miércoles, 3 de marzo de 2021

LA RAZÓN DE PENÉLOPE

 

Va para veinte años que Ulises marchó a la guerra de Troya y aún no ha regresado, y Penélope, su mujer, teje y desteje la mortaja destinada a su suegro, Laertes, mientras, joven todavía y en edad casadera, soporta el asedio de numerosos pretendientes. ¿Por qué sigue esperando Penélope? ¿Por qué, como dictaban las normas sociales, no elige a uno de los pretendientes y vuelve a casarse?

                 La razón de Penélope

                 Si mi vida transcurre como un puente
                 entre el ayer perdido y el mañana,
                 si aguardo muda tras de la ventana
                 y gano tiempo al tiempo, impenitente,

                 si niego la existencia del presente
                 y me unzo al telar con fuerza vana,
                 si me abrazo a la noche como a hermana
                 que me acoge en su seno diluente,

                 no es por izar ferviente la bandera
                 del amor, del honor, o la vergüenza,
                 no es por acariciar los entredoses

                 de esta insufrible, intransitable acera,
                 donde se espera que el dolor me venza:
                 es por torcer el dedo de los dioses.

P.S. El texto es propiedad del autor del blog.

sábado, 27 de febrero de 2021

LEOPOLDO II


 

La finta con que la historia enjuga el rastro
de ciertos genocidas prueba la facilidad
con que se cierra la compuerta de la memoria
y se abre la silenciosa espita del olvido.

A estas alturas del siglo XXI, sólo la jungla
recuerda la alacranada mano que regó
su arboleda de hierro incandescente,
de rosarios de ira, de altares de dolor.

Este barbado de bonachona imagen,
aunque apenas nadie lo recuerde
debe ocupar y ocupa un lugar preferente
en la historia universal de la infamia.

No conquistó nada, pero con artes
de prestidigitador entre laureles de verano
se apoderó del Congo y en un juego de manos
de tahúr lo convirtió en su propiedad privada.

Era el rey de los belgas y el jefe de su Estado,
pero el Congo fue suyo, como suyas eran la maldad,
la avaricia, el afán de poder y de riqueza,
la hipocresía y la desmedida obsesión sexual.

Este gallito inmundo que, paradójicamente, 
ha pasado hasta por altruista y filántropo,
tiene a su cargo la muerte de entre ocho
y quince millones de desgraciados congoleños.
Caucho, diamantes y marfil son los tres cepos
con los que esclavizó a la población
exprimiendo hasta la última gota de su aliento,
mientras atiborraba su bolsa de monedas.

Ríos de muerte recorrieron la jungla durante años
y años, ríos de hambre, de dolor, de desesperación,
de espanto, el látigo y la pistola de podridos sicarios
mantenían en el tajo un ejército de cadáveres en vilo.

Pocos antes en la historia llegaron tan lejos
asesinando con sus manos limpias poblaciones
enteras, pocos antes explotaron un territorio
con la furia abrasiva de esta fiera implacable.

Ninguno vivió con la aureola de doncel glorioso,
ejemplo de prohombre magnánimo y civilizador,
ninguno dejó a su muerte una estela tan pura
de benevolencia, de honradez, de humanidad.

Maldito sea por siempre su nombre y su recuerdo.
Amén
 
P.S. El texto es propiedad del autor del blog.

De: Memorial africano. Inédito.

miércoles, 24 de febrero de 2021

JUAN HUSS

 

Ahora no sé, porque me alejé de ella hace mucho tiempo, pero cuando yo era niño y como parte de la expiación a la que, según ella, debíamos someternos, la Iglesia tenía prohibido comer carne durante la Cuaresma, además de todos los viernes del año, en memoria de la pasión y muerte de Jesús. Pero, hecha la ley, hecha la trampa, de modo que usted podía eludir esta prohibición rascándose el bolsillo y adquiriendo una bula. Y desde aquel mismo instante podía usted comer toda la carne que quisiera.
Bulas, dinero y el espíritu del tiempo. Muchos historiadores, la mayoría, y no pocos teólogos y hasta papas han intentado e intentan justificar las barbaridades que ha cometido la Iglesia Católica a lo largo de la historia amparándose en el espíritu del tiempo. Así, cuando usted nombra a la Inquisición, por ejemplo, enseguida salta cualquiera de los elementos citados aduciendo el espíritu del tiempo: la tortura, afirman sin el menor pudor, estaba institucionalizada en aquella época, hasta el punto de que el Estado la aplicaba con mucha mayor dureza que la Inquisición. Esto es lo que vino a decir Juan Pablo II cuando con su boca más diminuta pidió perdón por la existencia de esta institución.
Pero el concepto del espíritu del tiempo es más falso que la ropa de marca que venden en los mercadillos, porque si bien es cierto que en cada momento histórico existen
ideas dominantes de carácter represivo que la sociedad acepta, no es menos cierto que en cada uno de dichos momentos han existido personas y grupos que no han dudado en rebelarse contra ideas y represiones. Así, contra las bulas en particular, que no son de ayer, y contra la riqueza y el lujo de la Iglesia, que también tienen sus siglos, se alzó generosamente Juan Huss (1369-1416) en Bohemia, nada menos que casi trescientos años antes de Lutero.
La Iglesia tiene siempre en la boca la pobreza y a los pobres. Sin fisuras apoya aquellos de sus miembros que tratan de vivir en la pobreza o confortando a los pobres con lo que llaman caridad. Tal ocurrió con San Francisco de Asís, entre los primeros, y con la madre Teresa de Calcuta, entre los segundos. Pero se revuelve como una rata acorralada cuando lo que propone cualquiera de esos miembros es erradicar dicha pobreza y, al mismo tiempo y para dar ejemplo, poner fin a la escandalosa acumulación de riquezas y al lujo de la corte papal y de la jerarquía. Así, por poner un ejemplo reciente, Vicente Ferrer tuvo que abandonar la orden de los jesuitas para poder llevar a cabo su admirable proyecto de desarrollo económico en la  India, y desde Prisciliano hasta Savonarola no son pocos los que han terminado en manos del verdugo por pretender que la Iglesia regresara a la situación de  pobreza y de economía común de los primeros tiempos.
Juan Huss fue uno de estos últimos. La Bohemia de finales del siglo XIV y principios del XV, que, bajo el reinado de Carlos IV,
había sido una de las regiones más avanzadas de Europa, atravesaba una profunda crisis, en la que resultaba realmente escandalosa la vida de lujo que se pegaba el arzobispo de Praga ZbyâcK Rajia, así como la disipación del clero checo, practicante de una simonía feroz. "Se paga por la confesión", escribiría Huss, "por la misa, los sacramentos, las indulgencias, las bendiciones, el entierro, la absolución, los rezos. Los sacerdotes siempre quieren dinero. Incluso el último céntimo que la abuela ha anudado en su pañuelo, por temor al ladrón o al bandido, tampoco quedará en sus manos: un cura fullero se apoderará de él."
Educado en el espíritu de Milic y Janov, dos teóricos que habían iniciado la crítica de esta situación, y muy influenciado por el inglés Wyclif, otro potente crítico de la Iglesia acaparadora, ostentosa y derrochona, Huss, mucho más ardiente, no podía limitarse a la mera crítica, sino que estimaba imprescindible pasar a la acción.
Desde que el 14 de marzo de 1402, en que terminados sus estudios universitarios y ordenado sacerdote subiera por primera vez al púlpito de la capilla de Belén, en sus sermones añadía su propia interpretación a la exposición de temas bíblicos, así como una crítica política, además de la eclesiástica, en la que, entre otras cosas, reivindicaba los derechos de Bohemia dentro del Sacro Imperio Romano Germánico.  De este modo, consiguió atraer rápidamente a numerosos seguidores, que si en un principio pertenecían a la burguesía, poco a poco se fueron añadiendo campesinos.
Hus formó un equipo de predicadores que iban por las distintas ciudades y aldeas, proclamando la reforma de la Iglesia y la de la sociedad, y tanto los burgueses como los aldeanos acudían en masa, alejándose de los sacerdotes tradicionales. Temeroso de una revuelta popular, el arzobispo de Praga intentó captar a Huss, pero el joven predicador no tardó en romper con él, cuando advirtió que la pretendida reforma no consistía más que en paños calientes. La revuelta estalló en 1412 contra los vendedores de indulgencias del pontífice romano. Huss estuvo siempre en contra de la violencia, no obstante, en aquel momento se alejaron de él la élite social y el rey de Bohemia Wenceslao IV, que tenía intereses económicos y políticos en el negocio de las bulas.
Huss escribió mucho, en latín los tratados de carácter teológico y en checo los sermones de la capilla de Belén. A partir de su ruptura con el arzobispo toda su producción fue ya en checo. En este idioma tradujo la Biblia. Como se sabe, hasta tiempos muy recientes la Iglesia ha estado en contra de la traducción de los textos sagrados a idiomas vernáculos, poner al alcance de la gente dichos textos arrebataba a los clérigos buena parte de su aureola de brujos de la tribu, por lo que dicha traducción, una de las primeras llevadas a cabo, irritó soberanamente a la jerarquía eclesiástica.
Huss fue invitado a exponer sus ideas en el concilio de Constanza y el reformador checo aceptó, a pesar del riesgo que corría y a los avisos de sus partidarios. Llevaba un salvoconducto del emperador Segismundo, que no le sirvió de nada, porque tan pronto como llegó fue apresado y poco después quemado en una hoguera. Pero si los jerarcas eclesiásticos pensaron que así acababan con la revuelta no podían estar más equivocados: los seguidores de Huss prosiguieron la reforma, que culminaría en una verdadera revolución en Bohemia.

P.S. Datos de: 
       La revolución Husita.-Joseph Macek
    Occidente durante los siglos XIV y XV.- Jacques Heers.
       Historia concordada de los concilios ecuménicos.- José Delgado Sánchez


lunes, 22 de febrero de 2021

APELATIVOS FEMENINOS

 

Con su sociedad estamental, que situaba a los individuos en compartimentos estancos, los hombres y mujeres de la Edad Media fueron muy proclives a detallar minuciosamente oficios, actividades, actitudes, etc.
En esta época, en España se estaba produciendo un choque continuo entre el cristianismo y el islam. Con avances y retrocesos, lo cierto es que los cristianos conquistaban cada vez nuevos territorios que hasta aquel momento formaban parte de Al-Andalus. Ahora bien, de nada servían tales conquistas si no se consolidaban con la creación de asentamientos, o con la repoblación de los núcleos urbanos de los que había huido la población islámica. Sin embargo, tales territorios o villas eran lugares peligrosos, porque se convertían en frontera, en muchas ocasiones, de larga duración por los avatares de los reinos cristianos.
En esta situación, las mujeres tuvieron un importante protagonismo, pues sin ellas jamás se hubiera conseguido fijar a la población en los nuevos lugares. Los historiadores dan cuenta a menudo del valor de los hombres que conquistaron y vivieron en tales sitios. Se citan dichos, como el que dice: mata a un hombre y vete a Olvera, pueblo hoy de la provincia de Cádiz, famoso entonces porque constituía un frontera tan peligrosa que los monarcas habían promulgado una norma por la cual nada se le preguntaba al hombre que decidía vivir en semejante lugar. Pero hasta fecha muy reciente y casi siempre por boca de mujeres, los historiadores han callado que el mismo valor o más, puesto que carecían de armas para defenderse, mostraban las mujeres que se disponían, igualmente, a vivir en fronteras a menudo fluctuantes, pues sin ellas los hombres no hubiesen permanecido allí ni medio día.
Debemos a Heath Dillard, que ha estudiado a fondo el asunto, los apelativos que recibieron las mujeres una vez asentadas en los nuevos territorios:
Las que vivían en una villa eran llamadas villanas. Si, además, eran propietarias de una casa se las denominaba vecinas. Si vivían alquiladas por tiempo, moradora, pero si eran huéspedes de paso, alberguera. A las mujeres que vivían en aldeas y eran propietarias de viviendas se las llamaba solariegas, y collazas o vasallas a las que trabajaban para un propietario.
Manceba de cabellos, era la mujer púber, en edad casadera.
Mujer de tela, era la que llevaba una cofia en la cabeza. Esta prenda constituía un signo de dignidad en la que la portaba, por lo que las usaban mujeres casadas, pero también podían usarla solteras mayores y viudas.
Mujer de bendición o mujer velada era la esposa, digamos, normal, porque había otra esposa, también legítima, la casada clandestinamente, a la que se llamaba mujer jurada.
Las mujeres casadas recibían también el nombre de señora de la casa y madre de las campanas, nombres ambos que hacían referencia a su puesto en el hogar y el segundo de los cuales denominaba a la mujer más importante de aquél, la materfamilias.
La bibda, era la mujer viuda.
La barragana era la concubina de un sacerdote, de un soltero o incluso de un casado. El término derivaba de barragán, que se refería a un joven valeroso. La posición social de la barragana era comparable a la de la esposa, lo que significa que el término no tenía el carácter peyorativo que adquiriría más tarde. El amante de una mujer, sin embargo, era llamado simplemente amigo. Éste, en cambio, no tenía una posición oficial y su situación era más bien arriesgada, sobre todo si estaba casado.
Duenna y doncella, eran, respectivamente, la esposa y la hija de un caballero villano. Los caballeros no eran nobles, pero a partir del siglo XII, en Castilla, consiguieron numerosos privilegios.
Duennas fijosdalgo o infanzonas, eran las mujeres nobles, normalmente vivían en haciendas y gozaban de prerrogativas especiales.

viernes, 19 de febrero de 2021

CADÁVER

 



Gente de las montañas y gente de los llanos,
jornaleros del campo, manigeros, lampistas,
carpinteros que abrazáis la madera lo mismo que a una amante,
quincalleros, alfayates, alarifes,
campeones del hierro y de la fragua,
escuchad, 
escuchad.
Caballeros de pluma en el bigote y sombrero en la nuca,
dueños de los estadios donde se rompen la camisa
gigantes de la esfera,
tribunos de la cruz y del cadalso,
señores de las cumbres donde llueven doblones
como espigas de trigo,
escuchad.
Latinistas fogosos bajo cuyo chaleco
guardáis celosamente papiros de avellana,
estudiantes del verbo y de la carne,
siempre cargados con vuestras cantimploras de ilusiones,
amigos del trueno y la metralla,
chamarileros de todas las especies,
escuchad.
Novios de las marismas cuyas pupilas se dilatan
como pequeños soles con el olor de los duraznos,
amigos de la infancia que aún llevo en la memoria,
damas recién coronadas en el altar de los suspiros,
permitidme que invoque la voz del viejo Whitman
y escuchad,
escuchad:
esta mañana ha muerto un hombre,
yo he visto su cadáver mecido por las olas
de un mar de menta y nieve,
tenía la piel del color de la noche
y sonreía,
tenía la boca rota
y sonreía, le faltaban los dedos de la mano derecha
y sonreía,
en el tobillo izquierdo mostraba la marca de una argolla de hierro
y sonreía,
sonreía.


De: Memorial africano



martes, 16 de febrero de 2021

PERLAS, PERDONES Y OTRAS MARAVILLAS


 "La historia es el lugar donde podemos constatar la acción de Dios a favor de la humanidad."
"La libertad no se realiza en las opciones contra Dios."
"Tarea de la Filosofía: ilustrar contenidos filosóficos como, por ejemplo, el lenguaje sobre Dios, las relaciones personales dentro de la Trinidad, la acción creadora de Dios en el mundo, la relación entre Dios y el hombre y la identidad de Cristo, que es verdadero Dios y verdadero hombre."
He aquí tres hermosas perlas de la infinidad que fue soltando a lo largo de su vida el señor de la fotografía, Juan Pablo II, uno de los personajes más nefastos del siglo XX. La primera de las perlas viene que ni pintada para comprobar la acción de Dios en favor de la humanidad con la pandemia que tenemos encima, pues seguramente Dios nos ha enviado el ya célebre bichito para diezmar a la humanidad de forma natural, con el propósito de frenar la multiplicación de la especie humana, que puede acabar liquidando todo tipo de vida en nuestro planeta.
Este señor no se limitó a soltar perlas tan sabrosas como estas, sino que una de las señas de identidad de sus veintiséis años, diez meses y diecisiete días de pontificado fue su desmedido afán en pedir perdón. Es como si le hubiera atacado un virus desconocido que le irritaba la conciencia de tal modo que no tenía más remedio que descargarla. Aunque no estén todos, he aquí una relación de muchos de los perdones que pidió:
31-10-1992.- Por la persecución de Galileo
9-8-1993.- Por la participación de la Iglesia en el comercio de esclavos.
Mayo de 1995, en la República Checa.- Por los que la Iglesia mandó quemar en la hoguera y por las guerras que desató con la reforma protestante.
10-7-1995.- A todas las mujeres del mundo por la violación de sus derechos y por la misoginia de la Iglesia.
16-3-1998.- Por el silencio cómplice de la Iglesia ante el holocausto.
18-12-1999.- En Praga. Por la ejecución de Juan Hus en la hoguera en 1415.
12-3-2000.- "Por los pecados de los católicos cometidos a lo largo de los siglos contra grupos étnicos, por la violación de sus derechos y el desprecio a sus culturas y tradiciones religiosas." Textual.
4-5-2001.- Al patriarca de Constantinopla por los pecados de los cruzados en la toma y destrucción de su ciudad en 1204.
22-11-2001.- Por los abusos de los misioneros católicos contra los pueblos aborígenes del Pacífico Sur.
6-5-2001.- En la Mezquita de los Omeyas, en Damasco, soltó esta petición: "Por todas las veces que los musulmanes y los cristianos se han ofendido pidámosle perdón al Altísimo y perdonémonos mutuamente."
No ha habido en la historia un papa que pida tantas veces perdón, si es que ha habido alguno que lo haya pedido siquiera una vez. Entre los perdones, no está nada mal reconocer que contra los protestantes fue la Iglesia la que, directa o indirectamente, desató las guerras, esa Iglesia de paz y amor, que tanto predican los dirigentes. Igualmente, la petición por el silencio en el holocausto supone el reconocimiento de la actitud como poco pasiva de Pío XII, si es que no pro nazi, siempre negada por el Vaticano.
Pedir perdón es siempre un gesto de profunda humanidad que enaltece al que lo pide, pero para que sea sincero y no una acción vanal es imprescindible que las acciones posteriores de quien pide perdón estén en consonancia con esa petición. En primer lugar, porque la simple petición de perdón no compensa de ninguno de sus sufrimientos a las víctimas y, en segundo lugar, porque de nada valen esas peticiones si con posterioridad a las mismas vuelven a condenarse y a perseguirse hechos o conductas de hoy, por los que habrá que pedir perdón mañana, o se ignoran, cuando no se encubren, otros absolutamente condenables.
Gran actor de teatro, que había practicado en su juventud, el papa polaco revestía todos sus actos de teatralidad, entre los cuales dos de los más elocuentes son el beso que daba a la tierra de los países que visitaba, y visitó 130, viajando siempre en jet privado y rodeado de periodistas, y su "no tengáis miedo", exhortación proclamada solemnemente con voz de augur, en más de una ocasión y que, por sí misma señala realmente lo contrario de lo que dice.
Enorme homófobo, la homosexualidad lo sacaba de quicio. Totalmente contrario a los métodos anticonceptivos, en África, en plena epidemia de Sida, y en concreto en la República Democrática del Congo, en Zaire y en Sudáfrica, epicentros de la enfermedad y cuando más fuertemente atacaba, condenó repetidamente el uso del condón, al tiempo que a niños pequeños, huérfanos a consecuencia de la muerte de los padres por la infección, les decía: "bienvenidos al banquete de la vida", niños sin porvenir y en muchos casos enfermos también.
Lejos de condenar las terribles dictaduras de Argentina y de Chile, confraternizó con Videla y Pinochet, dos asesinos de comunión frecuente. Era natural, el Vaticano colaboró con la CIA en el golpe de estado chileno que, en 1973, acabó con el gobierno de Salvador Allende produciendo miles de víctimas y desaparecidos, cuya denuncia el cardenal Benelli tachaba de propaganda comunista. Sin duda, para compensarlo de su amistad con Pinochet, nombró Secretario de Estado a Angelo Sodano, nuncio en la capital chilena. Del mismo modo, a Pío Laghi, nuncio en Argentina, que jugaba al tenis con Videla, lo premió con la nunciatura en Estado Unidos así como con el capelo cardenalicio.
Mientras tanto condenaba la llamada Teología de la Liberación, apostrofando en público de forma ostensible y severa a Ernesto Cardenal, un hombre bueno, y jamás condenó la muerte del Arzobispo del Salvador Oscar Arnulfo Romero, asesinado por un franco tirador gubernamental mientras oficiaba misa en el Hospital de la Divina Providencia, en el momento de la consagración.
Juan Pablo II encubrió con todos los medios disponibles el tremendo cáncer institucional de la pederastia eclesiástica, llegando incluso a proteger y aún a mimar a Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, pederasta sobradamente conocido por el Vaticano, mostrando públicamente en más de una ocasión su apoyo al elemento. Igualmente, canonizó al señor Marqués de Peralta, fundador de la secta que llaman Opus Dei.
Lo mismo que un jeque árabe, ocupó toda una planta del Hospital Gemelli de Roma, en la fase terminal de su enfermedad, durante la cual no dejó de manifestar su capacidad teatral, bendiciendo el sufrimiento, que exigía para todo hijo de vecino.
Pues a este individuo, que pasó por alto igualmente, las marrullerías de las finanzas vaticanas, en las que participaba activamente la mafia italiana, no dudó en canonizarlo el papa de las bellas palabras, Francisco, el 27 de abril de 2014. Una canonización condenada por muchos católicos, entre ellos, de los más enérgicos, Ernesto Cardenal, que a sus ochenta y nueve años y en puerta de su muerte no dudó en tacharla de monstruosidad.

P.S. Datos obtenidos de los periódicos y revistas a lo largo del tiempo.
Las fotografías son de internet.




 

 

sábado, 13 de febrero de 2021

NEGREROS REALES

 

Los borbones son la leche, permítaseme el castizo término, utilizado no a la ligera, sino para evitar el que realmente se merecen. 
Para general información, procuraremos ir contando por aquí cositas de cada uno de los que desde Felipe V se han sentado en el trono de España, cositas que no suelen aparecer en los libros de historia, pero que son harto ilustrativas y sabrosas. Hoy le va a tocar a María Cristina de Borbón Dos Sicilias (1806-1878)
Hija de Francisco I y de María Isabel de Borbón, reyes de Nápoles, fue la cuarta esposa del felón Fernando VII, quien ya muy maduro andaba a la búsqueda de un heredero que no había conseguido con ninguna de sus tres esposas anteriores. María Cristina le dio dos hijas: María Isabel Luisa, que sería Isabel II, y Luisa Fernanda, quedándo viuda el 29 de septiembre de 1833. 
En el momento de su viudez, Cristinita, que a la sazón tenía 27 añitos, ya andaba liada con el mocito de la fotografía, Agustín Fernando Muñoz Sánchez. Dos años más joven que ella, este pollo era hijo de unos simples estanqueros de Cuenca que, sin embargo, las cosas de España, gozaban del estatuto de hidalgos. Este privilegio le permitió al muchacho ingresar con sólo dieciocho años en la Guardia de Corps, donde le echó el ojo la reina, que logró que se incorporara a su guardia personal. Y de la guardia a la cama ya no hubo más que un pequeño paso, que el tal Muñoz dio en un abrir y cerrar de ojos, con lo que, además de felón, cobarde, embustero y traidor, Fernando VII murió también como cornudo.
A la muerte del rey, ocurrida el 29 de septiembre de 1833, Isabel II contaba sólo dos años de edad, circunstancia que le permitió a su madre ser regente, cargo al que accedió con la condición impuesta por las Cortes de que permaneciera viuda hasta la mayoría de edad de la futura reina. Sí, sí, viuda. El 22 de diciembre el muchacho es nombrado por la regente "Gentil Hombre de entrada en su Real servidumbre" y sólo seis días más tarde se casan en secreto. Es probable que la reina no tuviera ninguna prisa en contraer nuevo matrimonio, pero el pollo sí que debía tenerla, porque será a partir de este momento cuando se inicie su enriquecimiento personal. Si en la cama resultaron ser dos fieras, tuvieron ocho hijos, cinco de ellos antes de quedar viuda María Cristina, no quieran saber ustedes la fiereza que desarrollaron en las finanzas. 
El 4 de enero de 1834 el recién casado fue ascendido a Capitán de Caballería del Regimiento de Húsares de la Princesa, con el grado de teniente coronel, alcanzando diez años más tarde el título de Duque de Riansares. Además de apostura, galanura y disfrutar de un buen mandao, el tipo era un lince para los negocios. Aconsejada, sin duda, por él y dado que las arcas del Estado solían estar caninas, la regente consiguió que su asignación la abonara la Caja de Ultramar en La Habana. Con tales ingresos bien seguros, María Cristina consiguió buenos préstamos de la banca Rohschild que don Muñoz invirtió legalmente en ferrocarriles, navíos, algodón y tabaco de EE.UU., minas y gas, entre otros. 
Con estas inversiones se hicieron inmensamente ricos, pero en algunos seres humanos la avaricia no conoce límites y ambos pensaron que aún no tenían bastante. Entonces decidieron entrar en un negocio clandestino pero que proporcionaba fabulosas riquezas: la trata de esclavos para los mercados de Cuba y Brasil. Este comercio estaba prohibido en España desde 1837, pero eso era para la plebe, no para la católica regente y su pareja.
El señor duque de Riansares situó un testaferro en La Habana, Antonio Parejo, natural de Puente Genil (Córdoba), con el que intercambia un abundante y precioso carteo, cuyos originales se encuentran actualmente en el Archivo Histórico Nacional. El señor consorte mueve incluso los hilos para que a Cuba vaya como capitán general un militar moldeable, consiguiendo el relevo del recto Gerónimo Valdés, del que hoy, tristemente, no se acuerda nadie, por el mucho más famoso Leopoldo O'Donnell, que no duda en aceptar los sobornos de Antonio Parejo, después de que el Muñoz le hubiese escrito a su testaferro que cultivase la amistad del general.
En el negocio aparecen, entre otros Pedro Forcadé, primer negrero español en el Congo, desde donde organizó 29 envíos de negros a Cuba entre los años 1837 y 1851; el prócer Manuel Pastor, exmilitar gaditano y fundador del célebre Banco Pastor, que alcanzó el título de conde de Bagaes,  especializado en el tráfico de niños, en previsión de que el repugnante negocio de adultos dejase de estar tolerado por las autoridades; el también prócer Claudio Martínez de Pinillos, conde de Villanueva, intendente de La Habana entre 1825 y 1851; el embajador español en Estados Unidos Pedro Alcántara; Juan Muñoz, hermano de Fernando, y Federico Roncalli, duque de Alcoy, sustituto de O.Donnell como capitán general de Cuba y bastante más trincón que él.
La correspondencia del duque de Riánsares muestra la chabacanería, la procacidad, la avaricia, el cinismo y la inhumanidad que adornan al caballero, al que Isabel II, a instancias de su madre, nombra grande de España, le otorga el título de conde de San Agustín y lo condecora con el Toisón de Oro y la Gran Cruz de Carlos III (España es así, señor mío). He aquí, a título de ejemplo, algunas de las frases de esa correspondencia: "...espero que después que hayas oydo al sugeto (tal cual, el tío no sabía ni escribir, pero para trepar en este país quién necesita semejantes conocimientos) lo montes bien... para la seguridad y sigilo que requiere. Este es el negocio de la vida. Bien manejado puede ponernos las botas..." "¿Qué es mejor, ir a comprar los negros o ajustarse con un par de negreros que nos den un %... Esto último tendría menos esposición (sic) por nuestra parte, pero menos utilidad... Contéstame inmediatamente pues la cosa la podemos hacer en grande y bajo buenos auspicios." "¿Te acuerdas que te dije un día en París que habías de ser rico? Ahora no te falta más que ser hombre de juicio... Quiero que (mi hermano) pida un título para ti (Antonio Parejo, su testaferro, que se había casado con una viuda rica), a S.M. Dime cuál quieres que sea. De ese modo haces marquesa o condesa a la que a ti te hace rico."

P.S. Datos de la revista La aventura de la Historia
      La esclavitud en Cuba durante la regencia de Espartero. Fernando Armario
          El mercado esclavista habanero. Alejandro de la Fuente.






 

jueves, 11 de febrero de 2021

TANGO

 



Sus ojos se cerraron
y el mundo singue andando,
su boca que era mía
ya no me besa más,
se apagaron los ecos
de su reír sonoro
y es cruel este silencio
que me hace tanto mal...


"Cada día que pasa Gardel canta mejor. En su voz la letra de este tango ya de por sí turbadora, cobra aún mayor emoción. Pero es el segundo verso el que, además de emocionar, nos trastorna y nos llena de inquietud. Porque vamos a dejarnos de milongas, la muerte nos perturba por el temor al dolor y a lo desconocido, pero lo que de verdad nos jode de ella es que el mundo siga andando cuando nosotros ya no estemos en él, que la vida continúe como si no hubiera pasado nada cuando nosotros reposemos en nuestra tumba o seamos reducidos a ceniza. Pongamos la mano en el corazón y, aunque sea sólo por una vez, digamos la verdad: somos tan egoístas como crueles, de manera que si supiéramos que, al morir, el mundo entero moría con nosotros no nos produciría la muerte ni tanto temor ni, sobre todo, la amargura que ahora nos produce."

Tal parrafada me soltó ayer tarde mi amigo Ernesto Caraba, aquí mismo, en mi casa, después de escuchar largamente a Gardel y de arrearnos un par de black russian que mi mujer prepara como nadie.


sábado, 6 de febrero de 2021

CABEZAS Y ASADURAS

 

a)
Si malos para nuestro país han sido los Borbones, desde el primero hasta el penúltimo (el último no creo que los mejore), agárrense ustedes con los Austrias. 
La práctica totalidad de los historiadores ponen por las nubes a Carlos I y a Felipe II, siendo así que el mérito mayor de estos dos caballeros consistió en gastarse la totalidad de las inmensas riquezas que venían de América en sus absurdas guerras de religión -católicos contra protestantes- en Europa y, por parte del segundo además, contra el creciente poderío de Gran Bretaña. Durante el reinado de Felipe II, que se encontró un imperio en el que no se ponía el sol, sin que él hubiese movido un dedo para conseguirlo, el Estado quebró al menos en tres ocasiones. Todo ello mientras en el país la mayoría de los españoles se quitaban el hambre a bofetadas. A partir de Felipe III y hasta Carlos II, que era ya completamente imbécil, resultó que si inepto era uno más inepto era el siguiente. Es lo que suele ocurrir cuando la jefatura del Estado recae necesariamente en el primogénito del anterior.
b)
Cuenta la leyenda (algunos la llaman tradición) que el moro Abu Ceit-Abu tenía en su castillo de Caravaca un buen número de prisioneros cristianos, entre los que se encontraba un fraile de la Orden de Predicadores de nombre Chirinos. Cierto día, tal y como, siempre según la leyenda, lo dejó escrito de su mano el propio Abu Ceit-Abu, deseando el rey moro burlarse de los cristianos y de sus, a su parecer, ridículos ritos, invitó al sacerdote a decir misa. Mas cuando el padre Chirinos, ya revestido con los ornamentos de rigor, se disponía a iniciar el acto entre las sonrisas y las muecas de burla del moro, se detuvo y alzando los ojos al cielo exclamó que no podía continuar porque le faltaba la cruz ante la que debía decir la misa. Las sonrisas del moro y de su séquito se convertían ya en carcajadas, cuando a la altura del techo se encendió una potente luz y en medio de ella aparecieron dos ángeles portando la cruz de dos brazos que desde entonces, el 3 de mayo de 1231, se venera en la ciudad. Y diz la leyenda que ante aquel portentoso milagro el rey moro se convirtió de inmediato al cristianismo, una decisión que acabaría costándole la vida.
c)
La corrupción que en los últimos tiempos venimos sufragando con nuestros impuestos los españoles, no es de ahora, sino que tiene bastantes siglos de antigüedad. Debe ser herencia de Roma, donde los sobornos, las mordidas y la compra de voluntades eran el pan cotidiano del imperio.
Aunque no fuese el único, Felipe III (1578-1621) fue un pésimo monarca. Alcanzó el trono y con él la jefatura del Estado únicamente por ser hijo de Felipe II, ese fue su único mérito, porque por lo demás no hubiera servido ni para cuidar marranos, con perdón de los chavalines que los cuidaban y creo que en muchos casos los siguen cuidando, ya que su coeficiente intelectual rallaba con la cretinez. Su afición al juego de naipes desde jovencito lo convirtió en un ludópata, llegando a perder inmensas cantidades dinero (total, como no era suyo) Aparte de esto, sólo vivía para las fiestas, la danza, la música, la cría de caballos y la caza. O sea, que abandonó completamente la dirección del Estado y se la entregó a un valido: el Duque de Lerma, ese caballero que aparece a caballo en la imagen de más arriba. El hecho más importante de don Felipe como rey y jefe del Estado español consistió en introducir en toda Europa la moda del bigotazo. 
Don Francisco Gómez de Sandoval Rojas y Borja, I duque de Lerma, I marqués de Cea y valido de Felipe III fue uno de los tipos más corruptos que han existido en este país, ¡y ya tenía que ser corrupto el elemento! No hay más que acercarse a Lerma, su lugar de origen, pegada al Arlanza, en la provincia de Burgos, para hacerse una idea de todo lo que a lo largo y ancho de su ocupación del cargo robó el individuo. Sólo con ver la plaza Mayor, con sus 6.862 metros cuadrados, la mayor de España, presidida por el palacio ducal, puede ser suficiente. Robó hasta dejar vacías por completo las arcas del Estado y la bolsa de un número incalculable de españoles. Robó y como premio a sus robos, cuando, ante el lamento que subía de todo el país, el rey no tuvo más remedio que apartarlo del cargo, no alcanzó la horca, que hubiera sido lo suyo, sino que la Iglesia le otorgó el capelo cardenalicio (conviene aclarar que para ser cardenal no se necesitaba ser sacerdote, este requisito no ha sido necesario hasta una fecha muy posterior, estando recogido actualmente en el nuevo Código de Derecho Canónico aprobado en 2005), lo que hace sospechar que la Institución diz que fundada por Jesús debía llevarse un porcentaje de los robos. Pero el colmo del recochineo es que al señor Duque lo sustituyó... ¡su hijo! O sea, que todo quedaba en casa.
d)
Cabezas y asaduras
La fabulosa aparición de la bendita cruz levantó oleadas de piedad en toda la España cristiana, achacándole numerosos milagros y su intervención en las victorias de las huestes cristianas frente a las musulmanas. Se levantó un santuario y desde Fernando III, el rey de Castilla primero y, más tarde, el rey de España sufragaba su mantenimiento. Hasta que llegó el de Lerma. El elemento se cargó la aportación real, 7.000 ducados de oro al año (1.170.000 € de hoy, más o menos), sin duda para quedársela también, y le endiñó la carga al Marqués de Espinardo, el cual, como es lógico, dijo que se cantaran otra el señor duque y los de Caravaca. De este modo, el santuario corrió el riesgo de desaparecer.
Pero entonces, cuando más angustiosa era la situación para Caravaca y su cruz, surgió un inteligente, el padre Luis Ferrer, de la Compañía de Jesús, el cual le propuso al de Lerma que las cabezas y las asaduras de las reses que se sacrificaban en la ciudad se vendieran al mismo precio que la carne, mucho más cara, y que la diferencia se destinara al santuario. El de Lerma no tuvo tiempo de responder, porque fue depuesto por el rey, momento en que recibió el capelo cardenalicio. Al respecto, corrió por el país una coplilla que decía: "para no morir ahorcado, el mayor ladrón de España se vistió de colorado.", porque de este modo consiguió la inmunidad.
No obstante, el impuesto, ya que de un impuesto se trataba en el fondo. fue aprobado por el nuevo valido, el duque de Uceda, hijo del señor cardenal, y por el rey. Desde entonces, hasta la finalización del privilegio, a la caída de Alfonso XIII, los caravaqueños se han debido de hartar de comer cabezas y asaduras de ganado, ya que sobre ellos recaía en último término el impuesto, y el santuario se ha mantenido en pie a lo largo de los siglos. Y ahí sigue.
La ciudad celebra la aparición de su cruz con una gran variedad de festejos que se prolongan del 1 al 5 de mayo, fiestas que tienen un prólogo el 25 de abril, en el que, entre otras actividades, recorre las calles una comitiva de gigantes y cabezudos que hacen las delicias de los más pequeños.

P.S. Las fotografías son de internet




domingo, 31 de enero de 2021

DE CÓMO APRENDI A AMAR LA MÚSICA

Yo tenía trece años y cinco meses y estudiaba en los gratuitos del colegio salesiano. Era un buen estudiante, mes tras mes salía el número uno o el dos en el famoso cuadro de honor que tenía establecido el colegio con el objeto de incitarnos a la competencia y a la emulación. Era también un niño formal, más serio que gracioso y con un grado importante de timidez y otro, algo más suave, de fatalismo.
Cierto día apareció por el aula un curita joven, apuesto y jovial, que se dedicó a probarnos la voz a todos los alumnos. Al final de la prueba escogió a ocho o nueve, no puedo recordarlo, entre los que me encontraba yo. Una vez realizada la selección, nos informó que iban a forma un coro para le celebración de no recuerdo qué, dando por hecho, sin pedir nuestra opinión, que todos los seleccionados estábamos de acuerdo en formar parte de él. Idénticas prueba y selección fue realizando el curita en el resto de las nueve aulas que existían en el colegio, reuniendo al final un total de unos cincuenta o sesenta alumnos de distintas edades y, es de suponer, distintas voces.
El caso es que unos días más tarde a media mañana estábamos todos reunidos en el salón del cine, hoy desaparecido como tal y reconvertido en el Teatro Avanti, desde algún tiempo después de que el memorable don Felipe González se sacara de la manga la estafa de los colegios concertados. Pero esta es otra historia. Y estamos hablando de música.
Allí estábamos, la mayoría un tanto desorientados y nerviosos, atentos a la explicación que nos daba el que iba a ser el director del coro, don Felix, un curazo enorme, de un metro y noventa centímetros por lo menos, seriote, y diz que con una dosis nada despreciable de mala leche. Don Felix nos organizó como le pareció, repartió la letra de lo que íbamos a cantar y empezaron los ensayos, él entonando la pieza y nosotros catándola bajo su batuta. 
Así estuvimos sin novedad, ensayando diariamente durante una hora. Al cuarto día, el cura no paraba de estirar el pezcuezo adelantándolo hacia nosotros, así como de torcer el cuello como si le hubiera dado un aire o estuviera a punto de sufrir un ataque de epilepsia. Pero continuaba marcando el compas a mí, por lo menos, me parecía que como siempre. 
Don Féliz se tiró con aquella especie de contorsionismo más de diez minutos al cabo de los cuales detuvo el ensayo y exclamó, alargando los labios, como para dar un beso, y aflautando la voz:
"A ver, Arjona, ven, ven aquí." Y señaló un punto junto a él.
Yo salí más bien titubeando y me sitúe más o menos donde él cura había señalado.
"Bien", dijo, ahora muy profesional y también muy en elefante frente a una hormiga. "Canta tú solo, anda, canta, que yo te oiga"
Si atento había estado durante el ensayo, entonces empecé a cantar poniendo mi mayor empeño, pero no había pronunciado más de dos palabras del texto cuando ¡zas!, recibí un bofetón con el cacho de mano que tenía el bichaco aquel, una mano como una pala de meter pan en el horno, que me estrelló contra el pavimento.
"Y no vengas más, no vengas más", remachó el curazo sin apenas alzar la voz, yo diría que hasta con un tono de alivio, como si se hubiera cargado un mosquito que llevara media noche impidiéndole dormir.
Desde entonces mi amor por la música no conoce límites.