martes, 21 de mayo de 2024

UNA BODA DE TRONÍO

Mi abuelo paterno fue el hijo menor de una familia de acaudalados comerciantes sevillanos que acabaron arruinándose cuando él era todavía un adolescente. Mi abuelo fue el menor con una considerable diferencia de años, fue lo que vulgarmente se llama un penalti. Como consecuencia de esta circunstancia, creció entre los mimos y los juegos de los mayores y el consentimiento por parte de los padres de todo cuanto hacía y/o deseaba.
Cuando llegó la ruina, los hermanos mayores tenían ya encaminada su vida, mi abuelo, en cambio, perdió no sólo el estatus económico, sino todo lo demás. Se quedó literalmente sin nada y para colmo convertido en un ser engreído y, al mismo tiempo, abúlico, con muy escasa capacidad de iniciativa. 
En aquel momento su formación consistía únicamente en saber leer y escribir, junto a lo que se conocía como las cuatro reglas: sumar, restar, multiplicar y dividir, y poco más. No era tan mal bagaje en la España en la última década del siglo XIX, con una tasa de analfabetismo del 70%, poco más o menos. Tenía, además, una letra preciosa, lo que era muy valorado en una época en que todo se escribía a mano.
Se casó el muchacho joven, con una damita de una familia venida también a menos y, por tanto, tan pobre y sufriente como él. Su primer hijo, mi padre, nació en Sevilla, pero enseguida la familia se trasladó a Córdoba, donde fueron naciendo los demás, incluida la luego famosa señorita Toni.
A mi abuelo no le faltaba el trabajo, siempre de carácter administrativo, pero cambiaba continuamente, no por falta de aprecio de los jefes o para mejorar, sino porque, secuelas de la infancia, no soportaba estar mucho tiempo en el mismo sitio. Para colmo, desde bastante joven empezó a sufrir de artrosis generalizada, enfermedad que acabaría incapacitándolo para el trabajo. De este modo, la familia perdió su principal fuente de ingresos, únicamente le quedó lo que ganaba mi padre, que había empezado a trabajar con doce años. Fue un tiempo duro, de fuertes privaciones, al no contarse
Aquí conviene señalar que hoy, prácticamente, no se da una situación así, gracias a la protección social que proporciona el Estado, empezando por la sanidad pública, que en aquellos tiempos no existía, motivo por el cual mi abuelo no tuvo apenas atención médica, al no poder pagar un médico privado. Una protección que desde hace algún tiempo pretenden eliminar los llamados neoliberales, fascistas, realmente, como Abascal, Ayuso, Meloni, etc. Esta gente esconde sus intenciones tras grandes banderas nacionales, pero sabe muy bien lo que quieren. Otra cosa son sus seguidores y votantes, cada día, tristemente, en mayor número y en su inmensa mayoría trabajadores de no muy alta cualificación. Estos, desde luego, no saben lo que les espera con tales elementos en el poder, algo que están descubriendo ya en Italia y, con mayor dureza, en Argentina.
Pero volviendo a mi abuelo y a mi padre, a medida que fue pasando el tiempo, se fueron incorporando al trabajo los hermanos varones, no obstante, el grueso de los ingresos procedía, con gran diferencia, de mi padre. Llegó la guerra y pasó y mi padre, el único de sus hermanos que participó en ella,  volvió sano y salvo y se reintegró a su trabajo y a entregar su sueldo en la casa.
Poco después de la guerra, mi padre se echó novia y la familia torció ostensiblemente el gesto, todos, los padres, pero también los hermanos. Mi madre nunca fue aceptada ni por sus suegros ni por sus cuñados, incluida la famosa renombrada señorita Toni. Pero, aceptada o no, mi padre decidió que había llegado el momento de crear su propia familia y anunció que se disponía a casarse con mi madre. No era un niño mi padre, había cumplido ya treinta y tres años, de modo que sabía lo que hacía. Aquí no sólo torcieron el gesto, se llevaron también las manos a la cabeza: ¿Ya? ¡Nos dejas tirados! Mi padre tuvo que buscarse una armadura de buen acero para soportar las embestidas. Y es que era el que aportaba la mayor parte del dinero que entraba en la casa.
La boda se celebró en noviembre de 1944 en la iglesia de San Pedro, la parroquia de la novia, mi madre. Fue una ceremonia sencilla, porque mi madre había perdido a la suya hacía menos de un año. Entre los invitados que se reunieron en la iglesia, siete llegaron ostensiblemente tarde: mis abuelos paternos y los cinco hermanos de mi padre. Se presentaron además como pordioseros, el pelo revuelto, las manos y la cara tiznadas, la ropa, si ropa podía llamarse, hecha jirones, con remiendos de colores variados, los zapatos destrozados, avanzaron por el pasillo central y se colocaron en primera fila delante de los bancos. Sí, también la señorita Toni, que un día, empingorotada y relamida, habría de llegar a creer de verdad que era descendiente por línea paterna de la bragueta de Pelayo. Todo para reprocharle a mi padre su "abandono" y, de paso, para dejar en ridículo tanto a mi padre como a la que se convertía en su mujer.
Es lástima que en aquella ceremonia no hubiera habido un fotógrafo que hubiese dejado constancia de todo para la posteridad.

Imágenes: Abanicos de la colección del Museo Lázaro Galdeano, de Madrid.

miércoles, 15 de mayo de 2024

EL SUJETO DE LA CULPA

T.S.Eliot
Llega un momento en la vida en que un lector, incluso un lector empedernido, más que leer, lo que hace es releer. Eso es lo que me viene pasando a mí, desde hace algún tiempo, y hoy, esta mañana, he cogido de mi biblioteca un libro de Eliot editado por Círculo de Lectores en 2001, que contiene el célebre La tierra baldía, Cuatro Cuartetos y Otros poemas.
Thomas Stearns Eliot, conocido como T.S. Eliot, nació el 26 de septiembre de 1888 en Saint Louis (Missouri). en una acomodada y muy puritana familia. Tras estudiar Filosofía Medieval y Literatura Francesa en Harvard, en 1910 se trasladó a París, donde siguió un par de cursos de Bergson y escribió su primera composición, el admirable y desalentador poema La canción de amor de J.Alfred Prufrock. En 1914 se afinca en Inglaterra, donde conoce a Vivien Haigh Wood y se casa con ella, un matrimonio desgraciado, de caracteres contrapuestos, que terminará en separación, no en divorcio, en 1927. En 1925 entra a formar parte del consejo de dirección de la editorial Faber & Gwyer, en la que permanecerá hasta su muerte, ocurrida el 4 de enero de 1965.
Formalmente hablando, Eliot es un inmenso poeta, de hecho, en 1948 recibió el premio Nobel de Literatura. Influido, entre otros, por el fascista, gran admirador de Mussolini y propagandista nazi Ezra Pound, norteamericano también, y por el irlandés James Joyce, cuyo Ulises, leyó antes de su publicación, Eliot marcó un tiempo en la poesía europea y su influencia se ha venido notando casi hasta el día de hoy.
En lo relativo al contenido, es ya otra historia. Eliot se autodefine como: "clasista en literatura, monárquico en política y anglocatólico en religión." Pero si lo traigo hoy aquí no es, propiamente, por su poesía y tampoco por esta declaración, aunque es curioso comprobar como un artista puede ser rompedor y vanguardista en su arte y, al mismo tiempo, conservador en su manera de pensar y de vivir. Pura esquizofrenia, se diría, que, sin embargo, es, en buena medida, responsable de su obra.
Ezra Pound
No, si lo traigo hoy aquí es porque Eliot, el gran poeta Eliot "tiene una concepción sumamente negativa del ser humano, al que juzga manchado por el pecado original: a sus ojos, el ser humano es una criatura caída, imperfecta, digna de la ira y el castigo de Dios", como escriben Juan Malpartida y Jordi Doci en la introducción que hacen del libro citado. Esta concepción es la que la religiones en general, y en nuestro caso el cristianismo, tratan de inculcarnos en nuestra más tierna infancia, para que perviva en nosotros durante toda nuestra vida. Como se ve, estamos, una vez más ante el temor, ante el miedo, y eso es, justamente, lo que me subleva.
Eliot no fue sólo un poeta, fue un intelectual. Su poesía está trufada de citas que van desde Dante hasta el misticismo oriental, desde la Biblia hasta Shakespeare, citas y referencias más o menos ocultas, de ahí la dificultad y la, en muchas ocasiones, oscuridad de su poesía. Pero además escribió ensayos y estudios literarios, escribió obras de teatro y, en fin, desde su puesto en la editorial controlaba buena parte de la vida literaria e intelectual del país. De manera que, resulta sorprendente y hasta increíble que un intelectual crea y ajuste su vida a una barbaridad semejante.
Joyce
Para pensar así, y actuar en consecuencia, es necesario olvidarse por completo de la razón. En realidad, es lo que vienen a hacer los creyentes, que no sólo reniegan de la razón, sino que exigen que los no creyentes también lo hagan. Richard Dawkin en El espejismo de Dios, cuenta cómo Lutero afirmaba que "cualquiera que desee ser un cristiano debe desgarrarle los ojos a su razón." y también: "La razón debería ser destruida en todos los cristianos." Según esto, el iniciador del protestantismo no escribió sus noventa y cinco tesis ni se rebeló contra la Iglesia de Roma utilizando la razón, debió hacerlo utilizando el culo.
Pero es que, así enfocado, el asunto es demencial: Dios, según el creyente, nos crea dotándonos de razón, justamente para que renunciemos a ella. Es lo mismo que los Padres de la Iglesia, empezando por San Pablo, venían a pedir para el sexo, sólo que mucho más grave. Sin la razón, el ser humano se convierte en un muñeco, en una marioneta fácilmente manejable, cosa, como puede observarse, que les ocurre a muchos, incluidos poetas.

Adán y Eva (Tiziano)
El sueño de la razón produce monstruos, dejó dicho  Goya en el número 43 de sus maravillosos Caprichos. Produce monstruos y pensamientos y creencias como la de la culpa. Eliot, como los Padres y los "grandes pensadores" de las religiones sitúa la culpa en el ser humano, hombres y mujeres son criaturas caídas. O sea, Dios nos crea sin pedirnos opinión, nos hace débiles, llenos de flaquezas, capaces de lo mejor pero también de lo peor, ¿y somos culpables los seres humanos? ¿Culpables de qué? Entonces van los cristianos y te dicen: nuestra culpa tiene su origen en la caída de nuestros primeros padres, Adán y Eva, todos los seres humanos la hemos heredado. Y aquí es cuando ya te descacharras, porque veamos: dando por válida la existencia de Adán y Eva y todo lo que cuenta la Biblia al respecto, hace más de seiscientos años que, al menos en el mundo occidental, los seres humanos dejamos de perseguir en los hijos los delitos de los padres, ¿Y Dios no ha tenido tiempo todavía de hacer lo mismo?
El capricho 43 (Goya)
Calderón se olvida de Adán y Eva y afirma que "la culpa del hombre es haber nacido." Pues ni siquiera eso, porque ni el hombre ni la mujer nacemos, nos nacen, no somos en absoluto responsables de nuestro nacimiento, como no lo somos de la creación de aquellos míticos e imaginarios Adán y Eva. Los cristianos se equivocan: si la obra de cualquier autor es imperfecta, la culpa de esa imperfección no es de la obra, es del autor. Esto es tan evidente que no necesita de mayor explicación, de manera que si, como quiere el creyente, Dios nos ha creado, ante él, los culpables de nuestras imperfecciones, de nuestras acciones, de nuestros "pecados" no somos nosotros, es Él. 


Imágenes: Internet

domingo, 28 de abril de 2024

CÓMO SE TRANSMITE LA RELIGIÓN

El ser humano es el animal que conoce pero no sabe. El resto de los animales viven un continuo presente, desconocen tanto el pasado como el futuro, no conocen, pues, el inexorable final al que están abocados. Ni siquiera los primates más cercanos al ser humano lo conocen. Nosotros, en cambio, no sólo como especie, sino individuo a individuo, nacemos en blanco, pero en muy poco tiempo conocemos tanto nuestro origen como el final que pende continuamente sobre nuestro cuello igual que la famosa espada de Damocles. Pero conocer no es saber y, al día de hoy, nosotros no sabemos nada de más allá de nuestro último suspiro, es decir, de nuestra muerte, de manera que ese conocimiento es, realmente, motivo de pesar para la mayoría y, para no pocos, fuente de incontenible angustia que puede llegar a la desesperación.
La religión es fruto de este conocimiento y de esta ignorancia y en ellos encuentra el basamento que, hasta hoy, le ha permitido sobrevivir al paso de los siglos y de los milenios. Es innegable que la religión ha acompañado a la humanidad desde los tiempos más remotos. De los entierros rituales que, al parecer, realizaban los neanderthales deducen los científicos que esta especie humana ya practicaba algún tipo de religión, lo que significaría que la existencia de ésta se remonta a más de cien mil años.
Ahora bien, cómo ha conseguido la religión mantenerse en el tiempo pasando de una generación a otra hasta nuestros días, cada vez más elaborada, aunque diversificada y con dogmas distintos. Parece estar claro que, como otras muchas cuestiones de la vida, la religión, en principio, se empieza aprender por imitación, los hijos tienden a imitar los actos de los padres, repitiéndolos a lo largo de su vida. Este aprendizaje, sin embargo, no permite la evolución de una actividad, sea la que sea. Así aprenden los animales tácticas de caza, cómo conseguir el alimento, como huir de un depredador, etc.  Pero así lo aprendido una vez se repite más o menos igual a lo largo del tiempo y de las generaciones. Por otra parte, la duración de una vida, incluida la de los humanos, le veta a un individuo conseguir por sí mismo mucho más que el conocimiento justo para vivir el día a día.
Pero los seres humanos contamos con una preciosa herramienta que, entre otras cosas, nos sirve para facilitar y acumular de generación en generación cantidades cada vez mayores de conocimiento. Se trata del lenguaje. Esta herramienta es lo único que realmente nos distingue del resto de los animales. Primero oral y, posteriormente, también escrito, el lenguaje ha facilitado además la evolución de todos los campos de la vida incluidas las costumbres, la moral y la religión.
De este modo, la religión, que es lo que en este momento nos importa, se aprende, de una parte, por la imitación y, por otra, mediante la enseñanza verbal. Pero cómo se consigue esto, es decir, cómo se explica que los seres humanos no sólo aprendamos y asumamos la religión, sino que siglo tras siglo sigamos transmitiéndola a nuestros descendientes. Resumiendo mucho, al día de hoy existen tres hipótesis:
a) Para el estructuralismo, ese galimatías filosófico que yo creo que no entienden ni los estructuralistas, la religión muestra u ofrece una serie de ecuaciones y de imágenes que de algún modo son reconocidas por los seres humanos una vez que se las ponen delante. Así, la religión encuentra en nuestra mente un campo abonado en el que arraigar y desarrollarse fácilmente. Hasta el día de hoy no ha sido posible probar científicamente la validez de esta hipótesis.
b) Existe a continuación una hipótesis biologista. Para los biólogos, en general, la evolución ha favorecido que la religión, existente desde hace tanto tiempo, haya quedado incardinada en nuestra genética, con imágenes arquetípicas de los dioses que se pondrían de manifiesto en las primeras experiencias infantiles, de manera que tanto el aprendizaje como la práctica de la religión sería ya algo connatural en nuestra especie. Esta hipótesis tampoco tiene un refrendo científico.
c) La tercera hipótesis afirma que tanto el aprendizaje como la práctica de la religión se lleva a cabo mediante procesos radicalizados a través del lenguaje y del ritual, con un uso permanente de la intimidación, es decir, mediante la amenaza a la que en muchos casos se añade el maltrato o, lo que es igual, mediante el miedo. Aplicado en la infancia, el miedo, que, en ocasiones, llega al terror, no sólo es una barrera para el desarrollo racional, sino que deja cicatrices que pueden perdurar toda la vida. "El miedo supremo es el miedo a Dios.", afirma Esquilo, a lo que San Jerónimo añade: "el miedo a Dios expulsa el miedo a los hombres." Y San Pablo remacha: "No habéis resistido todavía hasta llegar a la sangre en vuestra lucha contra el pecado." Publio Papinio Estacio (45-96), poeta latino, en su poema épico Tebaida, dejó escrito: "El miedo fue lo primero que dio en el mundo el nacimiento de los dioses." Es decir, que la religión nació como producto del miedo y se transmite y se mantiene merced al miedo. Esta, en fin, es de las tres hipótesis, la única que al día hoy refrenda la ciencia como cierta.

Para saber más:
Walter Burkert.- La Creación de lo sagrado
Peter Brown.- Por el ojo de una aguja.

Burkert hace hincapié en la biología, referida, sobre todo, a las religiones antiguas, pero reconoce la realidad de la tercera hipótesis, aunque no duda en afirmar que "la religión es básicamente optimista."

Por su parte, Brown narra la caída de Roma y la creación del cristianismo en Occidente, describiendo, como núcleo de su extensa obra, "cómo terminaron en poder de la Iglesia las inmensas riquezas de unas pocas familias privilegiadas."

Imágenes: Títeres de la Tía Norica (de Cádiz)


lunes, 22 de abril de 2024

¡A LA GUERRA!

Guerrero cristiano
Cuando Ambrosio (340-397), el fiero arzobispo de Milán, conminaba al jovencísimo emperador Valentiniano II (371-392) para que acabara con el obispo Pelagio, un tremendo hereje para la Iglesia oficial, porque, entre otras cosas, predicaba que el pecado original no había manchado la naturaleza humana, el concepto de la guerra ha entrado ya a formar parte del cristianismo.
En el capítulo 6, versículos 27 a 38, del evangelio de Lucas, el evangelista pone en boca de Cristo lo siguiente: Pero yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla preséntale también la otra.
Tales recomendaciones, insólitas en la época, fueron olvidadas bien pronto por los santos padres que tomaron las riendas de la nueva religión. Claro que el propio evangelio contiene otras informaciones y declaraciones que las contradicen. Así, por ejemplo, el mismo Lucas, en el capítulo III, versículo 14, expone que Juan el Bautista no tiene inconveniente en decirle a un grupo de soldados que le preguntaron por su oficio que no lo abandonaran, es decir, que continuaran dispuestos para la guerra o guerreando, si era el caso. Está también el célebre pasaje que describe cómo el propio Cristo, no ama, ni bendice ni ruega por los mercaderes que vendían sus mercancías en el patio del templo de Jerusalén, tampoco les pide amablemente que clausuren sus puestos y abandonen el templo, sino que, lleno de santísima ira, los expulsó a golpe de látigo (Juan, 2: 13-17). Y en Mateo, (22,21) está el famoso Dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, que, como es lógico no se limita exclusivamente a los impuestos, sino también al servicio de las armas que en aquel tiempo le era debido al emperador romano. Pero el más determinante de todos estos pasajes es el señalado por Mateo en el capítulo 10, versículos 34-36, que dice textualmente: No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra, y sus propios familiares serán los enemigos de cada cual.
Guerreros cristianos
Aún así, sacerdotes y obispos se esforzaban en presentar el cristianismo como la religión del amor, al tiempo que, sedientos de poder, no cesaban, igualmente, de enfrentarse los unos a los otros, y no sólo con palabras. Como, a pesar del ansia de fe de la época, la contradicción resultaba evidente incluso para el más bobalicón de los creyentes, fue necesario elaborar todo un corpus de argumentos que justificaran e hicieran aceptable el concepto de la guerra.
Los romanos distinguían entre hostis e inimicus; el primero era el enemigo público, es decir, el enemigo del Estado, definición que se refería principalmente a los ciudadanos que se revelaban en los pueblos dominados por Roma. El segundo definía al adversario o enemigo particular que podía tener cada uno de los ciudadanos del imperio. Los cristianos superaron esta diferencia, eliminando de sus textos el término hostis, cuyo significado quedó incluido en el de inimicus. De este modo no les resultó difícil recluir todo lo relacionado con el amor en el ámbito de lo privado, en tanto la belicosidad y todo lo con ella relacionado pasaba al ámbito de lo público, ámbito en el que el creyente, como individuo, quedaba exonerado de responsabilidad. (Es así cómo, por ejemplo, el papa Juan Pablo II no tuvo inconveniente en dar la comunión a un dictador con las manos manchadas de sangre, como Pinochet, ya que mató en su calidad de funcionario público, en tanto estaba lleno de amor hacia todo el mundo como individuo privado.)
Juan Pablo II y Pinochet
Con todo, la practica del amor a título individual habría tenido que conducir al pacifismo político. Sin embargo, como los jerarcas no estaban por la labor de buscar la paz, mucho menos de poner la otra mejilla, para justificar la existencia de la guerra invocaron la socorrida doctrina del pecado original y de la imperfección del ser humano tras la ingesta de la célebre, aunque hoy dudosa, manzana.
Ahora bien, desde la simple justificación de la realidad de la guerra hasta su convocatoria y su patrocinio hay todo un proceso que los ideólogos de la Iglesia no dudaron en recorrer. Fue un proceso largo, de más de seiscientos años, ¿pero cuándo ha tenido prisa la Iglesia? Dispuesta a perdurar hasta el fin de los tiempos, ¿qué son para ella no ya seiscientos años, sino mil, diez mil, los que sean necesarios?
San Agustín (354-430), que pasa por pacifista, fue el primero que aceptó plenamente la guerra, elaborando el concepto de guerra justa, bien es verdad que basándose en textos de los filósofos griegos, especialmente de Aristóteles. Según San Agustín, en síntesis, guerra justa es la que declara un Estado en defensa de su territorio o de los ciudadanos que lo ocupan (el cristianismo es universalista, pero respeta y aún defiende las fronteras). Tan apasionante como, a ratos, desternillante, resulta seguir el recorrido de los Padres de la Iglesia, que con una boca predicaban el amor mientras con la otra (no hay que preocuparse, tenían muchas) exponían argumento tras argumento para justificar la matanza masiva de seres humanos.
Inocencio III
Inocencio III redondeó el proceso proclamando la guerra santa, que era aquella que soldados cristianos convocados por el papa emprendían contra los considerados enemigos de la cristiandad, como musulmanes, herejes y todos aquellos que no ajustaran su vida a las normas emitidas por la Iglesia. Este concepto quedó sellado con el sermón que dio Inocencio en 1095, a las puertas de la catedral de Clermont Ferrand (Francia), con el que convocaba la primera cruzada contra los musulmanes que habían conquistado la llamada Tierra Santa.
El Pastor Angélico
Hasta cinco cruzadas llegaron a montarse contra estos musulmanes. Pero cruzadas ha habido bastantes más y contra distintas clases de enemigos. La última hasta el momento la de la guerra civil española de 1936, proclamada por Pío XII, conocido como el Pastor Angélico, para luchar contra las hordas marxistas, la mayoría de cuyas víctimas del bando perdedor siguen enterradas todavía, ochenta y cinco años después, en las cunetas de los caminos o en fosas comunes.

Imágenes: Internet

viernes, 19 de abril de 2024

EL LORING

Jorge Loring Miró (Barcelona, 1921-Málaga, 2013) fue miembro de una ilustre familia malagueña, la de los Loring-Heredia, fundadores, entre otras muchas cosas, de la Finca de la Concepción, uno de los espacios más bellos de la ciudad, con marqueses y condes entre sus miembros y con políticos y escritores, como Francisco Silvela, Cánovas del Castillo o Estébanez Calderón.
Don Jorge fue jesuita, alcanzando el orden sacerdotal en 1954, con treinta y tres años. Era hermano del también jesuita don Jaime, fundador de la Escuela Técnica Empresarial Agraria, en Córdoba, germen de la actual Universidad de Loyola, regida por los jesuitas, siempre tan preocupados por la enseñanza. Pero mientras don Jaime era un hombre serio, comedido, recatado y parco en el habla, al menos públicamente, don Jorge era un tipo campechano, dicharachero, parlanchín y hasta un si es no es payaso, dicho en el tono más sereno, como pura descripción. 
Con tal de propagar sus creencias, estaba dispuesto a casi todo, incluido en ese casi el uso continuo de sofismas y disparates, en un tono, además, burlesco, que muy bien podría definirse como chulería dogmática. Así, escribió libros, entre los que destaca Para salvarte, con tirada de más de un millón de ejemplares, dio incontables conferencias, participó en numerosos programas de televisión, bastantes de ellos como único protagonista. Sé que la mayoría de los amables lectores de este blog han visto y oído alguna vez al elemento, pero no me resisto a transcribir literalmente una de sus alocuciones. Ahí va:
"La Iglesia sólo me obliga a creer los dogmas de fe, verdad revelada por Dios. Pero, eso sí, una verdad revelada por Dios es obligatoria. ¡Eso hay que creerlo! Por ejemplo: el infierno. ¡Tanta gente que se las da de lista! Tanta gente que dice: 'El infierno cómo va a ser verdad. A mí es que no me cabe en la cabeza que el infierno sea verdad.' Pues lo siento mucho, muchacho: aunque no quepa en tu cabecita, el infierno es verdad porque lo ha dicho Cristo, y si no cabe en tu cabecita, lo siento, muchacho. Hay muchas cosas que son verdad y no caben en tu cabecita, porque es muy pequeñita, pero no va a ser sólo verdad lo que quepa en tu cabecita. Hay muchas cosas que son verdad y no caben en tu cabecita, y si tu tienes dificultades contra el infierno me parece lógico que no entiendas el infierno con esa cabecita tan pequeñita. Me parece lógico que no entiendas el infierno, pero no me discutas a Cristo, por favor. ¡No pienses saber más que Cristo, por favor! Y si Cristo Dios me dice que hay infierno, ¡hay infierno!, lo entiendas tú o no lo entiendas; te guste o no te guste; lo aceptes o no lo aceptes. El infierno no existe porque tu lo aceptes o porque lo entiendas. El infierno existe porque lo ha dicho Cristo Dios y si no quieres creer ya te enterarás, muchacho, en cuanto te mueras, fíjate. ¡En cuanto te mueras te enterarás! Es una idiotez decir: El infierno no es verdad porque yo no lo entiendo. ¡Es una idiotez!: El infierno es verdad porque lo ha dicho Cristo Dios. Es de fe. ¡Es verdad de fe! ¡Dogma de fe! Eso es verdad lo entienda yo o no lo entienda, lo acepte o no lo acepte. Las cosas no dejan de ser verdad porque yo las acepte. ¡Dónde vamos a parar! Hay muchas cosas que son verdad y yo no las entiendo."
Lo primero que a mí me llama la atención en esta cháchara es que estos tipos se dirigen siempre al hombre, al varón; la mujer, por lo que se ve, ocupa para ellos un lugar subalterno, de manera, deben pensar, que si el muchacho cree, la mujer le seguirá como un corderillo. Pero lo que verdaderamente rezuma la cháchara es esa jactancia chabacana y chulesca que, en vivo y en directo, se pretende hacer pasar por popular, por cómica. Sus afirmaciones son realmente bochornosas, porque lo que Cristo dijera o dejara de decir no lo sabemos, lo que sabemos es lo que el evangelista cuenta que dijo Cristo, que no es lo mismo. En un supuesto juicio el ufano padre Loring no podría testimoniar que esto o aquello lo dijo verdaderamente Cristo, lo único de lo que podría dar fe es de lo que cuenta el evangelista. Por tanto, a quien se cree no es a Cristo, sino al evangelista. Si añadimos que no existe ni un solo original del evangelio, sino sólo copias de copias, la más antigua de las cuales se remonta al siglo IV, es decir, a la época de Constantino, entonces ya bajamos el telón y nos vamos. Esto es así, aunque al padre Loring no le quepa en su portentosa cabeza.
La de veces, que, sin esa jactancia, pero con mayor seriedad e incluso sadismo, nos contaron la misma historia a mí y a los niños y niñas de mi generación. Hoy todas esas afirmaciones dan risa, al menos a mí, incluso, con esta palabrería, hasta asco, pero entonces no teníamos armas para defendernos y hacían daño, mucho daño.

P.S.
La alocución, incluida por Eslava Galán en El fraude de la Sábana Santa
Imágenes de internet.

martes, 2 de abril de 2024

LA LLUVIA Y EL NIÑO DE LA CAPEA.

  Rogativa en Aznalcóllar (Sevilla)
Hace un par de días vi a través de youtube una de esas entrevistas callejeras en la que ¿un periodista? hace preguntas más o menos imbéciles a los transeúntes que se va encontrando. En esta ocasión, las preguntas iban sobre la Biblia y resultó que a quienes se las iba haciendo no tenían ni idea. ¿El Pentateuco? ¿Qué es eso? Cara de pasmaos. ¿David? ¡Ah, sí, David sale en el evangelio, ¿no?. ¿Y Moisés? ¿Ese no era el de los diez mandamientos? Sí, hombre, el de la película. Lo dicho, ni idea. Y es que los católicos, en general, no leen la Biblia, la tienen en su casa, no en vano es el libro que más se compra, pero no la leen.
La Biblia tampoco la leen los políticos. Bueno, esos menos que nadie. Si unos y otros la leyeran conocerían el episodio del sueño del Faraón en el que se sucedían  siete vacas gordas y siete vacas flacas, conocerían la interpretación del hebreo José y sabrían que en toda la cuenca del Mediterráneo se producen, desde tiempo inmemorial y de media, siete años de lluvia, seguidos de otros siete de sequía, situación que, más o menos, se mantiene hasta el momento, a pesar del evidente cambio climático.
San Isidro, en Cigales (Valladolid)
Bien, ¿pero qué tiene que ver la lluvia con el Niño de la Capea? Absolutamente nada. Lo mismo que entre las rogativas y procesiones y la lluvia, como muy bien saben los obispos, que ellos sí que han leído la Biblia y conocen perfectamente el episodio señalado. Pero, como tantas otras cosas, se lo han saltado a la torera y durante todo el tiempo de sequía se han sentido en su salsa. Nada, por ejemplo, de hacer declaraciones pidiendo el fin de la fin de la guerra que se nos viene encima; nada de abrir sus archivos para conocer a los pederastas que han tenido y tienen en sus filas. Ahora, pedirle a los fieles rezos y más rezos y protagonizar rogativas y procesiones de santos, vírgenes y Cristos, de eso, hasta el corvejón, que se decía en los tiempos de mi juventud. ¡Y cómo han disfrutado los tíos!
No obstante, más allá de los obispos y antes que ellos, hay que reconocer que el ser humano puede ser el animal más inteligente de la tierra, pero la mayoría, y de esto se aprovechan los obispos y, en general, las religiones, no deja de sentirse dependiente de seres y fuerzas superiores e invisibles, a los que se vuelve en momentos de dificultad. Desde los tiempos más remotos, ante situaciones de sequía, como la que venimos padeciendo, llevaban a cabo diversos rituales con la esperanza de conseguir que lloviera. Uno de los más extendidos era la danza de la lluvia, practicado en todo el mundo, se puede decir, con la que pretendían que las nubes descargaran su ansiada carga y, al mismo tiempo, limpiar la tierra de espíritus malignos.
En el mundo cristiano lo que se impuso y se impone son las rogativas, denominadas pro pluvia, o ad petendam pluviam, que consisten en oraciones, en la exposición de un santo o de una virgen en el interior del templo y en procesiones. La Agencia Aragonesa para la Investigación y el Desarrollo (ARAID), en un portentoso trabajo, que no tenemos ni idea de para qué puede servir, ha contabilizado más de 3500 manifestaciones pro pluvia en once países durante los últimos 650 años. En Aragón, hasta el 2021 se habían celebrado 239, 19 en Huesca, 181 en Zaragoza y 39 en Teruel. La más antigua la han localizado en Jaca, fechada en 1542; se celebró en el interior de la catedral y consistió en la inmersión de las reliquias de Santa Orosia en un recipiente con agua. 
El Abuelo, en Jaén
Entre el 2021 y el 2024 han tenido lugar en España numerosas rogativas y procesiones pro pluvia. Por citar algunas, en Jaén han sacado a Jesús Nazareno, al que llaman el Abuelo; en Alhaurín de la Torre, a San Francisco de Paula; En Vélez Málaga, a la Virgen de los Remedios; en Daroca (Zaragoza) a San Isidro; en Cádiz, rogativas a San José en la parroquia de su nombre; rogativas también en Cáceres; en Cella, un pueblito de Teruel, sacaron a la Virgen de Santa Rosina, a la que apodan La Meona, porque siempre que la sacan llueve. El 10 de marzo de este año,  sacaron en Barcelona al Cristo de la Sangre y justo llovió durante la procesión, la última de las que se han celebrado antes de las lluvias.
Ahora bien, si después de los rezos y las procesiones no llueve, en Oriente, donde también se hacen rogativas, tiran a los dioses o los encarcelan. En el mundo cristiano, cuando no llueve, los fieles se cabrean y vienen a hacer lo mismo con sus santos. Uno de los casos más famosos se sitúa en Sicilia, en el año 1893. Una sequía intensa de varios años estaba arruinando la isla, hasta el punto de que el hambre empezaba a hacerse notar. Después de un montón de oraciones, rogativas, súplicas y procesiones, no llovía; entonces, en Palermo, la capital de la isla, los fieles, furiosos, cogieron a San José, lo sacaron al campo y lo estrellaron en un labrantío completamente seco, para que viera con sus propios ojos como estaba la tierra. "Y ahí te quedas hasta que llueva", le dijeron. Luego, en las iglesias, volvieron del revés a muchos santos y a otros los desterraron del templo y los plantaron en mitad de la calle. El cabreo se extendió por toda la isla. En la localidad de Caltamiseta, por ejemplo le arrancaron las alas al arcángel San Miguel y se las pusieron de cartón, le quitaron el manto que lo cubría y le pusieron un taparrabos. En Licatta, a San Ángel, patrón del pueblo, lo despojaron de sus vestiduras, lo insultaron, le pusieron grilletes y lo amenazaron con ahogarlo o ahorcarlo; los más perjudicados por la falta de lluvia, seguramente, levantaban el puño y gritaban: "¡Que llueva o a la soga!" 
El Criste Negre, en Perelada (Barcelona)
Naturalmente, al final, siempre llueve, pero con tanta rogativa y tanta procesión a lo largo incluso de años, achacar la lluvia a los efectos de estos actos deviene completamente en el absurdo. Hoy día, la solución a la escasez de agua no  puede consistir sólo en esperar que llueva, mucho menos en rezos y en procesiones y menos todavía en irse a ver al papa y pedirle que interceda para que las nubes descarguen de una vez la bendita agua, como ha hecho el señor Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía, eso es aprovechar el cargo para hacer turismo en Roma con el dinero de los contribuyentes. 
Si los políticos hubieran leído la Biblia habrían visto que en Egipto, por consejo de José, se almacenaron los excedentes de trigo de los años buenos de lluvia, de modo que cuando llegaron los de sequía pudo paliarse la situación. En Egipto no existía el capitalismo, como el que nosotros padecemos hoy, pero tampoco contaban con los avances técnicos de los que nosotros podemos disponer, por tanto no nos es posible guardar los excedentes porque se exportan, pero sí que podemos controlar los usos ilegales del agua, los pozos clandestinos, tanto en la agricultura como en parcelaciones sin licencia y, desde luego, sí que hoy podemos obtenerla del mar, que ahí está, ocupando las dos terceras partes de la superficie de la tierra.
Pero no sólo se hacen rogativas pro pluvia, se hacen también pro serenitate, es decir, para que deje de llover cuando llueve y llueve sin cesar. Parece que las lluvias de esta última semana desaparecen, al menos por unos días, quizás unas semanas. Pero si siguiera lloviendo cuatro  o cinco días más, al ritmo que lo ha venido haciendo, no nos extrañemos que hubiera quien dijera que ya había caído bastante agua y que era necesario que parase. No tardarían mucho los obispos en volver a pedir oraciones, ahora para lo contrario de lo que las pedían ayer.

Fuente: Lectura de prensa
Imágenes: Internet

domingo, 24 de marzo de 2024

EL CATECISMO DEL PADRE RIPALDA

Jerónimo Ripalda fue un aragonés de Teruel donde nació en 1535, profesó como jesuita y falleció en Toledo en 1618. De ascendencia vasca, que luego nos echan todos los muertos a los andaluces, fue profesor en los colegios jesuitas de Plasencia, Ávila y Valladolid, llegando, posteriormente, a ser rector del colegio de Salamanca, época en que fue confesor de Teresa de Jesús.
Este buen hombre escribió un catecismo cuya primera edición tuvo lugar en 1591, conociéndose desde el primer momento como el Catecismo del padre Ripalda, o, coloquialmente, el Ripalda, a secas. Este catecismo fue coetáneo de otro escrito por el también jesuita Gaspar Astete (Coca de Alba, Salamanca, 1537-Burgos, 1601), catecismo que se conoció como el Astete. Ambos libritos plasman puntualmente las conclusiones del Concilio de Trento (1545-1563) y estuvieron en vigor durante cuatrocientos años, hasta el Concilio Vaticano II, del que emergió el Catecismo de la Iglesia Católica. Los dos catecismo formaron parte importante de la asignatura de religión durante la dictadura franquista, el Astete de Madrid hacia el norte y el Ripalda de Madrid hacia el sur.
Como quiera que la de religión nunca fue una asignatura propiamente dicha, sino catequesis pura y dura, lo mismo que, quizás más suavizada, sigue siendo hoy, los niños de mi generación tuvimos que aprendernos de memoria el contenido íntegro del librito, con ocho, nueve, diez años. La verdad es que visto con los ojos de hoy, cuando lo releo, resulta incluso cachondo. Ya el arranque, al que el tal Ripalda, llama Prolegómeno, es apoteósico. Aquí va:
                 "Todo fiel cristiano
                  está muy obligado
                  a tener devoción
                  de todo corazón
                  a la Santa Cruz
                  de Jesucristo nuestra luz
A continuación, sigue con todo lo que debe conocer y practicar un cristiano católico desde la señal de la cruz, incluido cómo debe persignarse y santiguarse, hasta el acto de contricción, pasando por el padre nuestro, el ave María, el credo, la salve, los mandamientos, de la ley de Dios y los de la Iglesia, las obras de misericordia, los pecados capitales, las Bienaventuranzas, etc. etc. Cada epígrafe con su texto completo, no meramente con el título. Por ejemplo, el padre nuestro, entero; lo mismo el credo, los mandamientos, en fin, todo. Nada menos que veintiún epígrafes.
Con todo, lo más interesante y también descacharrante es la serie de exactamente cuatrocientas sesenta (460) preguntas y respuestas en forma de diálogo entre un supuesto sacerdote (el Ripalda, claro) y un alumno. A título de ejemplo, y con el lenguaje actualizado, tal y como yo me las tuve que aprender, transcribo algunas de estas preguntas y respuestas, escogidas casi al azar.
nº 2.- ¿Eres cristiano?
          Sí, por la gracia de Dios
nº 3.- ¿Qué quiere decir cristiano?
          Hombre de Cristo, cuya fe profesó en el bautismo. 
¿Como se ve, el catecismo iba dirigido a los hombres y es que el Ripalda este debía creer todavía que las mujeres carecían de alma, como se había discutido hasta no hacía mucho, y eran poco más que animalitos. Pero, además, qué fe íbamos a profesar ni a profesar nosotros si nos bautizaban por... narices a los ocho o diez días de nacer)
nº 20.- ¿A qué está obligado el hombre primeramente?
                 A buscar el fin último para el que fue creado
nº 21.- ¿Para que fin fue creado?
           Para servir a Dios y gozarle
nº 30.- ¿Quién compuso el Credo?
           Los apóstoles 
(Mentira absoluta, comprobable, aunque no entonces, claro)
nº 46.- (Después de decir que el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios)
            ¿Son pues tres dioses?
            No, sino uno en esencia y trino en persona. 
(Y qué carajo quería decir esto)
nº 63.- ¿Cuántas naturalezas hay en Cristo?
           Dos, divina y humana
nº 64.- ¿Cuántas personas?
           Una, que es divina 
nº 65.- ¿Cuántos entendimientos?
           Dos, divino y humano
nº 66.- ¿Cuántas voluntades?
           Dos, divina y humana
nº 67.- ¿Cuántas memorias?
          Una: humana, ya que en cuanto Dios lo tiene todo presente.
           (Todo un galimatías teológico, para niños, repito, de 8, 9 ó 10 años. No hay quien lo entienda de adulto, ni ellos, lo íbamos a entender nosotros)
nº 87.- ¿Qué es la gloria?
           El conjunto de todos los bienes sin mezcla de mal alguno
nº 89.- ¿Qué es el infierno?
           El conjunto de todos los males sin mezcla de bien alguno.
nº 90.- ¿Qué pena padecen los condenados?
           Pena de daño y pena de sentido
nº 91.- ¿En qué consiste la pena de daño?
           En carecer de la vista de Dios
nº 92.- ¿Y la pena de sentido?
           En padecer para siempre tormentos indecibles y horrorosos.     
      Y
a está bien, que, como muestra, me estoy pasando. No entendíamos nada, claro o casi nada. Luego, las preguntas y las respuestas se olvidaban pronto, pero el sustrato de toda aquella porquería quedaba grabado en el cerebro, que es lo que los interesaba, y les interesa, a ellos, de manera que más tarde, a medida que ibas leyendo, razonando, etc., costaba no poco sufrimiento echarla fuera, si es que te dabas cuenta de que debías echarla.


Imágenes: Pinterest
  

lunes, 18 de marzo de 2024

SUSTANCIA

Hueso de jamón

1.- ¿Se vive como se come o se come como se vive? Expertos en nutrición aducen pruebas con las que pretenden demostrar que somos lo que comemos. Sin embargo, basta mirar a nuestro alrededor para comprobar que, en realidad, comemos según lo que somos. El goloso, por ejemplo, buscará la dulcería con ahínco, el glotón no saciará nunca su hambre, el rico comerá por completo distinto del pobre y el plato del pobre, a su vez, no se asemejará en nada a la triste escudilla del mendigo.

Cocinando el puchero

2.- En los años cuarenta del siglo pasado, mientras el hambre desgarraba los estómagos de la mayoría de los españoles y los fusiles continuaban acribillando personas, ahora en el interior de las cárceles, un hombre caminaba con un hatillo al hombro por las calles de Málaga. De tanto en tanto, se llevaba la mano a la boca a modo de bocina y gritaba: ¡Sustancia! ¡Sustancia! ¿Vendía algo aquel hombre? ¿Estaba desquiciado? Ni una cosa ni la otra: alquilaba por minutos un hueso de jamón y un trozo de tocino para que las amas de casa alegraran el puchero. Tuve conocimiento de esta anécdota muchos años más tarde.

Iglesia de las Esclavas,
antigua de San Juan de los Caballeros

3.- El de las Esclavas del Sagrado Corazón, cuya fundadora, Rafaela María Porras y Ayllón (Pedro Abad, Córdoba, 1850- Roma 1925) fue elevada a los altares por Pablo VI en 1977, era el convento más rico de Córdoba. No sé si lo sigue siendo. Tenía un colegio femenino de pago, en el que cursaban los estudios las hijas de las familias más acomodadas de la ciudad y de la provincia, muchas de ellas como internas. Comprometidas, cómo no, con la caridad, esa virtud tan católica, las monjas mantenían una sección independiente, con entrada distinta, como hacían los salesianos, para niñas pobres. Mi hermana formaba parte de este grupo. Mi madre estaba obsesionada con nuestra formación y, aunque no era nada religiosa, no paró hasta que vio a su niña en el que creía el mejor colegio de Córdoba, lo mismo y por la misma razón que había conseguido que yo ingresara en los salesianos.

4.- Muchas vece entré yo en aquel convento y recorrí hasta los rincones más alejados de la clausura. Acompañaba a mi padre a realizar trabajos de carpintería: recomponer unos pupitres, tapizar un reclinatorio, arreglar una de aquellas persianas de duelas de madera que tanto costaba subir, etc. Durante un tiempo circularon por Córdoba unas capillitas, de aquellas que iban de casa en casa, formadas por un arco ojival con una estampa de la madre Rafaela, entonces aún Beata, y un cajoncito para las limosnas. Empezó haciéndolas mi padre y terminé haciéndolas yo. Cosas de la informalidad paterna, que yo no podía sufrir.

Imagen de las capillitas

5.- Debió ser en mil novecientos sesenta y uno o sesenta y dos. Para entonces, el hambre empezaba a ser ya un triste recuerdo en el país, gracias principalmente al dinero que enviaban a sus familias los cientos de miles de españoles que habían emigrado a Europa (llegaron a ser más de dos millones), sobre todo, a Alemania. Era invierno, febrero, no lo olvidaré, un día lluvioso, casi negro, tristísimo. Mi padre y yo llegamos al colegio para arreglar una persiana en la cocina en la que se preparaba la comida para las niñas pobres. Atravesamos un par de corredores, bajamos una escalera que llevaba a un semisótano en el que estaba la cocina, con ventanas a un patio interior, abrimos la puerta y allí estaba: En el fogón crepitaba una olla de cocido y sobre ella colgaban un trozo de tocino y un hueso de jamón que la hermana María, la cocinera, introducía y sacaba del puchero repetida y brevemente mediante un cordel pasado por una garrucha que colgaba del techo.

Cocido con su substancia de verdad

6.- Aquel día me quedé de piedra, pues nunca había visto nada igual. Pero mucho tiempo después, un amigo me contó la anécdota del alquiler malagueño, entonces recordé a la hermana María en la cocina de las niñas pobres y, espontáneamente, grité yo también: ¡Sustancia! ¡Sustancia!, desconcertando por completo a mi interlocutor.

viernes, 8 de marzo de 2024

LA RELIGIÓN COMO COARTADA

Con harta frecuencia veo en las redes sociales, o escucho de viva voz en los bares, que a ver si tal o cual mujer que en España, y en general en el mundo occidental, expresa una opinión o muestra un comportamiento liberal es capaz de hacer lo mismo en un país musulmán, dando a entender, y en ocasiones diciéndolo abiertamente, que en los países musulmanes las mujeres están calladitas, sin atreverse a sacar ni medio pie del plato. Quienes sostienen tal reproche suelen ser hombres, hombres a los que parece darles pánico las mujeres que no se sujetan ni a la moral ni a las normas tradicionales de dependencia del varón.
Bien, pues tal afirmación o es fruto de un completo desconocimiento de lo que está ocurriendo en los países islámicos o, más comúnmente, es una gran falacia. Porque las mujeres en esos países llevan décadas luchando por conseguir su libertad frente a la opresión machista disfrazada de moral religiosa. Y a la vanguardia de esa lucha se encuentra actualmente Irán. 
El actual régimen de los Ayatolás, juristas islámicos, esto es, alfaquíes y ulemas, se instaló en Irán en 1979, encabezado por el famoso Jomeini (1902-1989), tras derribar el régimen de Mohammad Reza Pahlevi (1919-1980), Shah del país, que por entonces mantenía el nombre histórico de Persia. El Shah, que había accedido al trono persa en 1941, sucediendo a su padre, se había propuesto modernizar el reino, pero fue evolucionando hacia el autoritarismo, hasta el punto de que acabó creando la temible SAVAK, policía secreta que contaba en sus filas con hasta quince mil agentes. Pero pasar de un régimen laico, aunque autoritario, a uno religioso fue salir de un abismo para caer en otro peor.
Jomeini pasaba por místico y hasta había escrito poesía en esta línea, cercana, según los expertos, a  San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús,  pero era en realidad un alfaquí chiita experto en la sharía, ultraconservador y ultra egotista, para el que democracia y prostitución venían a ser la misma cosa. Por autodefinición, el suyo fue el Gobierno de Dios, de manera que cualquier disidencia se catalogaba como una "rebelión contra la divinidad." 
La religión utilizada una vez más como coartada y, al mismo tiempo, como herramienta para controlar duramente no sólo las actividades, sino hasta los pensamientos más íntimos de la gente, en beneficio exclusivo de una minoría privilegiada. Una de sus medidas que más resonancia internacional tuvo fue la fatwa, es decir, la condena a muerte allí donde quiera que estuviese, contra el novelista Salman Rushdie por su novela Los versos satánicos. Pero, sin lugar a dudas, el acto más duro fue la ejecución en 1988 de disidentes políticos: comunistas, fedayines y muyahidines, en un número que no ha podido establecerse con exactitud por el secretismo del Estado, pero que pudo llegar a los treinta mil (30.000).
Con todo, las más perjudicadas fueron las mujeres, que si durante el reinado del Shah eran cada vez más libres, pasaron a un estado de semiesclavitud, bajo el absoluto control masculino. El nuevo régimen, que se prolongó tras la muerte de Jomeini en 1989, sustituyó la temida y odiada policía del Shah, por una ¡policía moral!, que se encarga principalmente de controlar la estricta vestimenta que están obligadas a llevar las mujeres, especialmente el velo o hiyab
Desde Jomeini, multitud de mujeres se han venido y se vienen oponiendo a esta situación. En esta lucha, la figura más destacada es la de Nagar Hammadi (Zanjan, 1972). Licenciada en Física y periodista, ya desde su época de universitaria destacó por su defensa de los derechos humanos y, concretamente, de las mujeres. Como consecuencia de su actividad ha sido detenida en numerosas ocasiones, cumpliendo distintas condenas en las prisiones iraníes. En 2010 fue condenada a once años de cárcel por atentar contra la seguridad nacional, según la acusación gubernamental, aunque un tribunal de apelación le rebajó a seis años, de los que sólo cumplió cuatro. Pero fue detenida de nuevo en 2015 y condenada a diez años. En 1990 se casó con el también periodista y reformista Tagh Rahmani, con el que tuvo dos hijos gemelos. En 2012, tras varias detenciones y temiendo por su vida, Rahmani, de acuerdo con Nagar, se exilió con sus hijos en Francia.
La policía moral cuenta con carta blanca para actuar contra las mujeres que, a su juicio, no van adecuadamente vestidas. Son numerosas las que a lo largo de estos años han pasado por sus garras, dando ocasión a protestas que no dejaban de ir en aumento. En septiembre de 2022, Mahsa Amini, una chica de veintidós años perteneciente a la minoría kurda,  fue detenida mientras visitaba Teherán en compañía de su hermano por, al parecer, no llevar el velo adecuadamente puesto. Trasladada a las dependencias policiales, murió como consecuencia de las torturas a que fue sometida. Tal hecho produjo un levantamiento principalmente de mujeres, pero también de bastantes hombres, bajo el lema Mujer Vida y Libertad, con grandes manifestaciones pacíficas en las calles. El régimen respondió violentamente. Hubo cientos de muertos, incluidos niños y niñas, y miles de heridos, bastantes de ellos ciegos, porque la policía disparaba perdigones. Luego, seguirían detenciones arbitrarias, con más de veinte mil (20.000) arrestados, bastantes de ellos pasados por las armas. Y la policía moral sigue actuando a su capricho contra las mujeres. El 22 de octubre de 2023, en el metro de Teherán, varios de estos policías golpearon hasta dejarla en coma por no llevar puesto el velo a Armita Geravand, otra chiquita, de sólo diecisiete años, que moriría poco después en el hospital militar, al que fue llevada.
En estos momentos hay en las cárceles iraníes varios miles de mujeres condenadas por su lucha en favor de la libertad, muchas de ellas en celdas de castigo. Precisamente, en 2022, Nagar Hammadi, publicó el libro Tortura Blanca, con testimonios, en forma de entrevistas, de catorce mujeres encarceladas, incluida ella. Las catorce han sufrido esa tortura blanca que es  tanto física como psicológica y que consiste en el aislamiento absoluto en recintos donde apenas puede moverse el detenido, con luz, con música estridente, o con ambas al mismo tiempo, durante las veinticuatro horas del día. El libro, que ha sido publicado en España por Alianza Editorial, fue presentado recientemente en Madrid por el marido de la autora, Tagh Rahmani, y se encuentra fácilmente en las librerías. El año pasado, 2023, se le concedió a Nagar el Premio Nobel de la Paz, pero sigue en la cárcel, tan controlada que el régimen, muy religioso, pero carente por completo de piedad, no le ha permitido siquiera asistir al entierro de su padre, muerto hace sólo unos días.
Hoy, ocho de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, bien haríamos desde Occidente y, en concreto, desde España en decir menos tonterías de las mujeres islámicas y apoyar con todos los medios posibles sus luchas, que no se circunscriben sólo a Irán y que deberían ser también las nuestras.

Imágenes de Internet.
La primera, de Nagar Hammadi,
La segunda, de Jomeini
La tercera, de Salman Rudhie
La cuarta, de Mahsa Amini
La quinta es obvia, portada del libro Tortura blanca.