sábado, 18 de septiembre de 2021

FUGA DE LA MUERTE

 Negra leche del alba la bebemos de tarde
la bebemos a mediodía de mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos...


Así empieza el poema más representativo de los ochocientos que publicó Paul Celan, uno de los poetas más importante del siglo XX europeo.
Ser judío en tiempos de los nazis, ser además rumano y para colmo escribir en alemán, porque esa es tu lengua materna, es contar con casi todos los números para vivir una vida traspasada por el dolor, la angustia y la desesperación. Y Paul Celan no escapó a su destino. No pudo.
Celan nació el 23 de noviembre de 1920 en Czernowitz, capital de la Bucovina, región al borde de los Cárpatos, que recibe su nombre debido a los muchos y bellísimos hayedos (en las lenguas eslavas la raíz buc significa haya.) que se suceden en su territorio. Era también una región con una gran diversidad étnica y cultural, que hasta el final de la primera guerra mundial había pertenecido al Imperio Austro-Húngaro. Por aquel entonces, la capital contaba con más de cien mil habitantes, la mitad de ellos judíos de habla alemana. Hoy forma parte de Ucrania.
La segunda guerra mundial interrumpió los estudios de medicina de Celan. En 1941, tropas alemanas ocupan la Bucovina, después de la retirada de los rusos, que la habían ocupado en 1940. Es entonces cuando el poeta recibe un golpe terrible, del que no lograría recuperarse en el resto de su vida. 
Hijo único, con su padre tuvo diferencias de carácter e ideológicas que pronto resultaron insalvables. Celan por ejemplo rechazaba el sionismo paterno y, en contra de su criterio, recaudaba dinero para la causa republicana en la guerra española. Dos poemas suyos, Todo en uno y Shibbólet, incluye la expresión "¡No pasarán!", exactamente así, en castellano. A su madre, en cambio, la adoraba. Judía ortodoxa, ella, con su ejemplo, imbuyó en el niño el amor a la lectura y a la poesía.
Si nada bueno había tenido para los judíos la experiencia con los rusos, la llegada de los alemanes, precedidos por tropas del pronazi ejército rumano, supuso una verdadera catástrofe. Sólo en los primeros días asesinaron a más de tres mil judíos, empezando por su líderes y rabinos, prendieron fuego a la sinagoga y unos cuarenta y cinco mil los recluyeron en el antiguo gheto de la capital. De allí, los fines de semana realizaban sacas que deportaban a campos de concentración. A través de una amiga, Ruth Lackner, actriz del Teatro Estatal Yiddish, se le ofreció a la familia de Celan la oportunidad de refugiarse en una fábrica de detergentes y jabones propiedad de un acaudalado y compasivo rumano. 
Los padres se negaron a abandonar la ciudad, convencidos de que nada se puede hacer contra el destino. Celan, enfadado por primera vez con su madre, le reprochó su fatalismo, rogándole que aceptara la oferta de su amiga y, dando por sentado que los había convencido y que sus padres se reunirían con él, recogió a su amiga y salió para el refugio. Pero los padres no lo siguieron. Los alemanes se apoderaron de ellos aquel mismo fin semana, los trasladaron al campo de concentración de Mijailovka, a orilla del río Bug. Celan no volvió a verlos nunca más y allí se torció para siempre su vida. El resto de ella se sintió culpable de no haber insistido más hasta llevárselos con él al refugio. Luego, el poeta viviría, sobre todo, en París, se casaría y tendría un hijo, escribiría y traduciría, recibiría premios y el 20 de abril de 1970, se quitaría la vida arrojándose al Sena desde el nada romántico puente Mirabau.
No es fácil la poesía de Celan, porque sus poemas rebosan de referencias personales y de datos y símbolos históricos, filosóficos, científicos e incluso teológicos, pero, aun desconociendo tales símbolos y datos, su lectura resulta siempre inquietante y emotiva, un verdadero revulsivo para el lector. 


El poema cuyos primeros versos inician esta entrada tiene el título de
Fuga de la muerte, hace referencia al holocausto, estremecido el poeta por lo sucedido a sus padres. Aquí va entero:

Negra leche del alba la bebemos de tarde
la bebemos al mediodía de mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavamos una fosa en los aires no se yace allí estrecho
Vive un hombre en la casa que juega con las serpientes que escribe que escribe al oscurecer a Alemania tu pelo de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus mastines
silba a sus judíos hace cavar una fosa en la tierra
nos ordena tocad a danzar

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana a mediodía te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
Vive un hombre en la casa que juega con las serpientes que escribe al oscurecer a Alemania tu pelo de oro Margarete
Tu pelo de ceniza Sulamit cavamos una fosa en los aires no se yace allí estrecho

Grita hincad los unos más hondo en la tierra los otros cantad y tocad
agarra el hierro del cinto lo blande son sus ojos azules
hincad los unos más hondo las palas los otros seguid tocando a danzar

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía de mañana te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
vive un hombre en la casa tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamit juega con las serpientes
grita que suene más dulce la muerte la muerte es un Maestro Alemán
grita más oscuro el tañido de los violines así subiréis como humo en el aire
así tendréis una fosa en las nubes no se yace allí estrecho

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía la muerte es un Maestro Alemán
te bebemos de tarde y mañana bebemos y bebemos
la muerte es un Maestro alemán su ojo es azul
él te alcanza con bala de plomo su blanco eres tú,
vive un hombre en la casa tu pelo de oro Margarete
azuza sus mastines a nosotros nos regala una fosa en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un Maestro Aleman

tu pelo de oro Margarete
tu pelo de ceniza Sulamit

Las insistentes repeticiones semejan la composición musical de la fuga, anunciada en el título del poema, pero aun sin caer en la cuenta de esto, resultan estremecedoras.
Margarete es la amada del Fausto de Ghethe
Sulamit es la Sulamita, amante de Salamón en el Cantar de los Cantares.
El poema, escrito en 1948, figura en los libros de texto de los estudiantes de primaria en Alemania.
La totalidad de la poseía de Celan ha sido publicada en edición bilingüe, castellano-alemán por la Editorial Trotta, siento esta la primera vez que toda ella se traduce a un idioma extranjero.


martes, 14 de septiembre de 2021

VIRGEN ANTES DE NACER

 "...Era mi propósito enseñarte cómo puedes educar a nuestra querida Paulita, la que antes de engendrada ya fue consagrada a Cristo, a la que recibiste antes en tus promesas que en tu seno...
"Un alma que va a ser templo del Señor así debe ser educada. Que aprenda a ni oír ni hablar nada, a no ser lo que tenga que ver con el temor de Dios. Que no entienda las palabras feas, que ignore las canciones mundanas, que la lengua aún tierna se imbuya de dulces salmos. Que estén lejos de ella los niños en edad juguetona y que sus mismas esclavitas y sirvientas sean apartadas del trato del mundo, para que no enseñen peor cuanto mal aprendieron...
"Ante todo hay que procurar que no odie los estudios... Debe elegirse un maestro de edad, vida y erudición intachables... Tú también has de procurar no acostumbrar a tu hija, con los inútiles melindres de las mujeres, a decir las medias palabras y a jugar con el oro y la púrpura, uno de los cuales arruina la lengua, el otro las costumbres, que no aprenda en la tierna edad lo que debe desaprender después...
"Que la nodriza no sea borracha, ni deshonesta, ni charlatana, que tenga una niñera modesta, un tutor serio. Que aprenda para qué general, para qué ejército se educa la pequeña recluta...
"Que su propia apariencia y vestido le enseñe a ella a quien ha sido prometida. Ten cuidado de no agujerearle las orejas, de no pintar su rostro consagrado a Cristo con carmín y albayalde, de no oprimir su cuello con collares de perlas y oro, de no recargarle la cabeza con gemas, de no volverle rubio el cabello de forma que a ella le anuncie el fuego del infierno...
"Pretextata, en otro tiempo muy noble mujer... cambió la forma de vestir y la apariencia de Eustoquia, recomponiendo su pelo descuidado con ondulaciones, deseando vencer el propósito de Eustaquia de mantenerse virgen. Y hete tú que en la misma noche (Pretextata) ve en sueños que ha venido junto a ella un ángel de rostro terrible, que... le lanza bruscamente estas palabras: '¿Pero es que tú te has atrevido a tocar con tus sacrílegas manos la cabeza de una virgen de Dios? Esas manos ya ahora se resecarán, para que, atormentada, te des cuenta de qué has hecho, y, acabado el quinto mes, serás llevada a los infiernos. Y también, si perseveras en el delito, a la vez al marido y a los hijos perderás.' Todo se cumplió según lo dispuesto, y una rápida muerte selló la tardía penitencia de la desgraciada. Así se venga Cristo de los violadores de su templo...Y así te lo he contado no porque quiera regocijarme con las calamidades de los desgraciados, sino para advertir con cuánto miedo y precaución debes conservar lo que prometiste al Señor... Ofrecer o no a Dios a tu hija era algo que estaba en tu albedrío, aunque tu caso es distinto, pues la ofreciste antes de haberla concebido.
"Cuando empiece a ser un poco mayor... que vaya al templo del verdadero Padre con sus padres... que imite a María, a la que Gabriel encontró sola en su aposento, y acaso por eso se sobrecogió de temor, porque vio delante a un hombre al que no estaba acostumbrada... Que no salga nunca fuera, no sea que la encuentren quienes callejean por la ciudad, la golpeen y la hieran y, quitándole el velo de la honestidad, la dejen desnuda y ensangrentada...
"Acordaos que sois padres de una virgen y que podéis enseñarle más con vuestro ejemplo que con la palabra... Que ningún joven pueda sonreírle. Que celebre nuestra virgencita los días y las solemnes vigilias... No quiero que intime con ninguna de sus esclavillas... Que le pongas al frente una virgen veterana, quien la pueda enseñar y con su ejemplo la acostumbre a levantarse por la noche para las oraciones y los salmos, a cantar himnos por la mañana, a estar en posición de combate como guerrera de Cristo...
"Si alguna vez sales a tus posesiones de fuera de la ciudad, no dejes en casa a tu hija: que no sepa ni pueda vivir sin ti; cuando haya de estar sola, que sienta miedo...
"Algunos han recomendado que una virgen de Cristo no se bañe junto a eunucos ni junto a mujeres casadas... A mí me desagradan completamente los baños en la virgen adulta, que debe sonrojarse ella misma y no poder verse desnuda... Pues si con vigilias y ayunos mortifica su cuerpo, ¿por qué, por otro lado, despierta fuegos dormidos con los colores de los baños?"


¿Para qué seguir? Este es un resumen de una carta del eminentísimo Eusebio Sofronio Jerónimo, más conocido como San Jerónimo (342-420), a una matrona romana de nombre Leta, en la que, como se ve, le ofrece toda una serie de preciosos consejos para la educación de su hija Paulita. 
Cabe recordar, en primer lugar, la debilidad de los Padres de la Iglesia por las matronas romanas, mujeres de alta alcurnia, no con fines libidinosos, desde luego, sino porque sabían que conquistadas éstas toda la familia acababa conquistada. 
Pero el asunto de la carta es mucho más grave. Siguiendo, sin duda, el consejo del mismo Jerónimo, la tal Leta, decide el destino de su hija antes incluso de ser concebida, sin tener en cuenta, ni ella ni San Jerónimo, la opinión  de la niña una vez nacida y saltando por encima del más mínimo respeto por su integridad personal. ¡Y qué destino! Una vida de ascetismo y de penitencia para la que era necesario preparar a la niña desde sus primeros balbuceos.
Aparte la misoginia que desprende la carta casi en cada párrafo, la misma que tiene San Jerónimo hacia la pequeña Paulita es la consideración que la Iglesia ha tenido por la dignidad humana desde los primeros tiempos, consideración que sigue siendo idéntica en la actualidad, a pesar de las bellas palabras que suele prodigar el papa Francisco, palabras que, al no ir acompañadas de acciones, no dejan de ser una burda máscara. 
Es también digno de resaltarse las continuas amenazas que San Jerónimo dirige a la matrona, incluido el ejemplito, claramente inventado, de la tal Pretextata, así como la repetida invocación al miedo y la no menos pudorosa prohibición de los baños. Por último, véase la concepción del cristianismo como un ejército en permanente guerra con los que no se encuentran entre sus fieles.

Fuente: Epistolario San Jerónimo. B.A.C. 1962
Imágenes: Archivo personal
Las negritas son mías.

domingo, 12 de septiembre de 2021

EL CAMINO DE KABUL

¿Pero cómo han podido triunfar los talibanes, esos "buenos terroristas, pero malos soldados"? Esto se preguntaba el pasado 16 de agosto, dos días después de la toma de Kabul, el pseudofilósofo y antiguo niño bonito francés Bernard-Henry Levy, y esta es la gran pregunta que sigue haciéndose hoy, casi un mes después, el mundo occidental.


Ocurre, para empezar, que tanto políticos como medios de comunicación en general, y desde luego los más influyentes, nos han estado engañando como engañamos a los niños con los Reyes Magos o con Papá Noel. Un refrán afgano afirma:
"Si alguien dice la verdad, dale un caballo, que lo necesita para salir huyendo." Y Bon Crowley, coronel retirado, asesor del  cuartel general de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF, por sus siglas en inglés), la misión de la OTAN en Kabul en 2013-2014, afirmaba el 3 de agosto de 2016: "La verdad rara vez era bienvenida... Todos en el ISAF querían oír sólo buenas noticias, por lo que las malas a menudo se silenciaban... Cuando intentamos expresar preocupaciones estratégicas de mayor calado sobre la voluntad, la competencia o la corrupción del Gobierno afgano estaba claro que no tenían buena acogida y que al "jefe" no le gustarían... El gobierno afgano era la mayor fuente de inestabilidad, por la corrupción."


Para los norteamericanos y el resto de las fuerzas internacionales que los seguían como los patitos a su madre, el de Kabul ha sido un camino de ida y vuelta; el de ida en plan marcha triunfal, pero el de vuelta con el rabo entre las piernas. No es la primera vez que los afganos, talibanes o no, arrojan más allá de sus fronteras a poderosos invasores. En su día, expulsaron a los mogoles y a los persas; en el siglo XIX, a los ingleses; en el XX a los rusos, y en el XXI a Estados Unidos, la mayor potencia militar del planeta, y a las fuerzas de la OTAN.
Que el de Norteamérica es un Estado belicista no creo que haya mucha gente que, a estas alturas, se atreva a ponerlo en duda. No hay problema en el mundo que les afecte directa o indirectamente que no se propongan resolverlo con la fuerza de las armas. Siempre enarbolando la falsa bandera de la defensa de los derechos humanos y de la democracia. Y no importa el partido que gobierne ni quien sea el presidente de la nación.
La intervención armada de los EE.UU. en Afganistán tiene una prehistoria, que se remonta nada menos que a 1979, cuando, en secreto, empezó a ayudar a los muyahidines que luchaban contra el régimen prosoviético de Kabul. Y justo en esta ayuda se encuentra la primera mentira, pues la versión oficial era que se había iniciado tras la invasión del país por parte de la Unión Soviética, hecho que se produjo en diciembre de 1979. Tal versión era falsa, como en entrevista concedida al Nouvel Observateur el  15 de enero de 1998 afirmaba Zhigniew Brezinski, consejero de seguridad del presidente Cárter.
"El presidente firmó la primera directiva de ayuda clandestina a los opositores al régimen de Kabul el 3 de julio de 1979", declaraba Brezinski. Fue esta ayuda, precisamente, que los servicios de inteligencia rusos detectaron de inmediato, la que produjo la intervención directa de la URSS, que se realizó en diciembre de 1979. Brezinzki sigue diciendo en la entrevista, que tras esta intervención le escribió al presidente Carter la siguiente nota: "Ahora tenemos la oportunidad de darle a la URSS su guerra de Vietnam.", nota en la que el cínico consejero de seguridad reconocía implícitamente que lo de Vietnam había sido para ellos una derrota en toda regla. 
La Unión Soviética afirmó siempre que había entrado en Afganistán debido a la ayuda de los EE.UU, pero nadie la creyó. La mentira es siempre más creíble y tiene un recorrido más largo y profundo que la verdad. Para la URSS, esta intervención, con la inevitable guerra que siguió, fue una de las piezas principales en su caída. Su retirada el 15 de agosto de 1988, propició que los talibanes gobernaran el país algún tiempo después, entre 1996 y 2001, un periodo de horror durante el que estos bestias atacaron a la cultura que consideraban foránea, recordemos las destrucción de las obras de arte, y, principalmente, a las mujeres, que son para ellos poco, pero muy poco, más que animales y que, en los tiempos modernos, no habían sido tan libres como durante el gobierno socialista pro soviético.
La intervención directa de EE.UU se produjo poco después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, de los que ahora se cumplen veinte años (cómo corre el maldito tiempo). 
El fantoche George Bush,  sediento de venganza, ordenó la inmediata invasión del país con la excusa de apoderarse de Bin Laden, ideólogo responsable de los atentados, que al parecer los talibanes se negaban a entregar. Con el apoyo de la OTAN, la invasión se produjo el 7 de octubre de 2001 y, para finales de año, habían tomado Kabul y expulsado a los talibanes del poder. Una operación relámpago, tras de la cual Bush cantó victoria, anunciando que a continuación se crearía un Estado democrático y liberal, al estilo americano, vamos.
Que tal canto no era más que una fanfarronería o, lo que es lo mismo, una mentira, lo prueba el hecho de que seis meses más tarde, el 17-6-2002, Donald Runsfeld, secretario de Defensa de USA decía en una de sus notas confidenciales: "Nunca conseguiremos sacar al ejército estadounidense de Afganistán, a menos que... ocurra algo que nos asegure la estabilidad. ¡Socorro!" Y el 4 de septiembre de 2003, añadía: "No tengo la información necesaria para determinar quiénes son los malos."
Diez años después, el premio nobel de la Paz Barack Obama, que durante la campaña electoral había prometido la retirada de las tropas americanas, decide el envío de 100.000 soldados de refuerzo, el mayor contingente hasta la fecha, para, otra mentira, un último ataque, porque los talibanes no sólo no habían desaparecido, sino que seguían combatiendo.
Nueve años más tarde, el 29 de febrero de 2020 se firman los acuerdos de Doha (Daqar) entre los talibanes y el gran fanfarrón y mayor embustero Donald Trump, acuerdos que constituyen una verdadera capitulación de los norteamericanos pues suponía la retirada de las tropas para finales de 2021 a cambio de la promesa de los talibanes de portarse bien. Trump no contó ni con el gobierno afgano, al que oficialmente apoyaba, ni con sus aliados. Pero ensalzó los acuerdos como un triunfo de su mandato.
Durante estos veinte años la misión democratizadora le ha costado a EE.UU. la friolera de casi dos billones de dólares. ¿Y que han conseguido con semejante esfuerzo económico? Pues que se haya producido la muerte de 160.000 afganos, según la ONU, muchos de ellos civiles; de 2400 soldados americanos y de 1500 militares de la OTAN, entre ellos, 72 españoles. Ha conseguido que el país sea al día de hoy el primer productor de opio del mundo, con el 90% de la producción mundial, que representa el 15% de su  producto interior bruto. Ha conseguido que Afganistán se convierta en una cleptocracia, esto es, un país que hasta la toma de Kabul por los talibanes, tenía un gobierno dedicado fundamentalmente al robo. Y acaban de conseguir con su derrota, la opresión nuevamente de las mujeres afganas.
¿Pero aún así, por qué han ganado los talibanes? Hay varias razones, pero fundamentalmente dos: La primera es que estaban subestimados, dando por sentado que se trataba de unos pocos y bárbaros insurgentes de la etnia pastun, situada al sur del país. Bárbaros son, pero de pocos nada: han llegado a reunir hasta 100.000 combatientes. Y tampoco son sólo pastunes, sino que están presentes en todo el país. Como ejemplo de variedad de origen, en su Consejo de Mando, compuesto por doce miembros, cuenta con un tayiko, un uzbeko y un turcomano.


La segunda razón es la enorme corrupción de todos los medios oficiales, de manera especial de la Justicia. Una Justicia corrupta, y ese es el camino que lleva buena parte de la española, no sólo ampara la corrupción, sino que la promueve. Los talibanes han sabido cubrir las deficiencias del Gobierno central respondiendo a las demandas populares de servicios públicos, entre ellos y en primer lugar todos los relacionados con la Justicia. Especialmente en las zonas rurales han ido estableciendo un sistema paralelo al gubernamental de jueces honrados que dirimen los litigios directamente con los litigantes, dictando sentencia en el curso de sólo unos días o, en los casos más delicados, de unas semanas o unos pocos meses. Tienen tres niveles de jurisdicción: tribunales de distrito, de apelación en cada provincia y supremo. Los jueces se forman en una madrasa y los que aprueban el examen final obtienen su destino en una provincia distinta a la de origen y además rotan cada cierto tiempo con el propósito de evitar el amiguismo. Han creado también un cuerpo de inspectores que comprueban la honradez de los jueces y si descubren a alguno que ha recibido dinero o regalos es destituido inmediatamente y castigado con severidad. Un usuario de este sistema en la provincia de Logar, que prefería mantener el anonimato declaraba: "Si fuera rico, apelaría a los jueces del gobierno: basta con pagar y ganas. Pero si eres pobre, los talibanes son tu única solución." A pesar de su simpleza, esta declaración lo explica todo. 

Imágenes por orden de aparición de:
La noticia Charlotte
Telemadrid
Wikipedia
Leo Basi en Twiter
Archivo Casa Blanca
Wikipedia
Pixabay
Euronews.com

P.S. Esta entrada constituye principalmente un resumen de la extensa y muy buena información que publica Le Monde Diplomatique en el presente mes de septiembre.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

CARNE DE BRAGUETA

Se afirma que Cádiz es la ciudad de la luz, la ciudad de la alegría y la ciudad de la libertad, porque en ella se elaboró y se firmó la Constitución de 1812 y se establecieron las primeras Cortes liberales que existieron en el país, hechos que han propiciado la existencia de una Museo de las Cortes, histórico, situado en un suntuoso edificio de la calle Santa Inés. No obstante, sin negar ninguno de los calificativos anteriores, sino más bien reafirmándolos, tengo para mí que, sobre todos ellos, Cádiz es la ciudad del ingenio, cualidad que ha sacado a relucir en numerosas ocasiones de su dilatada y muchas veces azarosa historia.
Una de estas ocasiones se sitúa en la época del hambre tras la guerra de 1936-39, décadas de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. La población gaditana se asienta en una península, con un istmo tan estrecho, que casi puede considerarse una isla. Carece de tierras de cultivo y cría de ganado, de manera que todo lo que llega a sus mercados, fruterías y, en general, establecimientos de alimentación, procede del mar. No hay que derrochar mucha imaginación para entender cómo sería el suministro de alimentos en Cádiz, si éste era ya problemático en todo el país. Aparte de pescado, no era mucho lo que llegaba a la ciudad y esta escasez la sufrían sobre todo los barrios más populares.
Uno de estos barrios era y es el muy singular de Santa María, situado en una pequeña elevación que mira al mar y a la catedral y es famoso, entre otras cosas, por los magníficos cantaores de flamenco que en él nacieron y muchos de ellos viven. Algunos de los hombres de este barrio trabajaban en el Matadero. Allí mataban las reses que llegaban a la ciudad, le quitaban la piel, las descuartizaban y, en fin, las preparaban para su traslado al mercado, todo ello a mano, que era como se hacía casi todo por aquel entonces. Acuciados por la necesidad que había en sus casas, entre corte y corte, los hábiles jiferos hacían desaparecer alguna que otra buena tajada metiéndosela por la bragueta del pantalón y escondiéndola en los calzoncillos, que entonces eran de aquellos que llegaban hasta la pantorrilla donde se ajustaban con una cinta para que no se subieran.
Concluida la jornada, salían para sus casas con su carga entre las piernas. ¿Y que hacían sus mujeres con tan preciosa mercancía? ¿Qué iban a hacer? ¡Prepararla para darse un buen festín toda la familia! Contestará la mayoría. ¡Qué disparate! Aquel era un manjar demasiado valioso para sus humildes mesas y eran muchas las cosas que faltaban en la casa.
¿Qué hacían entonces? La cogían con todo cuidado, como si se tratara de un objeto sagrado, la troceaban convenientemente, la guardaban en un canasto e iban de puerta en puerta por los barrios acomodados, calle Ancha, Plaza de San Antonio, plaza de Mina, etc. pregonándola al murmullo de ¡carne de bragueta!, ¡carne de bragueta! Y la gente pudiente se la quitaba de las manos. ¡La vendían a mitad de precio de la que los carniceros ofrecían en el mercado!

Imágenes: La de arriba del Blog de Humor
                  La otra de Internet.

 

domingo, 5 de septiembre de 2021

PIO IX Y LAS FINANZAS VATICANAS

Además de jefe espiritual de los católicos del mundo, el papa es el jefe político de un Estado terrenal, nacido al comienzo de la Edad Media gracias al hundimiento del Imperio romano, pero sobre todo a la falsa DONACIÓN DE CONSTANTINO, que estuvo circulando como auténtica durante varios siglos y que le permitió a Esteban II esgrimirla ante Pipino el breve para obtener y acrecentar un dominio territorial. Hoy, el Estado eclesiástico se reduce al Vaticano, territorio de sólo 44 hectáreas en el que tienen su sede los papas actuales, pero hasta 1870, fecha de la toma de Roma por las tropas que luchaban por la unificación de Italia, el territorio bajo soberanía papal abarcaba prácticamente el centro de Italia, con las actuales regiones del Lacio, Emilia Romaña, Umbría y Las Marcas. Como cualquier otro y a pesar de su carácter religioso, este Estado disponía, entre otras cosas, de un ejército, cuyo jefe supremo era el pontífice, y contaba con una economía que, a pesar de las ingentes cantidades de dinero que el Vaticano ingresaba, era casi siempre deficitaria y que durante el reinado de Pío IX adquirieron carácter dramático.
Juan María Mastai Ferreti, nombre real de Pío IX, había nacido en 1792 en Seniglagia, Marca de Ancona, en el seno de una familia noble, como lo mayoría de los pontífices, lo que constituye una prueba no pequeña de la inclinación del Espíritu Santo hacia la aristocracia. Con fama de liberal en sus comienzos, su pontificado, que se extendió de 1846 a 1878, concluyó como uno de los más reaccionarios de la historia.
En lo que se refiere a las finanzas, que es de lo que esta entrada trata, durante el reinado de Pío IX destacó la figura de Giacomo Antonelli, (1806-1876) un laico que había sido nombrado Tesorero Segundo de las Finanzas por Gregorio XVI, en 1844 y que Pío IX nombraría cardenal nada más ser elegido papa.
Aquí conviene aclarar que hasta 1917, con Benedicto XV, para ser cardenal no se necesitaba ser sacerdote, grado que en 1962 fue elevado a obispo por Juan XXIII. La jerarquía cada vez más cerrada y centralizada.
Giacomo Pertenecía a una familia de clase media, que él se encargó de ennoblecer desde sus privilegiados puestos. Doctor en Derecho, gozó de un poder extraordinario que, con el conocimiento y la anuencia del pontífice, administró a su manera. El historiador Henry Hearder lo califica de "personaje de la época de los Borgia", lo que hoy llamaríamos un fullero integral y hasta peligroso. Enemigo acérrimo del nacionalismo italiano, así como del liberalismo político, influyó poderosamente en Pío IX, quien siempre estuvo enterado de los trajines de su subordinado.
En 1845, todavía bajo el reinado de Gregorio XVI, organizó la conocida como Operación Leuchtenberg, consistente en la adquisición para el papado de una vasta extensión de terreno en la región de las Marcas, región que, aunque formaba parte de los Estados Pontificios, no eran propiedad del papa. Esta exitosa operación le valió el cargo de Gran Tesorero. Tras la revolución de 1848, Pío IX lo eligió para presidir el Consejo de Estado, cargo que simultaneó con el que ya tenía. Desde su nuevo puesto procedió, de una parte, a separar las finanzas del Estado de las propiamente papales y, de otra, a convertir el territorio bajo jurisdicción pontificia en un Estado policial, con el propósito, nunca logrado, de detener o, al menos, frenar la unificación de Italia.
A pesar de estas reformas, tanto las finanzas estatales como las propias de la Santa Sede continuaron siendo deficitarias. Para equilibrarlas, Pío IX no tenía inconveniente en pedir préstamos a los judíos de la casa Rotchild, a pesar de la inquina que tenía hacia los de su raza. Los Rotchild, por su parte, no dudaban en conceder tales préstamos, mientras el papa mantenía el último Gheto que existía en Europa, en el que se hacinaban los judíos romanos en condiciones higiénicas deplorables y sin libertad para entrar y salir cuando les pareciera oportuno. El negocio ha sido siempre el negocio, lo realice Agamenón o lo realice su porquero.
El papado perdió definitivamente sus Estados entre 1860 y 1870 y así se esfumaron los ingresos que, en forma principalmente de impuestos, procedían de ellos. La situación de quiebra se salvó gracias al llamado Óbolo de San Pedro, una contribución existente desde el siglo VIII que la Iglesia de Inglaterra hacía llegar a la Santa Sede. Pío IX consiguió que esta contribución se extendiera a los católicos de todo el mundo. Pero, aunque las aportaciones fueron importantes, no llegaron a ser suficiente, ni mucho menos.
En 1866, cuatro años antes de la toma de Roma y de la  lacrímogena declaración de prisionero por parte del papa, se creó la Unión Monetaria Latina, claro antecedente de lo que ciento cuarenta años después sería la Unión Monetaria Europea. Participaron en su creación Francia, Italia, Bélgica y Suiza, Estados a los que se fueron añadiendo España, Grecia, Rumanía, Austria, hasta un total de treinta y tres, entre los que había incluso países sudamericanos, como Venezuela, Colombia o Perú. Se estableció que las monedas de plata y oro de todos los miembros debían ser intercambiables. La Iglesia, siempre tan viva allí donde puede conseguir un beneficio económico, vio en aquella organización la ocasión de equilibrar su presupuesto y el papa, a través de su Gran Tesorero, Giacomo Antonelli, no tardó en solicitar y en obtener el ingreso en dicha Unión.
El Vaticano entonces abandonó el escudo, que era la moneda de uso en sus Estados, y se pasó a la lira decimal. Seguidamente, en una de las operaciones muy propias de la Iglesia, tan ducha en falsificaciones, procedió a la acuñación masiva de monedas de plata con una cantidad del preciado metal inferior a la prescrita por la Unión Monetaria Latina. De este modo, la Iglesia, y en su nombre Antonelli, consiguió grandes beneficios, pues largaba la moneda propia y conseguía la buena, que volvía a fundir para aligerarla de plata.


La operación era tan burda que los bancos franceses y suizos no tardaron en advertirla. Durante un tiempo, sin embargo, no hicieron nada, esperando la rectificación de la propia Iglesia una vez que sus finanzas mejoraran. Pero tanto Antonelli como el papa le habían tomado gusto al negocio fácil y persistían en el engaño, por lo que, finalmente, el Vaticano fue expulsado de la citada Unión Monetaria Latina. Poco después se iniciaría la época de las inversiones especulativas mediante la adquisición en las bolsas mundiales de acciones de todo tipo de empresas, incluidas las de armas y hasta ¡las de preservativos!
 
Fuentes:
El Vaticano y sus banqueros.- John F. Pollard
blognumismatico.com
Historia de los papas.- Juan María Laboa

Imágenes: 
Las monedas de numibids.com
El resto de internet

sábado, 28 de agosto de 2021

PEQUEÑA HISTORIA DE LA COMPAÑIA TELEFÓNICA

Trabajé en esta empresa durante treinta años, de 1968 a 1998, año en el que salí prejubilado, de manera,
 que lo que voy a contar a continuación no lo sé por referencias, sino porque lo viví y lo sufrí.
Cuando yo ingresé en ella la Empresa tenía aún el nombre de Compañía Telefónica Nacional de España; era un monopolio público creado en 1924 durante la Dictadura de Primo de Rivera. Desde el principio fue una sociedad anónima. Su creación se realizó con capital americano, aunque pronto el Estado se hizo cargo del 51% de las acciones, dejando el 49% en manos privadas.
Frente a una opinión más extendida de lo que hoy pueda creerse, los empleados nunca fuimos funcionarios. Ahora bien, gozábamos de una situación laboral que puede considerarse privilegiada si la comparamos con la que actualmente tienen la generalidad de los trabajadores. En concreto, desde 1968, fecha de mi ingreso, podemos especificar los siguientes puntos principales:
-Ingreso por oposición
-Posibilidad de realizar una carrera en la empresa mediante oposiciones.
-Contrato indefinido, tras dos meses de prueba
-Salarios decentes, si los comparamos con los que tienen hoy la mayoría de los trabajadores.
-En los puestos con turnos, primas por jornada de tarde, noche y festivos.
-15 días de vacaciones pagadas que muy pronto se convirtieron en 30.
-Jornada de 7,30 horas de lunes a viernes.
-Telefónica tenía establecido un convenio con la Seguridad Social por el que disponía de servicio médico propio.
-Los trabajadores que por accidente o enfermedad resultaban incapacitados para su trabajo habitual eran reclasificados en función de sus nuevas capacidades, sin pérdida de derechos.
-La empresa disponía de una institución de previsión, (I.T.P.=Institución Telefónica de Previsión) gracias a la cual nos jubilábamos con cuarenta años de servicio y el 100% del último sueldo.
Todo esto empezó a desmantelarlo el Partido Socialista tras su victoria electoral en 1982, comandado por Felipe González (algún día habrá que contar la historia de este individuo y el daño que le ha hecho a este país; por ejemplo, él fue el primero que recortó las pensiones), aunque materializado por Carlos Solchaga Catalán, el señor que aparece en la imagen y que ahora va diciendo que los jubilados no tenemos razón cuando reclamamos el blindaje de la pensiones y su actualización según el IPC. Lo dice, naturalmente, desde los privilegiados y seguros foros de los que siempre disponen estos elementos, porque carece de agallas para decírnoslo a los jubilados a la cara.
Este individuo, que tiene de socialista lo que yo de matador de toros, primero como ministro de Industria y Energía y, luego, de Economía y Hacienda, fue el que llevó a cabo la desindustrialización de España, gran operación a la que, con todo el cinismo del mundo, llamaron Reconversión Industrial.
En lo que a Telefónica se refiere, ya tenía el gobierno prevista su privatización; ahora bien, antes era necesario aligerar a la empresa de lo que consideraban cargas, pero que, en realidad, eran derechos adquiridos de los trabajadores. Así es que para empezar el Solchaga este procedió a eliminar la I.T.P., pasándonos a todos los trabajadores al régimen general de la Seguridad Social. Para justificar su decisión empleó el argumento de que en este país no podía haber trabajadores privilegiados, sino que todos tenían que ser iguales. Un argumento tan falaz como cínico, pues, para empezar, no se le ocurrió acabar con lo que él llamaba privilegio igualándonos a todos los trabajadores por arriba, sino que nos igualó por abajo. Pero, además, el tipo calló que para mantener la I.T.P, Telefónica aportaba la cuota que le hubiera correspondido abonar a la Seguridad Social más dos puntos, y los trabajadores nuestra cuota más un punto. Hubo protestas, naturalmente, que culminaron con una gran manifestación en Madrid en la que participaron más de cincuenta mil trabajadores, pero todo estaba perfectamente pilotado por los sindicatos. La prueba es que, al poco, llegaron a un acuerdo con la Empresa para crear un plan de pensiones privado y obligatorio en el que ellos tendrían la voz cantante. A partir de aquel momento, además, la empresa suspendió la reclasificación de trabajadores y los que ya lo estaban dejaron de pertenecer a ella y, tras previa evaluación, pasaron a depender de la Seguridad Social, de la que, a partir de entonces, cobraron una pensión.
La privatización la llevó a cabo José María Aznar. Vendió el 100% de la participación del Estado en la empresa, con la excusa, como en el resto de las privatizaciones de empresas públicas, de que se trataba de una directiva de la Unión Europea. Pero esa justificación era y es radicalmente mentira. (Por cierto, ¿este caballero ha dicho alguna vez una verdad?) En el caso concreto de Telefónica, que es lo que nos ocupa, lo que Europa exigía era la liberalización del mercado, no la privatización de la empresa. La prueba es que las principales países europeos, como Francia, Alemania, Italia, etc. siguen teniendo una compañía telefónica estatal, no en vano las comunicaciones son un sector estratégico que no se puede dejar enteramente en manos privadas.
Por otra parte, y esto sí que es para troncharse, el valor de la Compañía en aquel momento era incalculable. Piénsese sólo en la red de canalizaciones que unen a las distintas capitales y la mayoría de los pueblos entre sí y dentro de las ciudades y por las que discurren los cables, realizadas a lo largo de decenas de años; piénsese en el número de edificios propiedad de la empresa y su situación en las poblaciones; piénsese, en fin, para no alargar el listado, en los sucesivos equipos que fueron montándose a lo largo del tiempo en estos edificios. En España no había capitales privados con capacidad para, en su día, crear esta empresa; ni los habría habido para comprarla cuando se produjo su privatización. ¡Ay, amigo, pero es que el capitalismo tiene sus trucos! Telefónica se vendió por su valor en bolsa, que no tiene nada que ver con el valor real. Los que la adquirieron, principalmente bancos, hicieron el negocio de su vida.
Aunque negocio, lo que se dice negocio, quienes lo hicieron fueron Juanito Villalonga y Juan Perea. El primero fue el presidente de la Compañía nombrado por José María Aznar para pilotar la privatización; y el segundo, siguiendo la directrices de Villalonga, fue el creador de la famosa Terra, colosal fraude que, sorprendentemente no ha llegado a los tribunales de justicia, con la prisa que se dan fiscales y jueces para procesar, enjuiciar y sentenciar por verdaderos pegoletes, o por denuncias espurias, como las que suele realizar esa pseudo organización de Abogados Cristianos, por ejemplo.
Una vez privatizada, la empresa inició el camino del troceo y venta por partes. A título de ejemplo, así nació ATENTO, empresa creada para gestionar las averías, cuando este era uno de los departamentos más importantes de la Compañía. Mucha gente se quejaba entonces, pero en aquellos tiempos te atendía una persona que estaba en la ciudad en la que tenías el teléfono, y era ingente la información que había que dar cuando, por ejemplo, una avería en una línea particular duraba más de veinticuatro horas. Ahora  te atiende una máquina si es que eres capaz de conectar con ella y no tienes ni idea de dónde se encuentra. 
Para que el supositorio de la privatización fuera aceptado sin problemas, se creó el mantra de que la liberalización traería la competencia y con ella se produciría la bajada de precios. Así la gente aceptó el supositorio hasta con gusto. Pues no, los precios no bajaron, y esto se ve mejor en las eléctricas, cuyas desorbitadas facturas nos van llegando en estos días, lo que si bajó y mucho fue la calidad.
No soy tan ingenuo como para sostener que antes de la privatización todo era de color de rosa. Había chanchullos, claro que los había, pero desde luego ni tan potentes ni tan descarados como los de Juanito Villalonga y su compinche Perea. 
Pero además y esto es para mí lo más importante, cuando yo salí de ella, Telefónica tenía 70.000 trabajadores; hoy apenas pasan de 20.000: pero trabajan para ella alrededor de 120.000, eso sí, en subcontratas de subcontratas, con contratos temporales, sin apenas derechos y con salarios de miseria comparados con los que teníamos antes de la privatización. 

Por otra parte, cuando era un tan terrible monopolio, Telefónica le ingresaba al estado anualmente el 22% de sus ingresos (de sus ingresos, no de sus beneficios), aparte el beneficio que año tras año generaban las acciones. Hoy, la misma empresa, privada, paga de impuestos el 1% de sus beneficios. Y ni medio euro más.
No, la única razón por la que se llevó a cabo la privatización de Telefónica, en concreto, fue que el negocio de las comunicaciones iba a dispararse y sus beneficios, que se esperaban enormes, como así ha sido, no podían ser para todos los españoles, sino únicamente para los tiburones que habitan en el mar siempre revuelto del capitalismo neoliberal.

Imágenes: La última de: historiasdelatelefonia.com
El resto, de Internet.

miércoles, 25 de agosto de 2021

DE CÓMO APRENDÍ EL CONCEPTO DE JUSTICIA

A los nacidos a partir de la mitad de los años sesenta del siglo pasado les resultará increíble, pero es la verdad, la simple, pura y absoluta verdad.
Don Francisco no era sacerdote, era laico, pero daba clase en el colegio de los Salesianos, en la parte de los gratuitos. Alguno habrá aún que lo recuerde. Era un tipo formidable: más alto que bajo, delgado, de cara aflautada, pelo al cepillo, nariz abundante y gafas redondas. Y rubio antes que moreno.
¿He dicho que era un tipo formidable? Tal vez fuera falangista. O guardia civil en excedencia, si es que esto era posible. O aspirante a verdugo. Los curas que lo contrataron lo sabrían, nosotros no. Desde luego no podían ignorar sus métodos, eran los amos del cotarro, lo que significa que eran parte y cómplices de aquellos, sobre todo cómplices.
El caso es que el tipo no tenía pinta de sádico. Joven, de unos veinticinco años, más o menos, parecía más bien un chico de buena familia y comunión diaria. No alzaba mucho la voz, ni era de los que echaban mano de la regla a las primeras de cambio para imponer el orden. El tenía un sistema más personal, más efectivo y, sobre todo más divertido... Para él. Y, tristemente, también para nosotros.
En aquel tiempo de oscuridad, miseria y hambruna, el sábado era un día lectivo más en las escuelas, aunque con clase sólo por la mañana. ¡Y aquel era el gran día! Durante la semana, don Francisco había ido anotando en su libretita de pastas negras al que hablaba en clase, al que reía, al que no había hecho la tarea o llevaba el cuaderno lleno de lamparones, etc. Y el sábado era el día de impartir justicia, como lo llamaba, con una aviesa sonrisilla atravesada en la boca. El eminente profesor tenía un amplio y variado repertorio de penas. Yo, ahora, en aras de la brevedad, describiré solamente las dos más relevantes y, sin duda, más ilustrativas: el toreo y una variedad del abejorro, más escueta, pero también más contundente.
La impartición de la justicia por parte del profesor empezaba siempre con el toreo. Don Francisco, un gran pañuelo rojo en la mano izquierda, a guisa de capote, y regla de reglamento en la derecha, se dedicaba a torear a los que iba nombrando de la lista de su libreta, en el espacio existente entre la tarima, donde se situaba su mesa, y las bancas. Uno a uno los toreaba de modo que el toro debía embestir doblado, simulando ser un toro de verdad, con las manos en las sienes y los dedos índices extendidos, para que parecieran los cuernos del burel, y al pasar, siguiendo al pañuelo, que el diestro movía con gracia insuperable, don Francisco le soltaba en el culo un reglazo de categoría, entre los oles y los aplausos obligatorios del resto de la clase, que debíamos mantenernos atentos en nuestras bancas. Diez, doce, catorce pases daba el torero, hasta que remataba la faena cuadrando al toro y entrando a matar, suerte que llevaba a cabo descargando un último reglazo en la espalda del alumno, niño de no más de diez años.
La variedad del abejorro se quedaba siempre para el final. Sentado en su mesa, el maestro, si se le podía llamar así, nombraba a dos de los alumnos anotados en su libretita y le pedía que se situaran frente a frente en el mismo espacio en el que él había estado toreando. A continuación, en el silencio expectante de la clase, exclamaba: "Muñoz, dale una bofetada a Zamorano." Muñoz alzaba la mano y descargaba en la mejilla de Zamorano una bofetada tan suave que era poco más que una caricia. "¡Más fuerte, maricón!", alzaba la voz don Francisco. "Ahora tú, Zamorano." La bofetada de Zamorano era un poquitín, sólo un poquitín más fuerte que la de su oponente. "¡Más fuerte, maricón!", se crispaba la voz de don Francisco. Al tercer envite, don Francisco ya no tenía que arengar a los condenados: las bofetadas eran cada vez más enérgicas, más sonoras, al tiempo que las mejillas de los colegiales enrojecían y se inflamaban. Más de uno terminaba este pseudo combate echando sangre por la nariz y alguno, aunque rara vez, incluso por el oído, pero a ver quién era el guapo que se quejaba, si estábamos allí por caridad y nos estaban educando para ser hombres de provecho, cristianos de ley y patriotas de cuerpo entero. 

Imágenes: Internet.

viernes, 20 de agosto de 2021

LA SANIDAD EN ANDALUCÍA

La sanidad pública en Andalucía, y me temo que en toda España, funciona mejor que simplemente bien gracias al esfuerzo personal de la gran mayoría, que no todos, de su personal médico, de enfermería, administrativo y de limpieza, sí, también de limpieza, que se nos suele olvidar la enorme importancia que la limpieza tiene en todas partes, pero mucho más en un hospital. Los políticos, en cambio, llevan años no sólo bastante despreocupados de ella, que ya sería grave, sino tratando de apoyar a la sanidad privada en detrimento de la pública. Una situación que se ha agravado desde que, merced a los votos de los andaluces, todo hay que decirlo, gobierna en Andalucía el PP y Ciudadanos, con el apoyo imprescindible de VOX.


¿Y a qué viene todo este exordio? Pues viene a lo siguiente: Mi mujer está pendiente de una colonoscopia, nada, en principio, realmente importante, sino porque un hermano tiene cáncer de colon y ios doctores han recomendado que todos los hermanos se hagan esa prueba. Hace cinco días, después de casi un mes de espera, desde que el médico de atención primaria cursó la petición, la llamaron de Reina Sofía proponiéndole hacerse la prueba en el Quirón, un hospital "privado", para "acortar la listas de espera", dijo textualmente la señora que llamaba, una administrativa, posiblemente.
Mi mujer se negó. Dijo que a ella donde tenía que hacerle la prueba era en la sanidad pública, que era donde estaban tratando a su hermano. Seguidamente, le preguntó si podía decirle cuándo más o menos la llamarían. La señora respondió que eso ella no lo sabía.
Me gustaría suponer que tod@s l@s a los que llamó la señora proponiéndole lo mismo se negaron también, pero tengo para mí que la negativa es muy minoritaria en estos casos.
Evidentemente, las listas de espera no se acortan así. De este modo lo que se hace es engordar la sanidad privada con el dinero de la pública, que es dinero de todos los que pagamos impuestos, porque si una colonoscopia, por ejemplo, cuesta en la sanidad pública equis euros, en la sanidad privada no tiene más remedio que costar equis más una cantidad de euros, es decir, que tiene que salir más cara. Las listas de espera se acortan empleando ese dinero en la contratación de personal, cosa que no se está haciendo. Ante esta circunstancia, uno está en su derecho de pensar que esto no se hace gratis, sino que algo trincará el Consejero de Sanidad y Familias, que es el señor que aparece más abajo, del beneficio que obtiene la privada, en el caso de la colonospia de mi mujer, el hospital Quirón.


(Y aquí introduzco un pequeño paréntesis para afirmar 
en primer lugar que particularmente cada uno con su dinero puede hacer lo que le parezca oportuno, entre otras cosas, acudir a la medicina privada. Ahora bien, no sé lo que ocurre en otros países, pero en España decir sanidad privada es decir una falsedad, porque en España esa sanidad no existe. Lo que existe, y no es lo mismo, son empresas médicas de capital privado que reciben buena parte de sus ingresos de la sanidad pública, ingresos sin los cuales hoy por hoy no se sostendrían.)
Así, pasito a pasito, se va liquidando la sanidad pública. Yo no veré su final, pero los jóvenes es más que posible que sí lo vean. Cuando eso ocurra se enterarán de lo que vale en realidad el pescado y lamentarán mil y mil veces no haberse movido en su momento para detener este proceso infame.

Imágenes: Internet

miércoles, 18 de agosto de 2021

LOS FANTASMAS DE GOYA


Los Fantasmas de Goya es el título de una película hispano-norteamericana rodada en 2006 bajo la dirección de Milos Forman, con Natalie Portman, Stellan Skarsgärd y Javier Bardem como principales protagoniscas.
Narra la historia de Inés Bilbatúa, una jovencita, casi una adolescente todavía, hija de un rico comerciante madrileño amigo de Goya, quien, al comenzar la película, se encuentra pintando el retrato de la muchacha. Isabel es acusada de herejía ante la Inquisición, detenida y encerrada en la cárcel madrileña de la siniestra organización, en la que pasará nada menos que doce años y en la que sufrirá toda clase de vejaciones, incluida su violación con su correspondiente embarazo. Y de la que para obtener su libertad de nada valdrán ni las gestiones de Goya ante su amigo, fray Lorenzo, ni las importantes donaciones económicas del padre a la Iglesia.
La película no es gran cosa. Forman, que ya había dirigido Amadeus, por la que obtuvo el oscar al mejor director, y Valmont, traslado a la gran pantalla de la célebre novela Las amistades peligrosas, de Pierre Choderlos de Laclos, traza aquí poco más que un folletín, en el que los fantasmas de Goya, nombre que hace referencia a las pinturas negras, se quedan en eso, en alicaídos fantasmas que pasan por la escena apenas como suspiros o como sombras de algo que no se acierta a ver en ningún momento.


No obstante, la cinta tiene, a mi juicio, dos virtudes que hacen muy recomendable su visión. En primer lugar, el excelente trabajo de Javier Bardem en su doble papel de inquisidor y de afrancesado. Luego, una larga secuencia que pone de relieve de manera contundente lo que fue la institución eclesiástica que, sin el menor pudor, recibía indistintamente los nombres de Santa Inquisición y Santo Oficio
Desesperado el padre porque pasa y pasa el tiempo y no consigue la libertad de su hija, decide pasar a la acción directa. Con la ayuda de Goya invita a comer en su casa al hermano Lorenzo, comida a la que, además del comerciante, asisten sus dos hijos, dos jóvenes de muy buena planta, fuertes y apuestos, y, naturalmente, Goya.
Mientras comen, el comerciante saca el tema de la tortura, a la que, con el mayor cinismo que imaginarse pueda, la Inquisición no la denominaba tortura, sino que le daba el nombre de cuestión, es decir, que aplicar tortura a un acusado era someter a cuestión.  El padre de Isabel se encara directamente con fray Lorenzo y le dice que bajo tortura hasta la persona más fuerte puede confesar cualquier cosa, por absurda que fuese. Fray Lorenzo, un Bardem que exhibe un cinismo excelso, le contesta que tal cosa no es posible porque si el acusado es inocente Dios le da fuerzas para soportar la cuestión sin abrir la boca.
Después de un breve intercambio de pareceres en el que cada uno mantiene su posición, el comerciante dice: "Vamos a comprobarlo", y dirigiéndose a sus hijos: "Atadlo." Los hijos, que ya están preparados, agarran al fraile y proceden a atarle las manos a la espalda, mientras el comerciante pide a Goya que se marche, para evitarle muy posibles problemas futuros.


Goya sale y los muchachos cuelgan a fray Lorenzo del techo y el señor de la casa le pide que confiese que no es humano, sino que es el hijo de una mona. Fray Lorenzo se niega, pero los hijos lo van alzando del suelo, una de las torturas más suaves que empleaba la Inquisición, y apenas le han dado dos tirones el fraile confiesa lo que le pide el comerciante. Pero la secuencia no acaba aquí, concluye cuando bajan al fraile y firma el documento con su confesión que el padre de Inés tenía preparado de antemano, seguro de que su intuición no lo engañaba.


La inmensa mayoría de los historiadores siguen quitándole hierro a esta institución eclesiástica o a pasar de puntillas junto a ella. Con mareante insistencia, unos y otros recurren siempre a dos argumentos: La Inquisición no fue tan fiera como algunos pretenden y la tortura se aplicaba también en el mundo civil, incluso con mayor dureza. Ambos argumentos constituyen una pura falacia y ambos son muy fáciles de contrarrestar, aunque qué poquitos son los que se deciden a hacerlo.
En primer lugar y en cuanto al segundo argumento: el hecho de que a mi alrededor haya, por ejemplo, muchos ladrones, incluso que todo el mundo robe, no me da a mi derecho alguno ni legal (aunque haya leyes que lo permitan) ni mucho menos moral para robar también. Y en segundo lugar: Cómo puede la Iglesia Católica, que se dice fundada por Aquel que dijo: "Cuando os den una bofetada en una mejilla poned la otra." Y también: "Amad a vuestros enemigos.", cómo puede crear un organismo para perseguir y torturar a seres humanos que ni siquiera son sus enemigos. Es evidente que una Iglesia que actúa de este modo es un Institución que, por más que mantenga los textos y todo la parafernalia que ello conlleva, ha olvidado por completo los mandatos de su Fundador y se ha convertido en una entidad podrida que sólo vela por su mantenimiento.

Imágenes:
Pinturas de Goya
Fotogramas de la película.
Internet

sábado, 14 de agosto de 2021

MIEDO



Sin miedo no hay religión. O, dicho de otro modo, el miedo es el pilar básico de la religión. Con el miedo, como un peso angustioso, sofocante, aparece el espectro de la culpa y, con ésta, la necesidad de expiación, que, por si ella no contuviera por sí misma suficiente sufrimiento, convierte la vida en una herida abierta muy difícil de cerrar. Los pastores lo saben y tratan de inocular dicho miedo en los fieles y lo hacen siguiendo pautas que van cambiando según la época histórica.


Una de las formas más eficaces de inocular el miedo es la amenaza de lo que nos puede ocurrir si incumplimos una norma o dejamos de cumplir una obligación, ambas impuestas por el amenazante. 
En la Biblia católica, cuya religión es la que nos atañe por estas tierras, la amenaza aparece ya en el capítulo dos, página segunda, versículos 16 y 17, del primero de sus libros, el Génesis. Aquí se lee textualmente: "Y Dios impuso al hombre este mandamiento: De cualquier árbol del jardín puedes comer, más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio." Si seguidamente se cuenta la transgresión de la norma y el cumplimiento de la amenaza, como, en efecto, ocurre en este caso, la inoculación del miedo está asegurada.
Todo el Antiguo Testamento está plagado de este tipo de amenazas: "Si no obedeces la voz de Yahvé tu Dios... Yahvé hará que se te pegue la peste..., te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación, de gangrena, de aridez, de tizón, de añublo..." se dice en el Deuteronomio y, como se ve, todas las amenazas son terrenales, porque todavía no existía la vida eterna ni, en consecuencia, el infierno. De hecho, los judíos bíblicos no creyeron jamás en estas cosas.
El Nuevo Testamento no se queda atrás en cuanto a amenazas. La Biblia católica (yo manejo la de Jerusalén y la Nácar Colunga) está organizada arteramente. En el Nuevo Testamento la Iglesia coloca en primer lugar los evangelios, empezando por el de Mateo, cuando se sabe con absoluta certeza que los primeros escritos referidos al cristianismo son las epístolas de San Pablo. Además, el primer evangelio que se escribió no es el de Mateo, sino el de Marcos, del que beben tanto Mateo como Lucas. San Pablo no cuenta nada de la vida de Jesús, sólo da cuenta de su muerte, sin narrar el hecho, y de su resurrección. Y este es el motivo por el que la Iglesia coloca sus cartas detrás de los evangelio, para dar a entender que si Pablo no dice nada de la vida de Jesús es porque ya estaba contada. 


Bien, pues el Apostol de los Gentiles, como se le conoce en el argot católico, escribe sus cartas soltando amenazas cada dos por tres. Ya en la primera, dirigida a los Romanos, en el capítulo uno, versículo 18, larga: "...la cólera de Dios se revela desde el cielo contra la impiedad e injusticia de los hombres." Y en el capítulo dos, versículo 5: "Por la dureza y la impenitencia de tu corazón vas atesorando contra ti la cólera para el día de la cólera y de la revelación del justo juicio de Dios."
Pero el miedo no se queda sólo en la Biblia. Aparte los escritos de los llamados Padres de la Iglesia, en la Edad Media surgieron numerosos predicadores que iban de ciudad en ciudad aterrorizando a los creyentes, todos los habitantes, por narices, en aquella época, con cohortes de flagelantes y pavorosos sermones. Quizás el ejemplo más contundente de estos predicadores fue San Vicente Ferrer.
Poco después, la Iglesia crea la Inquisición, una organización que reunía todas las características para inducir no sólo miedo, sino terror, allí donde actuaba; por ejemplo, en España, donde estuvo en vigor desde 1478 hasta 1833, nada menos que la friolera de 355 años.
La clave principal del catolicismo no estriba en la predicación de Jesús, ni en sus milagros, ni en su pasión y su muerte, sino en su resurrección. Lo repite San Pablo una y otra vez: Si Cristo no hubiera resucitado, viene a decir, nuestra fe no tendría ningún valor. 


Sin embargo, el Concilio de Trento, que se celebró entre 1545 y 1563 con el propósito de hacer frente a a Reforma Protestante, potencia hasta el paroxismo la Semana Santa, durante la que se conmemora la pasión y muerte de Cristo durante siete días con innumerables procesiones de Cristos sufrientes y Vírgenes llorosas, dejando sólo un día para celebrar, más bien lánguidamente, la resurrección. El objetivo no confeso, pero claro, de esas procesiones con tan tétricas imágenes, rodeadas de cirios y precedidas por largas filas de penitentes vestidos con túnicas muchas veces negras y encapuchados con siniestros capirotes, no es otro que el de seguir insuflando miedo a la gente.


La mejor etapa de la vida para que el miedo cale y se grabe profundamente en los individuos es la infancia. Eso lo han sabido desde siempre los pastores mejor que hoy los psicólogos. A los niños de mi generación, en plena dictadura franquista, nos metieron el miedo por las bravas, a martillazo limpio, con descripciones terroríficas del infierno y aterradoras explicaciones de la eternidad.
La ampliación de la libertad tras el fin de la dictadura, la mejora de la economía y una mayor cultura, cambiaron las reglas del juego, el rebaño se disgregó y muchos de sus componentes se alejaron de él, por eso los pastores cambiaron el método y desde entonces el miedo a los fieles se inocula de un modo mucho más sibilino. El mejor ejemplo de este nuevo tiempo lo encontramos en el papa Juan Pablo II. 


¡Qué gran actor fue este hombre y, como tal, qué gran farsante! Hizo viajes por todo el mundo, viajar era la mayor de sus aficiones, y allí donde llegaba, ante las multitudes de fieles que se concentraban frente a él exclamaba en el idioma del país y con su voz más gutural: ¡No tengáis miedo! ¡No tengáis miedo! No especificaba a qué no había que tener miedo, era suficiente. Y es que cuando se oye una exhortación como esa sin venir a cuento, la mente del oyente entra en una nebulosa, pierde el equilibrio y la brújula e imaginando todos los males que pueden sobrevenirle, que
da completamente a merced del exhortador.

Imágenes:
San Pablo: Pintura de El Greco
Las demás, de Internet.