si esto es así, ¿cuándo se reintegró en su cuerpo, en el momento de la resurrección o más tarde, en el de la ascensión? Para algunos, el prepucio se encontraba en el cielo, donde se reintegró en el cuerpo del Redentor tras la Ascensión. Tras la extirpación, un ángel lo había recogido y se lo había llevado con él. Por tanto, los fieles podían estar tranquilos, porque cuando comulgaban se tragaban enterito el cuerpo de Cristo.
Sin embargo, no todos lo tenían tan claro. Esgrimiendo argumentos de carácter histórico, muchos sostenían que, como el de cualquier bebé de su tiempo, tuvo que ser enterrado, pues, en primer lugar, el Jesús terreno no pretendió nunca distinguirse del resto de sus compatriotas. Además su cuerpo era un cuerpo humano, semejante al de cualquier fulano de la época que, aunque acogía al mismo Dios, no formaba estrictamente parte de la divinidad, por lo que tanto daba si estaba completo o no. Por otra parte, y este era el argumento de Tomás de Aquino, el prepucio venía a ser un elemento prescindible, más o menos lo mismo que las uñas o que el pelo, que Jesús se cortaría de cuando en cuando. El teólogo Leo Allatius (1586-1669) hacía un exhaustivo resumen de estas discusiones en su obra De Prepucio Domini Nostri Jesu Christi Diatriba (Discusiones acerca del Prepucio de Nuestro Señor Jesucristo)
Atareadísimos, como se ve, andaban los teólogos desde hacia ya tantos siglos, incapaces de llegar a un acuerdo y a punto más de uno de volverse loco cuando hete aquí que aparece la monja vienesa, capuchina, Agnes Blannbekin (muerta en 1715), con la monumental historia de que en toda su vida no había tenido una preocupación mayor que la de conocer el destino real del preciosísimo trocito del carajo, perdón, del pene, del Salvador, preocupación que se transformaba en horrible sufrimiento no sólo psíquico o espiritual, sino también físico a medida que, año tras año, se acercaba la fiesta de la Circuncisión, establecida por la Iglesia el primer día del mes de enero. En la actitud más sumisa que pudo adoptar, la monjita declaró que su sufrimiento había obtenido al fin una maravillosa recompensa por parte del Señor: cierto día, al comulgar, se preguntó una vez más, angustiada y ya casi desesperada, dónde podría estar el divino prepucio. ¡Y aquel día lo supo! De repente, tan pronto como recibió la hostia, la hermana Agnes sintió en su boca un pellejito, de una suavidad indescriptible y de una dulzura absolutamente desconocida para ella. Entonces se lo tragó, pero apenas lo había hecho cuando el pellejito estaba otra vez en su lengua. Se lo tragó de nuevo y al momento otra vez había salido de su estómago. Prepucio adentro, prepucio afuera, estuvo la monjita  durante un buen rato, hasta que el propio Cristo le reveló que aquella maravilla era su prepucio, que había resucitado al mismo tiempo que Él y, por tanto, se encontraba en el cielo, bien engarzado de nuevo en su cipote, perdón, en su pene. Tan grande fue el dulzor que la hermana Agnes experimentó cuando se tragó el prepucio por última vez, tales flaccidez, frescor y gloria se apoderaron de su cuerpo todo que creyó que fallecía y que ascendía directamente al paraíso.
Las revelaciones de la monja vienesa tenían tal viso de verdad que resultaban concluyentes. Por tanto, los teólogos podían descansar al fin y olvidarse de sus diatribas. Ah, pero no todo era tan fácil, porque la monjita podía contar lo que quisiera y nadie ponía en duda su experiencia, ¿pero, si todo lo que ella contaba era verdad, volvieron a la carga los teólogos, cómo explicar la existencia de los prepucios que se conservaban en distintas iglesias de la cristiandad, todos ellos con la vitola de auténticos? En su libro El sagrado prepucio de Cristo, publicado en 1907, el dominico A.A. Müller da cuenta de trece de ellos, localizados en los siguientes lugares: uno en San Juan de Letrán (Roma), otro Charroux, cercad de Poitiers  otro en París, otro en Amberes, otro en Brujas, otro en Bolonia, otro en Bensançon, otro en Nancy, otro en Metz, otro en Le Puy, otro en Conques, otro en Hildestehein, y otro en Calcata (Italia), la mayoría de ellos traídos directamente de Tierra Santa durante las Cruzadas y algunos transportados amorosamente por ángeles. Cada uno de estos prepucios, y otros que el dominico no recoge, como el de Burgos (España siempre menospreciada en Europa) tienen fantásticas historias que llenan de unción a los fieles y de óbolos a las iglesias que los poseen. Por ejemplo, el de Calcata, pequeña localidad de Viterbo, Italia, fue entregado por la Virgen María a María Magdalena, conservado en un frasco lleno de aceite de nardos, regalo que añadiría leña a otra portentosa discusión para la que tampoco se alcanzan acuerdos: la de si María Magdalena fue la esposa o, al menos, la amante de Cristo, con la que habría tenido por lo menos un hijo. Mucho tiempo después y sin que se sepa cómo, el preciadísimo pellejito fue entregado por un ángel a San Gregorio Magno, quien se lo regaló al papa León III, la Navidad del 800, cuando coronó emperador a Carlomagno. Después de distintas peripecias acabó en Calcata, donde todos los años se celebraba una procesión con la reliquia, que atraía a numerosos fieles de los alrededores y también a muchos turistas. Su robo por un desalmado en 1984 produjo gran quebranto en la devoción de la feligresía y en los ingresos económicos que percibía ese día la localidad.
Reputados como muy útiles para lograr el embarazo de las mujeres con dificultades, todos estos prepucios fueron altamente venerados hasta 1900, fecha en que la Iglesia acabó con las discusiones derogando su culto (muerto el perro, se acabó la rabia), derogación que se extendió a la propia fiesta de la Circuncisión tras el concilio Vaticano II, con la excusa de que se trataba más de una curiosidad irrespetuosa que de una verdadera devoción. En la prohibición de 1900, se incluía la de la Cofradía del Santo Prepucio, cuya fundación se remontaba nada menos que a 1427, y por cuya recuperación abogaba el periodista Jesús García Polo en un artículo publicado el 18 de marzo de 2008 en El Norte de Castilla, es verdad que con su puntito de ironía y hasta de cachondeo.
 


lunes, 31 de mayo de 2021

MARCIA LA BELLA

 
No se conoce su fecha de nacimiento ni, con exactitud, la de su muerte. Tampoco se sabe quiénes fueron sus padres. No existe una imagen de ella y no se tienen más señas de identidad que su nombre de pila. Pero fue una de las personas más influyentes durante durante el reinado del emperador Cómodo y el pontificado del papa Víctor I, hacia finales del siglo II.
En la época del imperio romano, cuando una mujer daba a luz, la matrona o quien la estuviera atendiendo, depositaba al recién nacido en el suelo. Entonces entraba en el aposento el marido de la parturienta y si lo recogía del suelo significaba que reconocía al bebé como su hijo o hija; pero si no lo recogía, el hombre no lo reconocía y el nuevo ser quedaba condenado a lo que los romanos llamaban "exposición", esto es, su abandono en la calle, unos en la puerta misma de la casa y otros bajo la columna lactaria, frente al templo de Pietas. Tanto en un sitio como en otro, cualquiera que pasara podía cogerlo para sí y destinarlo a lo que le pareciera oportuno. Tiempos duros para estos recién nacidos: muchos acababa muriendo, de frío, de calor o de hambre. Los que sobrevivían no lo tenían mejor: serían esclavos en alguna casa más o menos importante y, por tanto, vivirían toda su vida privados de libertad. Se abandonaban más niñas que niños. La mujer siempre perdedora. Pero en este hecho no veamos sólo crueldad o maldad: hoy no resulta nada complicado prevenir un embarazo; en aquellos tiempos, sin embargo, la prevención era misión casi imposible. Así, muchas familias "exponían" al nuevo vástago no porque no lo quisieran, sino porque carecían de medios para criarlo. La prueba es que en tanto las familias pudientes se despreocupaban por completo y no querían saber nada del destino del "expuesto", las familias humildes, las de baja extracción económica, acechaban al abandonado y respiraban tranquilas cuando descubrían que alguien lo había recogido. Quizás fueran esclavos, pero, al menos, estaban vivos y, quién sabía, la vida daba muchas vueltas, muchas más que hoy, y acaso aquel niño o aquella niña tuvieran un destino glorioso.
Marcia fue una de estas niñas "expuestas". Se sabe que la recogió un cristiano de nombre Jacinto, quien la educó en el cristianismo. Ahora bien, cristiano y todo, el tal Jacinto era un elemento. Tenía montado un negocio de altura consistente en recoger niñas "expuestas", sólo niñas, criarlas y, a punto de entrar en la adolescencia, venderlas a los prostíbulos de la ciudad.
Entre las niñas que se criaron con ella en la casa de Jacinto, Marcia destacó enseguida por su enorme, abrumadora belleza. Como sus compañeras, estaba destinada a la prostitución, sin embargo, fue su belleza la que la salvó de este aciago destino. En efecto, a la edad de doce años la adquirió para sí el senador Marco Ummidio Cuadrato. Corría el año 182.
Desde nuestra concepción hasta nuestra muerte, viajamos a lomos del azar. Podemos hacer tantos proyectos como nos vengan en gana, podemos acopiar los medios para llevarlos a cabo, podemos conseguir las colaboraciones necesarias, podemos tenerlo todo. Pero basta la simple torcedura de un tobillo, o el tren que sufre una avería y se retrasa o la quiebra de un banco a miles de kilómetros o un bichito que invade las vías respiratorias de alguien más lejos todavía, para que no sólo el proyecto se venga abajo, sino para que nuestra vida de un cambio radical.
Cuando el senador compró a Marcia había en marcha una conspiración para matar a Cómodo, el emperador, encabezada por su hermana Galeria Lucila. Por lo que cuenta el historiador Dion Casio, parece que lo que empujaba a Lucila era la fatuidad que mostraba Brutia Crispina, esposa de Cómodo.
En aquella conspiración estaban implicados el senador que había adquirido a Marcia, Marco Ummidio, y Claudio Pompeyano, también senador. Ambos intentaron asesinar a Cómodo a la entrada al teatro, pero fueron descubiertos unos momentos antes de iniciar el ataque, apresados por los guardaespaldas del emperador y ejecutados de inmediato. 
En aquel mismo año, 182, Lucila había descubierto y puesto en conocimiento de su hermano que Brutia Cristina estaba embarazada. La boda con aquella mujer de la clase más elevada había sido concertada por los padres de ambos y Cómodo tampoco la tragaba, por lo que podía estar seguro de que aquel embarazo no era suyo. De manera que Brutia fue acusada de traición y exiliada en la isla de Capri. A esta isla fue enviada también Lucila tras descubrirse su juego. Y poco después ambas fueron decapitadas allí mismo.
El emperador ordenó la muerte de todos los miembros de las familias de los dos senadores, incluidos sus esclavos, pero cuando los ejecutores descubrieron a Marcia, asombrados por su belleza, decidieron enviarla a Cómodo para que formara parte de sus concubinas. Hábil, además de bella, y astuta, la muchachita no tardó en ascender entre sus compañeras de concubinato, convirtiéndose muy pronto en la amante de Cómodo y, con sus consejos, controlar en la práctica la política imperial.
Cuando Marcia contaba con dicienueve años alcanzó el trono papal Victor I (189-198). Este papa, el primero que adoptó el rol de monarca universal, que armó una muy hermosa tratando de imponer en toda la cristiandad la misma fecha para la celebración de la Pascua, fue también el primero que tuvo relación directa con la casa imperial. Y Marcia no tardó en hacerse su amante. Gracias a ella, el emperador ordenó la liberación de un número importante de cristianos condenados a trabajos forzados.
Pero el emperador, que había alcanzado su cargo a los diecinueve años, estaba sufriendo una paranoia que cada vez se acentuaba más y más y que lo empujaba a llevar a cabo toda clase de excentricidades, al tiempo que organizaba una fuerte represión de todos los que consideraba sus enemigos. Al principio, Marcia pudo conseguir cierta moderación en la conducta de su amante. Pero llegó el momento en que el amante se tornó incontrolable y ni Marcia ni nadie podía contener sus impulsos, cada día más aviesos y criminales.
Se organizó entonces una nueva conspiración y, formando parte de ella, Marcia envenenó la comida de Cómodo. Pero éste vomitó el veneno y sin sospechar de su amante, fue a darse un baño. Allí, siguiendo la indicaciones de Marcia, lo estranguló el liberto Narciso, que, al parecer, era también amante de la hermosísima muchacha. 
Algún tiempo después, Marcia fue igualmente asesinada por orden del emperador Didio Juliano, que ocupó el cargo desde el 28 de marzo del 193 a 1 de junio del mismo año.

Fuentes: 
Historia de la vida privada. Tomo I
Los papas y el sexo. Eric Frattini
Historia de los papas.- Laboa
Historia oculta de los papas. Javier García Blanco

jueves, 27 de mayo de 2021

LA JOYA DE ÁFRICA


Al día de hoy, mayo de 2021, África sigue siendo un continente mártir, en especial el inmenso territorio subsahariano. El martirio arrancó allá por el siglo XV cuando dio comienzo la esclavitud, siguió con la colonización europea y se mantiene actualmente con la explotación de sus tierras y de sus mares. Las víctimas son, en general, los hombres y mujeres negros, y los verdugos, el hombre blanco de Europa, el norteamericano y, desde no hace mucho, también el amarillo, procedente de China, cada vez más involucrada en la obtención de las llamadas tierras raras.
En Europa y en España en particular una masa importante de la población rechaza a los inmigrantes que llegan de este continente jugándose la vida, que muchos de ellos pierden, en el Mediterráneo, en barquichuelas poco más que de juguete. No son pocos aquí los que aúllan que vienen a quitarnos el trabajo y el pan. Un conocido fascista que vomita su bilis desde su emisora de radio particular, montada gracias a la colaboración del PP, grita: "que trabajen en sus países, como hemos trabajado nosotros para conseguir lo que tenemos." Él de entrada, aparte de estos vómitos y de algunos libros igual de vomitivos, trabajar, lo que se dice trabajar, no ha trabajado jamás. En cualquier caso y aparte fascistas, que vuelven a estar en auge, nadie o casi nadie está dispuesto a echar una mirada y comprobar con sus propios ojos lo que ha pasado y lo que está pasando ahora mismo en ese continente. Por ejemplo, cómo les enviamos sin ningún control toda nuestra basura electrónica.

O cómo nos apropiamos de su oro, utilizando para su extracción hasta a niños y adolescentes, por supuesto, sin las más mínimas medidas de seguridad.

Históricamente, España, junto con Portugal, que lo inició, fue uno de los grandes países en el comercio de esclavos. Sí, sí, la católica España, aunque la Iglesia no ha condenado jamás la esclavitud, todo lo contrario, véanse las epístolas de San Pablo. A ambos países se unió muy pronto Inglaterra. Este comercio se prolongó oficialmente desde finales del siglo XV hasta el primer tercio del XIX, en que al final fue prohibido, aunque el trasiego de barcos desde África a América se prolongó más allá de la mitad del siglo.
Pero a poco de finalizar la esclavitud, se inició la colonización. En 1885, en la conferencia de Berlín, los países europeos, principalmente Alemania, Francia e Inglaterra se repartieron el continente africano a su capricho, como si allí no habitara nadie y a nadie pertenecieran sus tierras.
Uno de los territorios que entró en el lote de Alemania fue Ruanda, país que puede servir de ejemplo de lo que, en punto a sufrimiento para el continente, supuso este reparto.
Ruanda se encuentra en la región de los grandes lagos. Cuando los alemanes llegaron el territorio estaba ocupado por los pigmeos, los tutsi y los hutus. Desde el siglo XI hasta el XIX los tres grupos habían convivido sin apenas conflictos entre ellos, bajo una monarquía de carácter feudal. A pesar de que los tutsis constituían aproximadamente el 15% de la población, ocupaban el trono y los puestos más elevados de la administración, aunque apenas había diferencias económicas entre unos y otros: los pigmeos vivían de la recolección y de la caza; los tutsis eran ganaderos y los hutus agricultores. Además del territorio, los tres grupos compartían las costumbres y la lengua.


Alemania perdió el dominio de sus colonias africanas tras la primera guerra mundial, pero ello no supuso la liberación de los territorios. En 1923, la Sociedad de Naciones, antecedente de la ONU, entregó la administración de Ruanda a Bélgica. No pudieron encontrar un verdugo mejor preparado. Los belgas, que habían heredado del genocida Leopoldo II el gran país del Congo, con sus inmensas riquezas, no tenían demasiado interés en un territorio más bien pobre, de manera que decidieron no tocar de momento la administración local. Lo que hicieron fue llamar a los Padres Blancos, misioneros católicos, para que evangelizaran el país, convencidos de que, si conseguían implantar el catolicismo, la administración colonial resultaría mucho más fácil.
(Desde hace bastante tiempo me he preguntado qué derecho le asiste a la Iglesia Católica para entrometerse en las creencias, costumbres y moral de un país, de un pueblo. Pero esta es otra historia que habrá que tratar con el cuidado que requiere)
El caso es que, para esas fechas y después de tantos siglos de convivencia, entre tutsis y hutus apenas existían diferencias morfológicas; el concepto de etnia como tal había desaparecido y socialmente los grupos se organizaban en clanes.
Desde los tiempos más antiguos, cuando han llegado a un país o a un nuevo territorio, los misioneros han tratado antes de nada de convertir al rey o al jefe del lugar, sabedores de que, convertido éste, el pueblo sobre el que ejercía su autoridad le seguiría como un solo hombre. Y eso mismo hicieron también en Ruanda los Padres Blancos. Pero pincharon en hueso, pues Musanga, el rey tutsi del momento, se negó a aceptar el catolicismo. 
Terrible decisión, porque para entonces los administradores belgas, basándose en la pseudociencia de la época, se empeñaron en resucitar las etnias y hasta se atrevieron a afirmar sin el menor fundamento que los tutsis eran camitas procedentes del Nilo, que habían llegado al país buscando pastos para sus ganados y que, tradicionalmente belicosos, habían conseguido imponerse a los pigmeos y a los hutus.
Enarbolando este argumento y ante el rechazo del rey, los Padres Blancos iniciaron una campaña de desprestigio de los tutsis que no tardó en despertar en los hutus apetencias de poder que hasta aquel momento no habían experimentado. El rey Musanga fue depuesto en 1931. En 1933 los belgas cometieron la barbaridad de crear un carnet de identidad en el que figura la etnia. Por entonces se estaban produciendo ya conversiones masivas, principalmente entre los hutus y en muy poco tiempo el catolicismo sustituyó al dios local Imana, que hasta entonces había sido un elemento de enorme importancia en la cohesión social. En 1950 Ruanda fue consagrada a Cristo Rey, recibiendo por parte de los Padres el apelativo de La joya de África. Se había convertido en el país más católico del continente.
Entonces empezaron los problemas. Sintiéndose cada día más incómodos con el dominio tutsi, los hutus iniciaron, tímidos al principio, movimientos de protesta. En 1957, el entonces nuncio apostólico André Perradín animó a su secretario, el hutu Gregoire Kayabinda a que publicara el Manifiesto Bahutu y a que creara el Movimiento Social Muhutu, de cáracter católico. Este Movimiento daría lugar a la creación del Partido del Movimiento de Emancipación de Hutus, que proclamó con éxito el enfrentamiento racial.
Kayabinda se convirtió en presidente del país, tras desalojar a los tutsis, decenas de miles de los cuales fueron obligados a huir, encontrando refugio en Uganda. Con ocasión de la Cuaresma, el señor nuncio Perradín publicó una carta pastoral en la que mostraba toda la hipocresía de que es capaz de desplegar la jerarquía católica. Tras extenderse ampliamente sobre la caridad, se refiere a las razas que existen en el país y a cómo existen entre ella diferencias políticas económicas y sociales que estaban produciendo enfrentamientos. Tras esta mención claramente racista, el buen señor tiene la desfachatez de pedir un esfuerzo para lograr la concordia entre todos, concordia que los belgas junto a los Padres Blancos se habían encargado de arruinar.
En 1962 el país consiguió la independencia. Un año más tarde se produjo una primera masacre de tutsis, dirigida por las muy católicas autoridades. En 1973, mediante un golpe de Estado, el general Juvenal Habyarimana, hutu, se hace con el poder. Entre esta año y 1986, los tutsis de Uganda crean el Frente Patriótico Ruandés (FPR), al mando de Paul Kagamé. Este frente inicia en 1993 una ofensiva sobre Ruanda que no pasa de la frontera. El clima es cada vez más peligroso para tutsis que siguen en el país.
En abril de 1994 estalla al fin la tragedia. Milicias hutus, con el apoyo de las fuerzas armadas, inician una matanza sistemática de tutsis que se prologa hasta julio, tres meses de horror durante los que son asesinados alrededor de 800.000 tutsis de las maneras más terribles y aberrantes que podamos imaginar. Aldeas enteras desaparecen del mapa con niños, mujeres, ancianos y hasta ganado. Todo ello en medio del silencio internacional, de Bélgica, de la ONU y, quizás, lo más sangrante: el silencio de todos y cada uno de los países africanos.
Hoy el país vive en paz. Un tutsi lo gobierna sin ánimo alguno de revancha: Paul Kagamé, dirigente del FPR. Pero todavía los Padres Blancos, que siguen en el territorio, tienen la cara dura de sostener que están trabajando por la reconciliación. Por supuesto, el Vaticano, bajo cuya aquiescencia se llevó a cabo todo el proceso y que, igualmente, se mantuvo también en silencio durante las matanzas, hace tiempo que se lavó las manos. 

Fuentes: 
El Genocidio de Ruanda.- Jesús Sordo Medina
Un pueblo traicionado.- Inda Malveru
Sobrevivir para contarlo.- Inmaculada Llibagiza
A la conquista de África con los Padres Blancos.- Emilio Galindo.
Le Monde Diplomatique.- Febrero 2016 y mayo 2021.
Fotografías: Internet

domingo, 16 de mayo de 2021

DE COMO CONOCI LA AUCTORITAS CRISTIANA

Durante algún tiempo fui monaguillo en la parroquia de san Pedro, tres o cuatro años. Por aquel entonces la parroquia estaba regida por don Julián Caballero Peñas, cuyo nombre figuró durante bastante tiempo en la relación de sacerdotes asesinados durante la guerra civil inscritos en unas lápidas colocadas en el trascoro de la catedral. Don Julián era un cura grandón. En su cara, de robustos mofletes encendidos y labios como la grana, destacaban sus gafas de miope, redondas, tipo culo de vaso, tras cuyas cristales brillaban sus ojillos siempre vigilantes. Lucía una hermosísima panza, cultivada, sin duda, a lo largo de muchos años de buena mesa, que le daba un aire bonachón, de no ser porque sus gestos eran siempre bruscos y hasta en muchas ocasiones desabridos. No obstante, su aspecto general era imponente en cualquier época del año, pero en invierno, cuando aparecía por las calles del barrio con su abrigo talar y su sombrero de teja, la cabeza siempre erguida y su mayestática zancada, parecía un señor feudal visitando a sus siervos. Los chiquillos corrían a besarle la mano y los adultos, mujeres y hombres, se apresuraban a cederle el paso, no fuera que se le ocurriese alzar la mano derecha, extender el dedo índice y enviarlos directamente al infierno.
Don Julián, no obstante, más que por su aspecto, fue famoso por las interminables pausas con que, durante la misa dominical, iniciaba sus homilías. "Queridos hermanos...", decía y guardaba casi un minuto de silencio, mirando fijamente a los concurrentes que, dicho sea de paso, abarrotaban el templo. "En el día...", y por los menos cuarenta y cinco segundos callado, "de hoy...", y otro pedazo de pausa. "El evangelio nos dice..." Y ya la pausa era más breve; hasta que se embalaba y continuaba quince o veinte minutos sin nuevas interrupciones y con una entonación y una cadencia, de ley es reconocerlo, mucho más que aceptable. Por supuesto, sin leer ni tener siquiera nota alguna delante.
En aquellos tiempos, sin duda con buen criterio, la gente acostumbraba a morir en su casa. Cuando la situación era ya irreversible y la agonía se aproximaba, algún familiar corría a la parroquia a avisar al párroco para que le llevara los últimos auxilios de la religión, el viático y también la extremaunción.
Al contrario que hoy que con las iglesias todo el día cerradas no se sabe dónde están los curas, entonces los templos estaban siempre abiertos y los párrocos no se alejaban de la parroquia, de mo que tan pronto como le llegaba el aviso se disponían de inmediato a atenderlo. Para los que lo hayan olvidado o por su juventud lo desconozcan, el viático era la comunión, y la extremaunción, la unción con óleos benditos en distintas partes del cuerpo del moribundo. Ambos se llevaban en procesión.
Yo no sé de dónde salían, pero cada vez que en la parroquia se recibía el aviso, en un momento había en la sacristía media docena de hombres dispuestos a cargar con grandes faroles para acompañar al sacerdote. Éste se revestía con los correspondientes ornamentos, cogía el copón con las hostias consagradas y la procesión se ponían en marcha. Yo, con mi sotana roja de monaguillo y mi roquete blanco, iba delante tocando la campanilla con aquel toque tan característico: tin/ tin-tin-lin-tin/tin/tin-tin-lin-tin.
Aquel día el aviso llegó poco antes de la misa de  ocho. Era invierno y había estado lloviendo durante toda la noche. Ya había amainado, pero había grandes charcos de agua en el pavimento. Teníamos que ir a la calle Carreteras, lo recuerdo muy bien. Aquella procesión era cosa seria y la gente que con ella se encontraba debía mostrar su respeto arrodillándose y los hombres, además, descubriéndose, si llevaban sombrero o boina. La suerte del que no lo hacía así dependía en muchos casos de dónde y cómo había vivido la guerra. Salimos de la iglesia por la puerta principal, entramos por la calle del Poyo y alcanzamos la plaza de la Almagra. Entonces se madrugaba y a aquella hora ya estaba funcionando el puesto de jeringos que se montaba frente a la farmacia de Villegas; el jeringuero, con su portentosa nariz de avaro y su abundante chepa empezaba a montarlo a las cinco de la mañana. Varios clientes formaban corro para aprovisionarse de las suculentas ruedas. Al lado del puesto había un charco enorme y ante él un hombre de unos sesenta y cinco años. En el puesto todos se arrodillaron al llegar la procesión, pero el hombre ante el charco se limitó a quitarse la boina y a inclinarse respetuosamente. Cuando don Julián llegó a su altura se detuvo, se giró y se quedó frente a él. "¡Arrodíllese!", gritó con su imponente vozarrón de tenor. "¡Arrodíllese ante el Hijo de Dios!" El hombre vaciló, retorció la boina entre las manos y, trabajosamente, pues no debía andar muy bien de las articulaciones, se dejó caer hasta que sus rodillas se sumergieron por completo en el agua. 


jueves, 13 de mayo de 2021

TABERNA SALINAS

 

               

          

                                       Taberna Salinas


    Recuerdo que tenía las sienes de caoba,

    recuerdo más: sus labios de ceniza, sus mejillas

    de cera y el brillo de los ojos

    como una flor de pétalos ardientes.

    Fueron sus manos grandes las que me conmovieron:

    eran manos de hombre convencido de serlo,

    manos para el consuelo y para la torpeza.

    La luz de una bombilla naufragaba en las sombras

    de la sala y el silencio –una aguja de vidrio–,

    penetraba impasible hasta el fondo del pecho.

    Luego, mientras cantaba,

    con el codo levemente apoyado

    en la vieja madera de la barra,

    mientras cantaba digo –sus voz de espinas rojas,

    el lamento desnudo que desgarraba el aire,

    el quejido inasible– mientras cantaba,

    yo descubrí que el tiempo no era el río que nos lleva

    ni el ácido implacable que abrasa nuestras células,

    sino una inmensa cúpula de mármol luminoso

    bajo la cual giraban perpetuas las estrellas.

    Hace ya… Yo era un muchacho entonces

    y el mundo siguió andando.

    El mundo, no hace falta decirlo,

    no se detiene nunca.

    El agua que ahora pasa sin fin bajo los puentes

    ya no es la misma agua.

    Todo se deshilacha, todo claudica y muere.

    Pero sé que en el valle adonde van

    las noches cuando las vence el día

    hay una que cruzó la línea de lo eterno,

    aquella que imborrable conservo en la memoria.


De: Mi patria 

Propiedad del autor.


lunes, 10 de mayo de 2021

ESCLARMONDE LA GRANDE

Desde el castillo de Montsegur (Francia), enclavado en la cumbre del monte Pog, la vista es sobrecogedora. Este es el país de la lengua de oc, el Languedoc, lengua en la que los trovadores ofrecían a su enamorada delicadas y aun sublimes endechas de un amor exquisitamente platónico, compuesto sobre todo de miradas, sonrisas, versos y canciones. Es también, junto con la Provenza, el país de los cátaros.
A los pies del castillo, que hoy conserva sólo los muros exteriores, abajo de un cortado de casi mil metros de altura, se contempla la pequeña población de Montsegur, de aspecto medieval y con no más de 120 habitantes. Más abajo aún, en medio de una espesura de un verde exuberante, se descubre el poderoso monasterio de Dame de Prouille, fundado por Domingo de Guzmán para acoger a mujeres cátaras que se habían convertido al catolicismo. Es también la cuna de la Orden Dominicana, fundada igualmente por el santo de Guzmán, los dominicos, nombre que no procede del de Domingo, sino que viene del latín domini canis, que significa perros de Dios, porque eso eran los dominicos, perros, pero perros de presa. Según cuenta su hagiografía, aquí también recibió Domingo la aparición de la Virgen María, quien le enseñó el rezo del rosario y le ordenó que lo difundiera entre la cristiandad. Y, por último, de aquí salió Domingo de Guzmán para encabezar junto a Arnoldo Amalrico, abad de Citeaux y al mercenario Simón de Monfort, la cruzada contra los cátaros y albigenses que en 1209 había decretado Inocencio III. Domingo de Guzmán fue el responsable de la muerte en la hoguera de centenares de herejes, así como de la quema de numerosos libros considerados heterodoxos.
El pintor Berruguete lo inmortalizó en dos célebres cuadros, en uno quemando los libros, en otro presidiendo un auto de fe. Sin duda fueron estos los méritos principales que inclinaron al papa Gregorio IX a canonizarlo en 1234.
Volviendo a Montsegur, al norte y nada menos que a 82 Km. se divisa en días claro Toulouse, al nordeste de la cual y a unos 40 Km. se sitúa Carcassonne, plaza fuerte y sede de la corte de los reyes visigodos, ciudad que sufrió duramente el ataque del ejército católico. Entre empinadas y escalofriantes cumbres se divisa Albi, población que dio a los cátaros el nombre de albigenses, porque en ella se congregaban numerosos de aquellos herejes
A unos 30 Km. de Montsegur, enclavada entre boscosos montes que la resguardan y protegen, se divisa perfectamente Foix, sede del condado del mismo nombre, en cuyo castillo nació en 1151 Esclarmonde de Foix, hija del cuarto de los condes y una de las mujeres más relevantes de la Edad Media, recordada en el país como Esclarmonde la Grande. El anatema que sufrió por parte del papa y el odio de Felipe IV, rey de Francia, así como la destrucción sistemática de los escritos cátaros, han hecho que al día de hoy no quede apenas noticia de ella.
Esclarmonde de Foix, cuyo nombre significa claridad del mundo, es conocida entre los historiadores que se han especializado en el tema cátaro (la mayoría de los demás no tiene ni idea de quien fue esta señora) como Esclaramonde la Mayor, para distinguirla de su biznieta, llamada también Esclarmonde de Foix, que fue reina de Mallorca por su matrimonio con Jaime II de Mallorca y, paradójicamente, si recordamos de quien descendía, acabaría subiendo a los altares como beata
En 1200, tras quedar viuda de Jourdan III, señor de L'Isle Jourdan, con quien tuvo 6 hijos, Esclaramonde se estableció en Pamiers, a unos 17 km. de Foix. Es esta una notable ciudad encajada en un cerro a orillas del río Ariège, que nace en las cumbres nevadas de Andorra, dotada incluso de catedral. En su castillo, residencia de Esclarmonde, se celebró la conocida como Conferencia de Pamiers, organizada por la castellana, en la que clérigos y teólogos católicos, encabezados por Domingo de Guzmán, debatieron con representantes del catarismo. Para entonces, el papa Alejandro III había desatado ya la primera persecución contra los herejes y el abad Henrich de Clairvaux, a quien encargó la dirección de la empresa, iba por el país ajusticiando cátaros en la hoguera. Esclaramonde preguntó a los católicos asistentes a la conferencia si creían que aquella persecución tenía algo de cristiano, a lo que Domingo de Guzmán muy enfadado y escandalizado de la presencia de la dama, replicó: "señora, usted debería de estar en su huso. En una reunión como esta nada tiene que hacer." Poco después terminó la conferencia sin ningún acuerdo, pues los católicos no habían acudido con el propósito de acordar otra cosa que no fuera la renuncia de los cátaros a sus creencias y su ingreso o reingreso en la Iglesia de Roma.
Mujer muy culta, Esclaramonde fundó escuelas y hogares para los necesitados y en 1204 recibió el "Consolamento", especie de ordenación sacerdotal mediante la cual entró a formar parte de los "puros" o "perfectos", esto es, los pastores encargados de la predicación y de la atención espiritual de los creyentes, ya que, a diferencia de los católicos, los cátaros aceptaban que la mujer pudiera recibir órdenes sagradas en pie de igualdad con el hombre. En el acto de su "ordenación", los nuevos perfectos formulaban el siguiente voto: "Prometo consagrarme A Dios y a su verdadero evangelio, no mentir nunca, no jurar nunca, nunca más tocar a una mujer (o a un hombre, según el sexo), no matar ningún animal, no comer carne y vivir solamente del fruto. Y prometo no traicionar nunca mi creencia." Se podrá estar o no de acuerdo con este voto, pero el caso es que lo cumplían. A rajatabla. No se puede decir lo mismo de los católicos con los suyos.
En 1207 accedió al papado el megalómeno y semidios Inocencio III. Como la persecución de Alejandro III no había dado todo el fruto que Roma esperaba, este papa, ambicioso y belicoso, proclamó una cruzada contra los cátaros. Inmediatamente tuvo el apoyo del rey de Francia Felipe IV, que ambicionada apoderarse del Languedoc y la Provenza, territorios entonces independientes del Estado francés. Se formó un enorme ejército y empezó la cacería. Sin Piedad. Como Cristo había ordenado a sus apóstoles. Ciudad tras ciudad fueron cayendo en poder de los católicos quienes pasaban a cuchillo o enviaban directamente a la hoguera a hombres, mujeres y niños considerados herejes. El rey francés había prometido a la hueste rico botín y el papa, la salvación eterna a todo el que se mantuviera en la lucha durante cuarenta días. Alrededor de quinientas mil personas, según los cálculos más restrictivos, perecieron en aquella verdadera tormenta del infierno que cruzó de punta a punta el país una y otra vez durante más de treinta años. Los católicos perseguían sobre todo a los puros, con objeto de descabezar la herejía, pero en su vesania no perdonaban a nadie. Incluso en más de una ocasión, Beziers, es el principal y más duro ejemplo, los cruzados mataron a la totalidad de los habitantes de una ciudad, sin comprobar si eran cátaros o católicos, con el argumento de que Dios reconocería a los suyos en la otra vida.
Al final sólo quedó Montsegur. Castillo inexpugnable, en él se refugiaron los puros, entre ellos Esclarmonde, dispuestos a resistir el tiempo que fuera necesario. Y resistieron todavía cinco años más, hasta que en la madrugada del Domingo de Ramos de 1244, unos pastores a los que habían sobornado les mostraron a los sitiadores una senda por la que era posible llegar casi hasta las almenas. Poco después cayó el castillo y aquel mismo día en el Campo de la Pira, nombre que recibió entonces el espacio y conserva hasta el día de hoy, transidos de pura caridad cristiana, los católicos quemaron a doscientas cinco personas. Otras cuatrocientas fueron trasladadas a Carcassonne, donde no tardarían en morir víctimas de los malos tratos y de la insalubridad de las mazmorras a las que fueron arrojadas. Qué mejor forma por parte de los católicos de iniciar la Semana Santa con el recuerdo de la muerte y resurrección de Cristo. Aquel día debió perecer también la hoguera Esclaramonde, aunque no quedó constancia del nombre de los condenados.
Los cátaros tenían muchas creencias singulares, pero hay una especialmente poética: creían que tras la muerte el alma viajaba de estrella en estrella hasta fundirse enteramente con la divinidad. 

Fuentes principales:
Cruzada contra el Grial.- Otto Rahn
La Corte de Lucifer.- Otto Rahn
Los Cátaros.- Paul Laval
Historia de los papas.- Juan María Laboa
Historia concordada de los Concilios ecuménicos.- José Delgado
Las grandes herejías de la Europa cristiana.- Emilio Mitre