martes, 4 de agosto de 2026

LA VOLUNTAD DE DIOS

Fotografía de Bruno Barbey
Anda que llega hoy bueno a mi casa mi amigo Ernesto Caraba.
"¡Me cago en el juez!", grita nada más entrar.
"¿En cuál?", le pregunta realmente interesada mi mujer.
"¡Da lo mismo!", responde Ernesto dejándose caer en el sofá con un gesto de cabreo verdadero.
Y, tras acomodarse, se pasa la mano por la cara y suelta:
"¡Y me cago en la voluntad de Dios!"
"¿Qué te pasa, Ernesto? ¿Has vuelto a dormir mal?", le pregunto suavizando la voz todo lo que puedo con el propósito de calmarlo, porque cuando Ernesto duerme mal se levanta con un humor de perros y se pasa el día despotricando de todo. Y lo más gracioso es que siempre nos toma a mi mujer y a mí por el yunque sobre el que descargar y metabolizar su ira.
"¡No, no he dormido mal!", replica mi amigo poco más que en un gruñido.
"Entonces, ¿qué te pasa?"
"Me pasa... me pasa... ¡Qué soy gilipollas!
"A ver, cuéntanos por qué."
Acostumbrada a los exhabruptos y a la salidas extemporáneas de Ernesto, mi mujer interviene con un claro tono de guasa:
"Eso, dinos qué te ocurre, ¿por qué te sientes gilipollas? ¿O prefieres que te prepare una taza de tila?"
Fotografía de Atin Aya
Con la mirada le lanzo a mi mujer un reproche, pues temo que su ofrecimiento acentúe el cabreo de Ernesto. Pero ocurre justo lo contrario. Por un momento nos mira como si fuésemos desconocidos o fantasmas, parpadea repetidamente, vuelve a pasarse la mano por la cara y prorrumpe algo más calmado:
"Sabéis que yo no veo nunca poscadts de esos que aparecen en youtube, la mayoría me parecen hechos por gente imbécil que, para colmo, se largan de España y emiten desde Andorra o desde Dubai para escaquearse de los impuestos. No soporto siquiera los que parecen más o menos serios. En muchos de ellos sus autores se presentan como médicos o como fisioterapeutas o como expertos conocedores de lo que ocurre después de la muerte, etc. Un despiporren, vamos, porque ninguno muestra un solo título de nada.
"Sin embargo, esta mañana, cuando me disponía a desayunar, abro el móvil y no sé por qué arte de prestidigitación me encuentro a un tipo, que por el alzacuello parecía sacerdote, hablando nada menos que de la justicia. Afirmaba que un buen católico está obligado a aceptar el fallo de los jueces, se llamen Peinado, Marchena, Hurtado, o Recaredo, porque tal es la voluntad de Dios. Y añadió textualmente: "La posición de la moralidad católica se fundamenta en la razón humana iluminada por la fe y guiada conscientemente por la intención de hacer la voluntad de Dios."
Fotografía de García Rodero
"Mirad, no estrellé el móvil en aquel momento, porque logré contenerme, pero estallaba por dentro, ¡estallaba! Desde que era un mocoso vengo escuchando la necesidad que tenemos los seres humanos de hacer o aceptar la voluntad de Dios. Que tu hijo de seis años muere de una leucemia galopante, ¡es la voluntad de Dios!; que te atropella un automóvil y te rompe las dos piernas, ¡es la voluntad de Dios!; que sobre tu huerto, con el que alimentas a tu familia, descarga una tormenta de granizo, ¡es la voluntad de Dios!; que te echan del trabajo, ¡es la voluntad de Dios!; que tantos hijos de perra nos estén amargando la vida por causa de su avaricia, ¡es la voluntad de Dios! Todo, absolutamente todo, es la voluntad de Dios.
"Y lo más curioso: quienes invocan una y otra vez la volutad de Dios no son extraterrestres ni superhombres, sino seres humanos como vosotros y como yo, que se arrogan la prebenda de saber en todo momento cuál es la voluntad de Dios. Porque, vamos a ver, ¿a vosotros os ha hablado Dios alguna vez?,¿os ha dicho cuál es su voluntad para lo que quiera que sea? A mí tampoco. Os diré mas: Dios no le ha hablado jamás a ningún hombre. Hay hombres que afirman que Dios ha hablado con ellos, pero no ofrecen prueba alguna.
Fotografía de García Rodero
"En el lado católico del mundo, en el que nos encontramos, hay una casta de privilegiados, hombres, por supuesto, varones, que afirman que descubren la voluntad de Dios gracias a unos libros escritos nada menos que hace más de tres mil años. ¡Y por otros hombres! Son los señores consagrados (unos a otros) de la Iglesia Católica, el papa, los cardenales, los obispos, los sacerdotes y religiosos en general. A partir de su descubrimiento, que sólo ellos son capaces de realizar, por la voluntad de Dios igual llevan bajo palio a un dictador asesino que le dan la comunión a otro que tiene en su haber miles de desapariciones y de muertes escalofriantes; por la voluntad de Dios no dicen en sus discursos ni una palabra del genocidio de judíos que los nazis estaban llevando a cabo, pero felicitan de todo corazón a los vencedores de la guerra civil española; por la voluntad de Dios esconden a sus pederastas; por la voluntad de Dios queman en la hoguera a todos los que no piensan como ellos; por la voluntad de Dios se apoderan de miles de bienes urbanos y rústicos que jamás fueron suyos, como la Mezquita de Córdoba, por ejemplo. En dos palabras, por la voluntad de Dios hacen los que les sale de los cojones y todo ello sin dar jamás un palo al agua.
Caraba calló, alzó la cabeza como si buscara algo más allá del techo de la habitación en la que nos encontrábamos; luego, con un gesto de evidente desencanto exclamó: "¿comprendéis ahora mi cabreo? Si es que no tengo que ver televisión, ni escuchar la radio ni leer un periódico y, mucho menos, detenerme ni siquiera un segundo en un poscadt, porque cada vez que me encuentro con la palabra justicia o con la expresión la voluntad de Dios, me estalla un volcán en el pecho y me... me... lanzaría contra..."
"No lo digas, Ernesto, no lo digas", exclamó mi mujer. "Nosotros ya lo sabemos y haríamos exactamente lo mismo que tú."

martes, 7 de julio de 2026

EL CONCILIO DE ELVIRA

¿Dónde si no en España podía celebrarse un concilio que no fue dogmático, sino prohibicionista? ¿Y dónde mejor que en Andalucía, la tierra de María Santísima? Pues sí, aquí se celebró, en Iliberis, una ciudad asentada entonces en lo que hoy es el barrio del Albaicín de Granada, donde además existía una potente comunidad judía que ocupaba las faldas de la posterior Alhambra. 
Durante un tiempo se estimó que se había celebrado en el 310 de n.E., pero en la actualidad la mayoría de los historiadores están de acuerdo en que se celebró entre el 300 y el 303, es decir, poco antes de la persecución de Diocleciano. Después del de Jerusalén, celebrado hacia el año 60, en el que San Pablo le robó la cartera a San Pedro, fue el concilio más importante de la cristiandad y el que abrió el camino a los concilios ecuménicos.
Asistieron a él diecinueve obispos y veintiséis presbíteros, además de diáconos y fieles de base. A título de anécdota, cabe decir que los obispos y los presbiteros estaban sentados, en tanto los demás estában de pie. Fue presidido por Félix, obispo de Acci, actual Guadix, sin duda, por ser el de mayor edad. Pero había representantes de todas las regiones de España, entre ellos, los de mayor relevancia eran los obispos Valerio, de Zaragoza; Sabino, de Sevilla; Liberio de Mérida, ciudad que entonces era el centro administrativo romano de la Península; y Osio, obispo de Córdoba, el mismo que años más tarde, en 325, organizó el concilio de Nicea, bajo la tutela del emperador. Y el mismo que, al final de su vida, no murió como católico, sino como arriano, la "herejía" que durante tanto tiempo había combatido con toda su energía. Paradoja del destino que, probablemente, podría explicar el análisis freudiano..
Según la leyenda, alimentada vivamente por la jerarquía eclesiástica, el cristianismo lo habían traído a España San Pablo, Santiago y los siete varones apostólicos nombrados por Pedro y Pablo: Torcuato, Cecilio, Indalecio, Tesifonte, Eufrasio, Segundo y Hesiquio, a los que incluso se les sitúa como obispos, respectivamente, en las sedes de Acci (Guadix) Iliberis (Granada), Urci (Pechina), Bergi (Berja), Iliturgi (Andújar), Abula (Ávila) y Corcesa (Cazorla).
La realidad histórica, único territorio al que el historiador debe limitarse, confirma que el cristianismo llegó a España traído por soldados, comerciantes y esclavos procedentes de Oriente Medio y, sobre todo, del Norte de África y que hasta el año 254 no consta una prueba fehaciente de su existencia en España. Se trata de una carta de Cipriano, obispo de Cartago, en la que responde a una consulta de las comunidades de Astorga y Mérida acerca de la deposición de los obispos Basílides y Marcial, que habían apostatado durante la persecución de Decio. La carta demuestra tanto la existencia del cristianismo como su sólida implantación en España para esa fecha, aunque los cristianos constituían aún una ínfima minoría entre el resto de los habitantes del país: judíos, que llevaban en España desde los tiempos de Nabucodonosor, 500 a.E. aproximadamente, y, sobre todo, hispano romanos, con los dioses del panteón de Roma.
El concilio se celebra, pues, en un marco expansivo para el cristianismo, pero también con la amenaza de la influencia tanto judía como pagana. De esta forma, consiste en una reunión principalmente defensiva, en la que los participantes, más que el crecimiento de la nueva religión, buscaban blindar lo ya conseguido.
Pero vayamos al contenido, que es lo que realmente interesa. El concilio estableció ochenta y seis cánones. De ellos los más importantes fueron los siguientes:
Canon 1.- Prohibición absoluta a los bautizados de hacer sacrificios en templos paganos, bajo pena de negación de la comunión a la hora de la muerte.
Cánones 2 y 3.- Prohibición a los sacerdotes paganos imperiales que se habían convertido, a los que se llamaban flamines, de seguir organizando juegos públicos o realizando sacrificios.
Canon 5.- Se condenaba con una pena de siete años, si era intencionada, o cinco si era accidental, a la mujer que azotara a su esclava hasta la muerte (como se ve, la Iglesia aceptaba la exclavitud. En realidad, hasta el día de hoy no la ha prohibido nunca; sólo, en el siglo XIX, prohíbió que los cristianos pudieran tener como esclavos a otros cristianos.)
Canon 6.- Se prohibía la comunión para todo aquel que asesinara a otra persona mediante brujería, maleficios o magia. (De si la asesinaba a espada, con un cuchillo o a puñetazos no se dice nada) 
Canon 8.- Se prescribía la excomunión para la mujer bígama (del hombre bígamo no se dice nada)
Canon 9.-.Se prescribía la excomunión para la mujer que abandonara a su marido (igualmente, del hombre que abandonara a su mujer no se dice nada)
Canon 12.- Excomunión para las prostitutas.
Canón 13.- Excomunión de por vida, incluido el lecho de muerte, para las monjas que vulnerasen el voto de castidad.
Cánones 15 y 16.- Se prohibía, específicamente, a las mujeres el matrimonio con judíos o con paganos. Atención: la pena sería la excomunión por cinco años ¡para los padres! (lo que da una idea clara de lo jóvenes que se casaban las mujeres)
Canon 18.- Excomunión para los clérigos fornicadores
Canon 20.- Expulsión de su cargo para los clérigos que cobraran intereses por préstamos. Los laicos eran expulsados de la Iglesia.
Canon 21.- Excomunión temporal para los que dejaran de acudir a la Iglesia durante tres domingos consecutivos.
Canon 33.- Se prohibía a los clérigos casados, obispos, presbíteros y diáconos, el uso del matrimonio con sus mujeres. (Es la primera vez en la historia en que se exigía el celibato para los sacerdotes, una medida con la que se perseguía y se sigue persiguiendo en la actualidad, aunque ya no se casen, que los clérigos puedan tener hijos, con todas las implicaciones que tal hecho acarrea, especialmente la de la herencia. Pero muestra también la adversión al sexo y la misoginia de la Iglesia desde los primeros tiempos, cuando una pandilla de tarados sexuales, encabezados por San Pablo, tomó las riendas de la naciente organización.)
Canon 36.- Siguiendo puntualmente el contenido del segundo mandamiento establecido en las Tablas de la Ley entragadas por Dios a Moisés, se prohibían las imágenes en los templos. (Una prohibición que bien pronto la Iglesia se pasaría por el arco del triunfo)
Cánones 47 y 48. Excomunión para los adúlteros pertinaces.
Cánones 63 y 68.- Se condenaba el aborto. También el infanticidio que solía practicarse tras un adulterio. La pena sería la excomunión para la madre.
Canón 66.- Excomunión para el incestuoso
Canon 70.- Excomunión para el marido cornudo consentido.
Canon 71.- Se prescribía la exclusión perpetua de la comunidad para los homosexuales. (De este modo, se ponía fin a la liberalidad griega y romana, empezando el largo sufrimiento de los homosexuales allí donde triunfaba el cristianismo.)
Canón 81.- Excomunión para las mujeres casadas que enviaban cartas de amor a los hombres.
Toda una batería de prohibiciones que afectaban más a la mujer que al hombre. Aparte de que la mayoría siguen vigentes, hoy todas ellas les importan a los cristianos un bledo, poco más o menos. Pero en aquellos tiempos, con una esperanza de vida sumamente corta, era muy potente la creencia en otra vida, con la posibilidad de caer en el infierno para toda la eternidad, por lo que la excomunión, aunque fuera temporal era un castigo importante, terrible si era de por vida. Por otra parte, todas y cada una de las prohibiciones constituyen la mejor prueba de la existencia y práctica entre los propios cristianos de aquello que se prohibía.

Fuentes.- 
El concilio de Elvira y su tiempo.- Teresa Berdugo
El cristianismo en España.- José Manuel Santa Bárbara
Historia secreta de la Iglesia Católica en España.- César Vidal

Imágenes.- Internet

martes, 30 de junio de 2026

UN BUEN CATÓLICO

Catedral de Nueva York
En Estados Unidos, el catolicismo no es ni de lejos la religión mayoritaria. En realidad, de 349 millones de habitantes, sólo unos 69 millones, o el 20% de la población, forman parte de él. Y eso gracias al aumento experimentado en los últimos años por la inmigración hispana, hasta el punto de que al día de hoy el 40% de los católicos son hispanos. Quizás, por este hecho, el catolicismo es una religión que sufre cierto desprecio por buena parte de los norteamericanos que no pertenecen a ella. Su fuerza está en su unión. A pesar de que se practica con distintos ritos, los católicos forman un bloque monolítico, en tanto el resto de la población se reparte entre más de doscientas denominaciones cristianas, entre las que sobresalen las siguientes:
Bautistas, con un montón de convenciones distintas, Pentecostales, Carismáticos, Metodistas, Luteranos, Presbiterianos, Episcopales, Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días (Mormones), Testigos de Jehová e Iglesia Adventista del Septimo Día. Por otra parte, existen más de 44.000 congregaciones cristianas locales independientes que se niegan a formar parte de una denominación tradicional. Pero es que además se están creando continuamente nuevas denominaciones o congregaciones.
Kennedy
Con este panorama, no tiene nada de extraño que de los cuarenta y cinco presidentes que ha tenido Estados Unidos hasta el día de hoy, sólo dos hayan sido católicos: John F. Kennedy, en 1960, y Joseph R. Biden, más conocido como Joe Biden, en 2020. La elección de Kennedy constituyó todo un acontecimiento, entre otras cosas, por ser el político más joven y el primer católico que accedía a la presidencia del país.
En la elección de Biden, su catolicismo pasó prácticamente desapercibido. Ahora bien, Joe Biden, que había sido vicepresidente durante los dos mandatos de Barak Obama, era un católico favorable al aborto, motivo por el que la Conferencia Episcopal de su país barajaba retirarle la comunión o, lo que es lo mismo, excolmulgarlo, expulsarlo de la comunidad católica, pues como se sabe la pederastia no, pero el aborto es un pecado gravísimo contra el que todo católico tiene que estar sí o sí.
¡La pederastia! Con qué hermosa caradura actúan en tantas ocasiones los obispos. Desde el año 2002 el prestigio de la Iglesia Católica en Norteamérica había caído en picado, tanto que andaba literalmente por los suelos. Aquel año, el periódico The Boston Globe publicó una serie de reportajes en los que se demostraba que el arzobispo de Bostón, Bernard Law, había encubierto a numerosos sacerdotes que habían abusado de menores. Y no sólo los había encubierto, sino que los trasladaba de parroquia, donde, inevitablemente, volvían a abusar.
Arzobispo Bernard Law
Poco después, el informe John Jay College of Criminal, encagado por la por la propia Conferencia Episcopal y publicado en 2004 no era menos demoledor que el reportaje del periódico: concluía que entre 1950 y 2002 más de cuatro mil sacerdotes y clérigos habían abusado de más de 10.600 niños. El escándalo adquirió entonces tintes verdaderamente dramáticos. Como si de la erupción de un volcán se tratara, las víctimas, ya crecidas, abandonaron su mutismo y plantearon decenas de miles de demandas civiles. Acorralada por las sentencias judiciales, la Iglesia se vio obligada a pagar miles de millones de dólares en compensaciones y tratamientos psicológicos. El terremoto económico fue de tal envergadura que más de treinta diócesis y archidiócesis se declararon en bancarrota, entre ellas Buffalo, Nueva York, Rochester, Albany y Syracuse, todas en el Estado de Nueva York; San Francisco, en California; Baltimore, en Maryland y Nueva Orleans, en Luisiana.
Ni mucho menos el convencimiento del tremendo crimen que constituye la pederastia ("el que escandalizare a uno de eso pequeñuelos, mejor sería que se colgase un piedra de molino y se hundiese en el mar"), sino la formidable presión social, llevó a los obispos estadounidenses a aprobar el Estatuto de Dallas, como se conoció la Carta de Protección de Niños y Jóvenes, en la que declaraba tolerancia cero para la pederastia.
Joe Biden
Pero cuando en 2021, Biden visitó al papa, la Iglesia estaba muy lejos de recuperar su prestigio, sobre todo porque en 2018 el Fiscal General de Pensilvania denunciaba que en las ocho diócesis del Estado: Pittsburgh, Filadelfia, Altoona-Johnstown, Erie, Alentown, Greenburg, Harrisburg y Seraton, más de trescientos sacerdotes habían abusado de al menos mil menores en los últimos setenta años. El fiscal ponía de relieve que no se trataba de casos ocasionales o  de manzanas podridas, sino de un patrón de abusos sistémico, todos ellos cuidadosamente encubiertos.
La audiencia del papa al presidente norteamericano tuvo una duración inusitada, nada menos que setenta y cinco minutos, hora y media si se incluye el intercambio de regalos. En ella, qué duda cabe, se habló preferentemente de los problemas de la Iglesia en Norteamerica, pero también de los problemas mundiales y, desde luego, aunque los protagonistas lo negaran, del aborto y de la negación de la comunión. Que este asunto tuvo lugar lo pone de manifiesto el hecho de que a la salida de la audiencia y tras manifestar la sintonía de ambos mandatarios en temas como el cambio climático, la migración y la pobreza, Biden declarara que Francisco le había dicho que era un buen católico y que debía seguir recibiendo la comunión.
Papa Francisco
¡Un buen católico! Aquí quería llegar yo. El papa, según Biden, le dijo que era un buen católico. Y uno se queda pasmado, porque, ¿qué significa ser un buen católico? Sólo que Biden cree y acepta la dogmática católica y cumple puntualmente con su normativa, incluida la prohibición del aborto ¿Por qué el papa no se limitó a decir a Biden que era un buen hombre? ¿Acaso porque ser un buen católico es sinónimo de ser buen hombre? No hay más que echar una ligera mirada a nuestro alrededor para decubrir que en absoluto, que hay un sinnúmero de tipos que pasan por ser buenos católicos y son más malos que un dolor de muelas. En cualquier caso, ser un buen hombre es más amplio y a la vez más inclusivo que ser un buen católico, pues hace abstracción de las distintas religiones y se centra en la totalidad de los seres humanos, entre los que tanto la bondad como la maldad se manifiestan independientemente de las creencias religiosas. El catolicismo ha hecho y sigue haciendo mucho daño a muchas personas: mujeres, homosexuales, divorciados..., en cambio, un buen hombre no sólo no le hace daño a nadie, sino que procura hacerle el bien.
No, seamos claros: si el papa, en efecto, le dijo a Biden que era un buen católico, sólo se lo diría porque el presidente norteamericano mostraría su plena disposición a hacer cuanto estuviera en su mano para que la Iglesia norteamericana no siguiera perdiendo prestigio y fieles, que salían hacia otras religiones. Pero con ello, que es lo más probable, el papa Francisco habría puesto de relieve, igual que sus atencesores, que las religiones no unen sino que separan, pues todas ellas, con su verdad exclusiva, están en pugnan no para conseguir un mundo mejor, sino para conseguir el mayor número de fieles.

sábado, 27 de junio de 2026

LA CRUZADA EVANGÉLICA

Reformatorio Nª Sra. del Pilar
El 19 de septiembrede 1983, durante el gobierno socialista dirigido por Felipe González, Inmaculada Valderrama, una adolescente de sólo catorce años, apareció muerta en el patio del reformatorio Nuestra Señora del Pilar, dependiente del Patronato de Protección de la Mujer, en San Fernando de Henares (Madrid). Tras una "exhaustiva" investigación, se llegó a la conclusión de que Inmaculada se había caído y matado al intentar escapar descolgándose desde la tercera planta del edificio con las sábanas de la cama. El problema que ninguno de los investigadores advirtió era que la niña apareció en bragas y descalza. Nadie se preguntó tampoco adónde pretendía ir de aquella guisa ni cómo y por dónde pensaba salir del patio, y el más que probable crimen quedó impune.
Padre Doroteo Hernández
¿Pero cómo empezó todo? En julio de 1936, cuando estalló la guerra civil, el sacerdote Doroteo Hernández Vera (1901-1991) ejercía de canónigo en la catedral de Santander. La ciudad, como toda Cantabria, había permanecido fiel a la República y Doroteo siguió desempeñando su ministerio entre los católicos clandestinamente. Por ello, en abril de 1937, fue detenido y encarcelado, situación de la que lo liberaron las tropas franquista en agosto de ese mismo año, una vez que la ciudad cayó en sus manos.
Aunque breve, el paso por la cárcel marcó profundamente al padre Doroteo, hasta el punto de que el 8 de diciembre del mismo 1937, en plena guerra civil, bajo el paraguas del derecho pontificio, es decir, del derecho de un Estado ajeno a España, fundó la Cruzada Evangélica, un instituto secular católico femenino, con mujeres que no tenían propiamente el carácter ni vestían el hábito de monjas, aunque, como éstas, hacían voto de obediencia (este voto es fundamental en este tipo de organismos), castidad y pobreza. Su misión oficial era la de la evangelización de las clases obreras. 
Carmen Polo
Sin embargo, no tardarían mucho en iniciar su colaboración con el Patronato de Protección de la mujer. Creado a principios del siglo XX para luchar contra la trata de blancas, este Patronato fue refundado por el franquismo en 1941, ocupando su presidencia Carmen Polo Martínez-Valdés, mujer del dictador. A partir de este momento, el Patronato adquiere un carácter siniestro. En efecto, tras la pantalla de la protección de la mujer y su dignificación lo que se escondía era una red de control moral y social de la mujeres, especialmente de las más jóvenes, que se extendía por todo el país como una gigantesca tela de araña. Oficialmente, tenía competencia sobre mujeres de entre dieciséis y veintinco años, pero cualquiera de ellas, desde diez o doce años podía caer en sus garras, entre otros motivos, por quedar embarazada sin estar casada, mostrar conductas rebeldes o sensuales, o tener ideas políticas consideradas subversivas (todas las que mostraran un desacuerdo con el Régimen.) 
Gran parte del control de las mujeres se ejercía a traves de celadoras o vigilantas, que patrullaban estaciones de tren y de metro, paradas de autobuses, cines, calles, fiestas populares, etc., buscando chicas solas, besando a un chico o en actitudes provocativas o sospechosas. Más allá de estas celadoras, el Patronato podía recibir también denuncias de un vecino de la chica o de sus propios padres.
Una vez captadas, las mujeres eran recluidas en conventos o en reformatorios, bajo el control de monjas como las Adoratrices, las Oblatas o las Trinitarias. Y también las integrantes de la Cruzada Católica. Las mujeres que ingresaban en cualquiera de estos centros sufrían un extricto aislamiento del exterior, con censura de la correspondencia, restricción total de llamadas telefónicas e incluso prohibición de visitas familiares. Eran sometidas a la realización de trabajos forzados, como lavandería o costura, sin remuneración; sufrían un severo adoctrinamiento religioso, con rezos continuos y obligatorios, y ante el más mínimo incumplimiento de las normas eran sometidas a castigos físicos o encerradas en celdas de aislamiento, verdaderos cuchitriles diseñados para la humillación de las internas. El reformatorio de Nuestra Señora del Pilar, donde murió Inmaculada Valderrama, tenía una de estas celdas, a la que las internas llamaban "el chiscón", un cuarto sin luz ni ventilación y de tan reducidas dimensiones que sólo se podía estar en él en cuclillas, y las condenadas a este castigo podían pasar en él días y semanas.
Internas Maternidad Peñagrande
Entre 1970 y 1984, el instituto de la Cruzada Evangélica, regentó uno de los centros más aterradores del Patronato de Protección de la Mujer, el de Nuestra Señora de la Almudena, más conocido como Maternidad de Peñagrande, en Madrid. En este centro eran recluidas forzosamente madres solteras de toda España y/o mujeres embarazadas, muchas de ellas menores de edad. Aquí, además de los trabajos forzados, los rezos y los castigos más arriba mencionados, las mujeres sufrían toda clase de presiones para que renunciaran a sus hijos y, en no pocos casos, el robo directo de sus bebés para su venta a familias de economía solvente que no podían tener hijos. Hasta 30.000 niños pudieron ser robados entre 1941 y 1975 sólo en este centro. Hay una excelente película: "Alumbramiento", de 1974, que da buena cuenta de la vida y de los turbios sucesos que tuvieron lugar en él.
Imagen película "Alumbramiento" 
Con anterioridad, la escritora Consuelo García del Cid denunciaba la situación de este sitio en su libro "Las desterradas hijas de Eva", denuncia que confirmaba la antropóloga y doctora en Ciencias Humanas y Sociales Neus Roig Pruñanosa, en su libro "No llores que tendrás más", un concienzudo estudio del robo de bebés en España desde 1938 a nada menos que 1996, con la participación no sólo de la Cruzada Evangélica, sino también, y por encima de ella, de la jerarquía católica.
Las pseudo monjas de la Cruzada Evangélica abandonaron el centro de la Maternidad de Peñagrande en 1983, tras una inspección realizada por el teólogo seglar Enrique Miret Magdalena (1914-2009), entonces Presidente del Tribunal de Menores.
Por otra parte, la muerte no aclarada de Inmaculada Valderrama produjo tal escándalo, con manifestaciones de feministas y personas preocupadas por los Derechos Humanos, que en el mismo 1983 las mismas pseudo monjas abandonaron también el reformatorio de Nuestra Señora del Pilar, de San Fernando de Henares, que venían rigiendo desde su fundación en 1944.
Escudo Cruzada Católica
No obstante, el Patronato de Protección de la Mujer no sería formalmente suprimido hasta 1985, fecha en la que desaparecen igualmente la Maternidd de Peñagrande y el retormatorio de Nuestra Señora del Pilar. Por su parte, el instituto Cruzada Evangélica no sólo saldría de rositas por su fundamental participación  en la administración y trato infamante a las mujeres, incluida la venta de bebés, en la Maternidad de Peñagrande y en el reformatorio de San Fernando de Henares, sino que siguen existiendo en la actualidad, ahora mismo, en este mes de junio del 2026, con centros en Santander, Madrid, Coslada, Santa María de Tormes (Salamanca), Cerdanyola del Vallés (Barcelona), La Puebla de Cazalla (Sevilla) y, fuera de España. en Bolivia, Perú y Guatemala, en Sudamérica, y en Lubumbashi, Likasi y Kitwe en África.

P.S.- Dedicado a todos aquellos y aquellas que afirman que con Franco se vivía mejor que ahora.

Imágenes: Internet.

martes, 23 de junio de 2026

LA TRAICIÓN CONCERTADA

Colegio salesiano gratuito Córdoba
Yo hice la mayor parte de la enseñanza primaria en el colegio de los Salesianos, zona de gratuitos. Mi hermana estudió en las Esclavas, igualmente en zona gratuita. Mi madre no era especialmente religiosa, pero, como muchos padre de ahora, creo, la atraían poderososamente los colegios de la Iglesia. Durante el franquismo, todos o casi todos los colegios privados, en su abrumadora mayoría religiosos, admitían, caritativamente, niños de baja extracción económica, eso sí, férreamente separados de los de pago, aquellos a los que sus padres podían costearle la enseñanza privada. De hecho, hasta las entradas eran diferentes. En los Salesianos, los gratuitos entrábamos por una puertecilla secundaria que daba a un patio de terrizo que era a la vez campo de fútbol, mientras los de pago lo hacían por la puerta principal, que daba a un magnífico patio enlosado. Luego, en el interior, ambos territorios estaban separados por una verja de hierro.
Desde siempre, la enseñanza en España estuvo controlada por la Iglesia Católica. En el siglo XIX, la Iglesia consiguió frenar que el Estado implantara bajo su control un sistema nacional de educación, como se hacía ya en la práctica totalidad de la Europa a la que hoy pertenecemos. Había pocas escuelas, pero todas estaban en manos de la Iglesia, y el analfabetismo se extendía masivamente por el país.
Marcelino Domingo
Cuando el 14 de abril de 1931 se instauró la II República, la situación de la enseñanza era desastrosa: en un país con sólo 23,6 millones de habitantes había un millón de niños sin escolarizar y el 40% de la población eran analfabetos. La República se propuso acabar con este tremendo panorama estableciendo una educación pública, laica, mixta, obligatoria y gratuita. El Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, como se llamaba entonces el Ministerio de Educación, al frente del cual estaba Marcelino Domingo (Tarragona, 1884-Toulouse, 1939) calculó que para solucionar el problema se necesitaban alrededor de 27.000 aulas. Y con el fin de conseguirlas estableció un plan quinquenal (1931-1936)
A pesar de que la República fue atacada desde el minuto uno por monárquicos, grandes terratenientes, parte del ejército y la Iglesia Católica, que, con el cardenal Segura al frente, no podía consentir que la enseñanza se le escapara de las manos, y a pesar de que de noviembre de 1933 a febrero de 1936 el gobierno estuvo en manos de la derecha y de la extrema derecha, en el quinquenio citado la República consiguió crear 12000 aulas, 3000 de ellas en 700 edificios de nueva planta, modernos y bien dotados, y el resto, especialmente en localidades pequeñas, en locales, almacenes, viviendas y espacios municipales convenientemente adaptados. Se contrataron miles de maestros, de modo que el gasto en educación creció un 50%
Cardenal Segura
El triunfo del franquismo en la guerra civil provocada por el fallido golpe de Estado realizado por una parte del ejército, acabó con este desarrollo. Los maestros, a los que despectivamente llamaron rabanillos, fueron represaliados, muchos de ellos fusilados directamente, y la enseñanza regresó al seno de la Iglesia. En 1968, cuando yo hice el servicio mililtar, que entonces era obligatorio, el analfabetismo era todavía del 11%, el doble entre las mujeres y el triple, esto es, el 33% en las zonas rurales, especialmente en Extremadura y Andalucía.
En 1978, tras la muerte del dictador y el fin de la Dictadura, se estableció una nueva Constitución, dicen que democrática, que en materia de educación proclama el derecho a la misma, encomienda al Estado la organización de la escolarización, pero se le exime de la responsabilidad de su prestación. Una formidable fullería para propiciar que la Iglesia mantuviera su dominio absoluto en la enseñanza española.
En las elecciones de 1982 se produjo la victoria del Partido Socialista, comandado por Felipe González. Con el 48,1% de los votos y 202 dos escaños de 350, los socialistas tuvieron en su mano la madernización del país y su equiparación real con Europa. No lo hicieron. Prefirieron dar una larga cambiada para que nada cambiase. En materia de educación, concretamente, pudieron seguir el ejemplo de la República y optar por una educación pública y laica, eliminar las subvenciones a centros educativos privados y construir tantas escuelas como fuesen necesarias. La Constitución no lo impedía, dinero había de sobra para haberlo hecho, y la situación de Europa ya no era la misma que en 1931, con el fascismo y el nazismo en pleno auge.
Felipe González
Sin embargo, prefirieron inspirarse en la Ley General de Educación, promulgada por el ministro franquista José Luis Villar Palasí en 1970, que en sus artículos 94 y 96 establecía un sistema de conciertos con centros privados. Dadas la inestabilidad política de la época, esta ley no llegó a establecerse nunca. Lo que sí se hizo fue crear un sistema de subvenciones provisional, sin control alguno. De este modo, el gobierno de Felipe González, con el ministro José María Maravall en Educación, optó por promulgar en 1985 la famosa LODE, Ley de Ordenación de la Enseñanza, en la que, tras muy duras negociaciones con la Iglesia, que se negaba a perder ni uno sólo de sus privilegios, se establecía que la Iglesia conservaba intacto su sistema escolar, recibiendo cuantiosas subvenciones. A cambio, sus centros debían comportarse como centros públicos, es decir, debían escolarizar a todos los niños de la zona donde estuviese instalado el centro, gratuitamente y sin discriminaciones.
Que la falta de dinero para crear colegios verdaderamente públicos era un camelo lo prueba el hecho de que cuando, en un momento de la negociación, el ministro amenazó con aprobar en el Congreso un crédito extraordinario para llenar España de colegios públicos, los obispos se apresuraron a firmar el acuerdo. Una vez que, hace algo más de dos años, Portugal eliminó las subvenciones a los centros de enseñanza privados, España es el único país de Europa que mantiene este sistema.
Esta fue la primera traición de Felipe González. Luego vinieron más, como, por ejemplo, la OTAN, o el brutal recorte  que le practicó a las pensiones, al topar la pensión, con la excusa de que no había dinero, y al mismo tiempo topando las costizaciones, con lo que le restaba a la Seguridad Social una cantidad ingente de fondos. 

miércoles, 27 de mayo de 2026

UNA CONDENA PERVERSA

¡Por Dios, qué feo es!
Tal fue la exclamación de mi padre cuando me vio por primera vez. Yo estaba en una especie de capacho al lado de mi madre que, más que dormir, se encontraba prácticamente en coma, tal había sido su sufrimiento para ponerme en este mundo. Y, al final, ni siquiera me había parido, sino que habían terminado sacándome de su vientre con un fórceps.
Los médicos y los científicos, en general, están de acuerdo en que el problema que tienen las mujeres a la hora de parir se debe al hecho de que, cuando no éramos más que pitecántropos, se nos ocurrió ponernos de pie, lo que produjo un estrechamiento de la pelvis femenina a la par que una curvatura del canal del parto.
Para los creyentes, especialmente para los cristianos, tal explicación es una falacia, Ellos prefieren atenerse a lo que dice la Biblia, en cuyo primer libro, el Génesis, se cuenta que, tras morder Adán y Eva la manzana (ni siquiera llegaron a comérsela entera), Dios le dijo a la mujer: "Tantas haré tus fatigas cuantos sean tus embarazos, con trabajo parirás los hijos. Hacia tu marido irá tu apetencia y él te dominará."
¡Precioso! "El te dominará", es decir, por si no queda claro, el hombre, el varón, dominará a la mujer, la hembra. De esta condena cabe, en primer lugar, deducir dos conclusiones, no necesariamente contradictorias, una: que el tal Dios era un machista, pero machista de verdad; y dos: que esto lo escribió un hombre. De haberlo escrito una mujer, la declaración divina habría sido muy distinta. Y no digamos si lo hubiera escrito un homosexual pasivo. 
Claro que, tal y como está, también sirve para explicarnos, referido en este caso a la mujer, lo del imperativo categórico del eminente filósofo Inmanuel Kant, que, muy resumido, viene a decir algo así como: Estás en este mundo, ¿no?, pues te jodes y bailas.
Así se explica también que el Vaticano niegue a la mujer el acceso al sacerdocio. "Con la que tenemos montada con los pederastas y los homosexuales, no nos hace falta más que una mujer de cura", se cuenta que dijo uno de los últimos papas. "No señor", añadió, la mujer a casarse y a parir hijos, que bien clarito lo dice el Génesis." "Pero, Santidad, nuestros sacerdotes envejecen y mueren y no hay vocaciones suficientes para relevarlos", se atrevió a replicarle uno de los cardenales, dicen que del ala progresista. "Dios proveerá", respondió tajante el papa. "Como esperemos a que Dios provea...", rezongó el cardenal, aprovechando que el papa estaba empezando a quedarse sordo.
Pero hablando en serio, en esta truculenta historia, siempre queda fuera de ella el nasciturus, el bebé que está por nacer o naciendo. Ni Dios se acuerda de él. De acuerdo, aceptemos por un momento lo que dice la Biblia: la mujer mordió la dichosa manzana y por ello fue condenada a parir con dolor. Pero con esta condena Dios condenaba también al hijo que lleva en sus entrañas, un ser absolutamente inocente, que no ha tenido tiempo aún ni siquiera de levantar la voz. 
Porque, sí, la mujer sufre durante el parto. Y sufre mucho. Pero, ¿y el bebé? El bebé sufre tanto o más que ella: De repente, el saco amniótico en el que vivía feliz, como un pececillo sin depredadores, se rompe y una fuerza imperiosa que no puede controlar lo obliga a abandonar perentoriamente el refugio más confortable y seguro que tendrá en toda su vida. Entonces empieza un duro viaje a través de un túnel resbaladizo, que ni siquiera es recto, sino que presenta una pronunciada curva. El bebé avanza normalmente con la cabeza por delante, si "viene de pies", como se dice vulgarmente en la jerga médica, el viaje se complica y el sufrimiento del nuevo ser se acrecienta. Con la cabeza por delante, debe torcerla, tomando al mismo tiempo una postura lateral para que tras aquélla puedan pasar los hombros. El bebé no respira aún, sigue recibiendo el oxígeno a través de la sangre de la madre por el cordón umbilical. Pero este cordón puede ser un incordio, porque en algunos casos la nueva criatura se enrolla en él y corre el riesgo de que se interrumpa el suministro de oxígeno.
El avance sigue tras doblar la curva, las contracciones de la madre lo ayudan, pero también lo oprimen. Sin embargo, esta compresión permite al bebé a expulsar buena parte del líquido amniótico que saturaba sus pulmones, tiene que expulsarlo, naturalmente, por la boca, lo que supone un sufrimiento más. El líquido que no expulse se asumirá a través de los vasos sanguíneos y linfáticos.
Por fin, el bebé parece que llega al final del tunel, ya asoma la cabeza, poco depués asoman los hombros y ya puede decirse que el parto ha llegado a término. ¡Para la madre! A la nueva criatura aún le quedan que sufrir algunas experiencias nada agradables: lo primero que percibe es una luz, una luz que suele ser muy potente, la percibe incluso aunque llegue con los ojos cerrados. Al mismo tiempo, percibe y sufre la diferencia de presión entre el vientre materno y el exterior; tal diferencia impulsara el aire hacia sus pulmones y, casi siempre con llanto, su primer llanto, el bebé empezará a respirar autónomamente también por primera vez. Luego, con una demora de hasta tres o cuatro minutos, le cortarán el cordón umbilical, momento en el que entonces y sólo entonces el parto habrá concluído también para el nuevo ser.
Cuento el proceso con cierto detalle porque generalmente es algo que se estudia y se comenta después asépticamente, como si se estuviera hablando de un juego o de algo así como labrar un huerto para plantar cebollinos y lo que venga. Y sin embargo, no es difícil imaginar la "angustia", puesta entre tantas comillas como se quiera, que debe sufrir el bebé, la angustia que hemos sufrido todos, porque todos hemos pasado por el mismo trance. Pues bien, de todo este sufrimiento gratuito, absolutamente innecesario e inicuo no dicen nada los cristianos, ni el papa, ni los cardenales, ni el presidente de la Conferencia Episcopal, ni San Agustín, ni Tertuliano, ni Tomás de Aquino, ni ninguno de los filósofos creyentes o no creyentes. ¡Nadie! Seguramente, los creyentes callan porque si el mecanismo de nacer lo ha instituido Dios, no cabe duda alguna de que se trata de una condena perversa, la condena de un auténtico sádico, que quiere ver sufrir a sus criaturas desde antes incluso de su nacimiento. 
Por mi parte, tengo para mí que el trauma es de tal calibre y se nos queda grabado tan profundamente en la memoria que, aunque no lo recordemos a lo largo de nuestra vida, a la hora de morir, cuando la apoxia se va apoderando de nuestro cerebro, el recuerdo aflora súbitamente y volvemos a ver un túnel semejante a aquel por el que llegamos a este mundo, junto con una luz idéntica a la que hirió nuestros ojos por primera vez.

viernes, 22 de mayo de 2026

EL CUARTO BORBÓN


El monarca
El cuarto de los Borbones que hasta el día de hoy han reinado en España fue Carlos IV (1748-1819), hijo de Carlos III. Este monarca tiene en su haber dos importantes debilidades, la primera de ellas consiste en que era imbécil. No imbécil como Carlos II, el último de los Austrias, cuya imbecilidad dio paso a los Borbones, sino tonto de nacimiento o falto de inteligencia. No lo digo yo, ni siquiera lo dicen los historiadores, se lo decía su propio padre: "Hijo mío, lo que es inteligencia no tienes ninguna" (¿No es este suficiente motivo para sobre la monarquía preferir la República? En ésta, el presidente, al ser por elección, es mucho más difícil que sea imbécil, pero si tal resultase el país se lo puede quitar de enmedio en las siguientes elecciones. Una monarquía, en cambio, es para toda la vida. Y no cabe duda de que un monarca imbécil tiene muchas posibilidades de engendrar un hijo imbécil también) No fue este último el caso de Carlos IV, porque su segunda debilidad fue engendrar no a un imbécil, sino al tipo más torcido, felón, traidor, mentiroso y cobarde que, rey o no, haya nacido nunca en España. 
Carlos IV creció casi sin madre, su educación estuvo exclusivamente en manos de clérigos quienes le inculcaron lo que la Iglesia no deja de inculcar en cuanto niño se pone a su alcance: el miedo al pecado y, por extensión, a las penas del infierno y a la condenación eterna. Esta educación no sólo no mejoró su imbecilidad, sino que la acentuó, de manera que, sin ser mala persona, era la menos adecuada para convertirse en rey y, mucho menos, en rey absolutista, como eran entonces.

La pareja
A los dieciséis años me lo casaron con su prima (cómo no iban a salir tontos los reyes con la pavorosa endogamia que se gastaban), María Teresa de Parma, que contaba sólo catorce años (entre esta gente la edad nunca ha sido un impedimento para hacer lo que les ha salido de la entrepierna). Con tan pocos añitos y la más que ñoña educación recibida por los dos se fueron ambos primos a la cama por primera vez. Y cuentan las crónicas que el matrimonio tardó exactamente un mes en consumarse. Y eso que María Luisa era bastante más espabilada que su marido, tanto que resultó pizpireta, coqueta y ligona, que diríamos hoy, hasta el punto de inquietar no a su maridito, sino a su suegro, Carlos III. No obstante, el matrimonio se llevó siempre bien; la indolencia de uno parte y la intrepidez de la otra se complementaban a la perfección. Ella estaba casi siempre embarazada y el marido con no preguntar de quien era la criatura, asunto arreglado. Aunque dicen los que de esto saben que hasta la fecha no se ha podido probar que ella le fuese alguna vez infiel.
Carlos IV accedió al trono español en 1888, un año antes de la Revolución Francesa. Era un tipo al que gobernar le daba náuseas, el prefería la caza y la carpintería (hubiera sido un gran carpintero, si hubiera nacido en la familia adecuada. ¡Cuántas veces no se equivoca el dedo de Dios!, ya que dicen que los reyes lo son por su gracia). Todos los asuntos del gobierno se los cedió a Manuel Godoy, su favorito y el de la reina, un plebeyo cuyo fulminante ascenso fue siempre muy criticado por el pueblo. En 1805, se produjo la batalla de Trafalgar, en la que los ingleses, al mando del almirante Nelson, liquidaron la armada española, que ya nunca volvería a recuperarse.
La familia al completo
En 1807, Manuel Godoy firma el Tratado de Fonteinebleau, por el que, con la excusa de pasar a Portugal, aliado de Inglaterra, los franceses invadieron España y en ella se quedaron. Carlos IV y su familia, acojonaítos porque veían que los franceses se quedaban en España, se trasladaron a Aranjuez, con la intención se seguir viaje hasta Cádiz y allí embarcar para América. Pero entre el 17 y el 19 de marzo de 1808 estalló el motín de Aranjuez, promovido por Fernando VII contra su padre. Fue el momento que aprovechó Napoleón para atraer a ambos individuos a Bayona. Aquí, ambos, padre e hijo, Carlos IV y Fernando VII, los dos, con los pantalones bien manchados por la parte de atrás, vendieron al Emperador francés el reino de España junto con la propiedad que ambos tenían de él, Carlos IV por la cantidad de treinta millones de reales de renta anual (unos setenta y siete millones de euros de hoy al año) y su hijito Fernado cuatro cientos mil francos en efectivo (de 12 a 15 millones de euros actuales) y seiscientos mil francos de renta anual (unos veinte millones de euros actuales al año)
Napoleón envió a Carlos IV al castillo de Compiègne, un lugar más bien siniestro, al norte del país, en el que el frío y la humedad agravaba la gota que sufría el monarca. Como no paraba de quejarse, el emperador francés aceptó su traslado a Marsella y, finalmente, a Roma, en cuyo Palacio Barberini se alojaron Carlos IV, su mujer y el insaparable Manuel Godoy. Aquí vivieron hasta la muerte de la reina (1818) y del rey (1819), prácticamente de la "caridad" del papa Pío VII, dado que las rentas prometidas por Napoleón se habían esfumado tras la caída de éste. 





miércoles, 13 de mayo de 2026

LA MADRE DE DIOS

En el principio era Gaia, la tierra viva, la madre paridora y sustentadora. En el principio no había más que la tierra sola, vacía, en un inabarcable amasijo de tinieblas.
Luego, el tiempo fue andando y andando, aparecieron los primeros seres animados, crecieron y evolucionaron, hasta que un día, en una cadena evolutiva impresionante, hizo su aparición el ser humano. Pronto, este nuevo ser advirtió que frente a su deplorable fragilidad se alzaba la energía, la durabilidad, la firmeza y la generosidad de la tierra, advirtió que era de ella de quien procedía y era a ella a la que volvía. Entonces, agradecido por sus frutos, que le permitía vivir en la abundancia, pero también espantado ante el descomunal poder de la tierra, el ser humano se humilló ante ella y procedió a adorarla. La tierra fue así la primera divinidad que reconoció el ser humano, una diosa, la diosa madre de todas las cosas.
El hombre, el varón, no había descubierto aún su participación en la generación de un nuevo individuo y la mujer, la hembra, engendradora y continuadora de la vida, tenía para él un carácter casi sagrado. Prueba de ello son las estatuillas femeninas de enormes vientres, venus embarazadas que recibían culto tanto de mujeres como de hombres. Sin embargo, toda aquella marea predominantemente femenina concluyó bruscamente el mismo día en que el varón comprendió que su participación era fundamental para el nacimiento de los hijos. La revolución fue tan potente que la mujer pasó a ser un mero recipiente en el que maduraba el ser que en ella había depositado el varón.
De este modo, el culto a Gaia, a la madre tierra, fue sustituido por el culto a dioses masculinos de carácter solar, dioses viriles, duros, como el bíblico Yahvé, poco o nada compasivos, aunque en el caso de Yahvé, la propaganda bíblica así pretenda presentarlo. No obstante, había sido tanto el tiempo que la humanidad había adorado a la Tierra que, aunque derogada, su devoción no pudo ser eliminada del todo. Así lo prueban los cultos mistéricos con protagonismo enteramente femenino, que se practicaban en todo el Mediterráneo, uno de cuyos ejemplos puede ser el griego de Eleusis.
Es este el contexto en el que hace su aparición el cristianismo. Como una escisión del judaísmo, que no deja de ser, la nueva religión llevaba hasta el paroxismo la creencia en un solo Dios, no sólo absolutista y machista, como en el judaísmo, sino también universalista, esto es, que, al creerse la única religión verdadera, pretendía extenderse por toda la tierra entonces conocida, eliminando toda aquella amalgama de creencias y de ritos. No es otra la razón por la que, tras el edicto de Milán, emitido por el emperador Constatino en el 313 y, sobre todo, tras el concilio de Nicea del 325, los cristianos atacaron directamente a los templos, a las imágenes, a las que llamaron ídolos, y a los sacerdotes, llamados paganos.
Pero, sobre todo, la jerarquía cristiana atacó la creencia en la Diosa Madre, así como los cultos que la tenían como protagonista última. Es por ello que la Virgen María, madre de Cristo, es decir, Madre de Dios, es tan maltratada en los evangelios canónicos, los cuatro que de forma exclusiva fueron aceptados en el Concilio de Nicea. Es por eso que no se han encontrado más que un par de imágenes pintadas de María anteriores a este concilio y que los Padre de la Iglesia la mencionan sólo como de pasada y después de este concilio no existe culto alguno dirigido a María en el catolicismo dependiente de roma, el occidental.
Será en el siglo XI cuando bruscamente se produce una eclosión y, entre otros lugares, en España aparecen decenas de imágenes de la Virgen María en los lugares más inverosímiles, siempre en el campo, junto a árboles, cerca de fuentes o en sitios practicamente inaccesibles, imágenes que en la mayoría de los casos son localizadas de forma milagrosa por pastores, individuos que en tiempos de los griegos tuvieron la consideración de sagrados.
¿Qué ocurrió? ¿Cuáles son los motivos o la razón de tantas "apariciones"?. Algunos lo achacan a la poderosa personalidad de Bernardo de Claraval, gran devoto de María, de quien se dice que recibió leche de su pecho. ¿Pero es posible que un sólo hombre tuviera poder como para una extensión tan grande de imágenes saliendo bruscamente de la oscuridad? Otros piensan que la Diosa Madre siempre estuvo allí, si no de forma palpable, sí en el inconsciente colectivo.
la Iglesia ha argumentado, mintiendo una vez más, que el culto a la Virgen María existía desde siempre y refiriéndose en concreto a España sostiene como prueba de ese culto que las imágenes que aparecían eran las que los cristianos habían escondido a la llegada de los musulmanes. Pero lo cierto es que ninguna de esas imágenes ha podido datarse como anteriores al mismo siglo XI.
En cualquier caso, los viejos ídolos femeninos que, junto con los masculinos, la Iglesia se encargó de destruir, reaparecían ahora en forma de imágenes "encontradas". Así, la figura de la Virgen María se despliega desde entonces en decenas, si es que no en centenas de advocaciones diferentes, mostrando comparativamente una indudable semejanza con la egipcia Isis, la griega Démeter, y una cuantas más de diosas del panteón Mediterráneo. 
La iglesia afirma ahora que, a diferencia de egipcios, griegos y romanos, los devotos actuales de las distintas advocaciones marianas han sabido superar el culto "a la imagen por el culto superior al personaje." Pero cuando se observa la historia, se contemplan los exvotos localizados en los distintos santuarios construidos exprofeso para estas imágenes, no es difícil comprender que estamos ante una falsedad más y que lo que la gente venera es la imagen concreta existente en un lugar, distinta a la existente en otro lugar, y en muchas ocasiones enfrentadas entre sí.

Fuentes.-
             Las religiones en el mundo meditarráneo.- Henri-Charles Puech
                 La Iglesia y la vida religiosa en la Edad Media.- Eduardo Mitre
                 Mentiras fundamentales de la Iglesia Católica.- Pepe Rodríguez
                 Las Máscaras de Dios.- Joseph Campbel
                 Historia de la Iglesia.- Llorca, Villoslada, Montalbán.

Imágenes.- Internet