El 19 de septiembrede 1983, durante el gobierno socialista dirigido por Felipe González, Inmaculada Valderrama, una adolescente de sólo catorce años, apareció muerta en el patio del reformatorio Nuestra Señora del Pilar, dependiente del Patronato de Protección de la Mujer, en San Fernando de Henares (Madrid). Tras una "exhaustiva" investigación, se llegó a la conclusión de que Inmaculada se había caído y matado al intentar escapar descolgándose desde la tercera planta del edificio con las sábanas de la cama. El problema que ninguno de los investigadores advirtió era que la niña apareció en bragas y descalza. Nadie se preguntó tampoco adónde pretendía ir de aquella guisa ni cómo y por dónde pensaba salir del patio, y el más que probable crimen quedó impune.
¿Pero cómo empezó todo? En julio de 1936, cuando estalló la guerra civil, el sacerdote Doroteo Hernández Vera (1901-1991) ejercía de canónigo en la catedral de Santander. La ciudad, como toda Cantabria, había permanecido fiel a la República y Doroteo siguió desempeñando su ministerio entre los católicos clandestinamente. Por ello, en abril de 1937, fue detenido y encarcelado, situación de la que lo liberaron las tropas franquista en agosto de ese mismo año, una vez que la ciudad cayó en sus manos.
Aunque breve, el paso por la cárcel marcó profundamente al padre Doroteo, hasta el punto de que el 8 de diciembre del mismo 1937, en plena guerra civil, bajo el paraguas del derecho pontificio, es decir, del derecho de un Estado ajeno a España, fundó la Cruzada Evangélica, un instituto secular católico femenino, con mujeres que no tenían propiamente el carácter ni vestían el hábito de monjas, aunque, como éstas, hacían voto de obediencia (este voto es fundamental en este tipo de organismos), castidad y pobreza. Su misión oficial era la de la evangelización de las clases obreras.
Sin embargo, no tardarían mucho en iniciar su colaboración con el Patronato de Protección de la mujer. Creado a principios del siglo XX para luchar contra la trata de blancas, este Patronato fue refundado por el franquismo en 1941, ocupando su presidencia Carmen Polo Martínez-Valdés, mujer del dictador. A partir de este momento, el Patronato adquiere un carácter siniestro. En efecto, tras la pantalla de la protección de la mujer y su dignificación lo que se escondía era una red de control moral y social de la mujeres, especialmente de las más jóvenes, que se extendía por todo el país como una gigantesca tela de araña. Oficialmente, tenía competencia sobre mujeres de entre dieciséis y veintinco años, pero cualquiera de ellas, desde diez o doce años podía caer en sus garras, entre otros motivos, por quedar embarazada sin estar casada, mostrar conductas rebeldes o sensuales, o tener ideas políticas consideradas subversivas (todas las que mostraran un desacuerdo con el Régimen.)
Gran parte del control de las mujeres se ejercía a traves de celadoras o vigilantas, que patrullaban estaciones de tren y de metro, paradas de autobuses, cines, calles, fiestas populares, etc., buscando chicas solas, besando a un chico o en actitudes provocativas o sospechosas. Más allá de estas celadoras, el Patronato podía recibir también denuncias de un vecino de la chica o de sus propios padres.
Una vez captadas, las mujeres eran recluidas en conventos o en reformatorios, bajo el control de monjas como las Adoratrices, las Oblatas o las Trinitarias. Y también las integrantes de la Cruzada Católica. Las mujeres que ingresaban en cualquiera de estos centros sufrían un extricto aislamiento del exterior, con censura de la correspondencia, restricción total de llamadas telefónicas e incluso prohibición de visitas familiares. Eran sometidas a la realización de trabajos forzados, como lavandería o costura, sin remuneración; sufrían un severo adoctrinamiento religioso, con rezos continuos y obligatorios, y ante el más mínimo incumplimiento de las normas eran sometidas a castigos físicos o encerradas en celdas de aislamiento, verdaderos cuchitriles diseñados para la humillación de las internas. El reformatorio de Nuestra Señora del Pilar, donde murió Inmaculada Valderrama, tenía una de estas celdas, a la que las internas llamaban "el chiscón", un cuarto sin luz ni ventilación y de tan reducidas dimensiones que sólo se podía estar en él en cuclillas, y las condenadas a este castigo podían pasar en él días y semanas.
Internas Maternidad Peñagrande
Entre 1970 y 1984, el instituto de la Cruzada Evangélica, regentó uno de los centros más aterradores del Patronato de Protección de la Mujer, el de Nuestra Señora de la Almudena, más conocido como Maternidad de Peñagrande, en Madrid. En este centro eran recluidas forzosamente madres solteras de toda España y/o mujeres embarazadas, muchas de ellas menores de edad. Aquí, además de los trabajos forzados, los rezos y los castigos más arriba mencionados, las mujeres sufrían toda clase de presiones para que renunciaran a sus hijos y, en no pocos casos, el robo directo de sus bebés para su venta a familias de economía solvente que no podían tener hijos. Hasta 30.000 niños pudieron ser robados entre 1941 y 1975 sólo en este centro. Hay una excelente película: "Alumbramiento", de 1974, que da buena cuenta de la vida y de los turbios sucesos que tuvieron lugar en él.
Con anterioridad, la escritora Consuelo García del Cid denunciaba la situación de este sitio en su libro "Las desterradas hijas de Eva", denuncia que confirmaba la antropóloga y doctora en Ciencias Humanas y Sociales Neus Roig Pruñanosa, en su libro "No llores que tendrás más", un concienzudo estudio del robo de bebés en España desde 1938 a nada menos que 1996, con la participación no sólo de la Cruzada Evangélica, sino también, y por encima de ella, de la jerarquía católica.
Las pseudo monjas de la Cruzada Evangélica abandonaron el centro de la Maternidad de Peñagrande en 1983, tras una inspección realizada por el teólogo seglar Enrique Miret Magdalena (1914-2009), entonces Presidente del Tribunal de Menores.
Por otra parte, la muerte no aclarada de Inmaculada Valderrama produjo tal escándalo, con manifestaciones de feministas y personas preocupadas por los Derechos Humanos, que en el mismo 1983 las mismas pseudo monjas abandonaron también el reformatorio de Nuestra Señora del Pilar, de San Fernando de Henares, que venían rigiendo desde su fundación en 1944.
No obstante, el Patronato de Protección de la Mujer no sería formalmente suprimido hasta 1985, fecha en la que desaparecen igualmente la Maternidd de Peñagrande y el retormatorio de Nuestra Señora del Pilar. Por su parte, el instituto Cruzada Evangélica no sólo saldría de rositas por su fundamental participación en la administración y trato infamante a las mujeres, incluida la venta de bebés, en la Maternidad de Peñagrande y en el reformatorio de San Fernando de Henares, sino que siguen existiendo en la actualidad, ahora mismo, en este mes de junio del 2026, con centros en Santander, Madrid, Coslada, Santa María de Tormes (Salamanca), Cerdanyola del Vallés (Barcelona), La Puebla de Cazalla (Sevilla) y, fuera de España. en Bolivia, Perú y Guatemala, en Sudamérica, y en Lubumbashi, Likasi y Kitwe en África.
P.S.- Dedicado a todos aquellos y aquellas que afirman que con Franco se vivía mejor que ahora.
Imágenes: Internet.




































