miércoles, 22 de septiembre de 2021

LA SANGRE DE SUS MUERTOS


 

Sr. José María Aznar:


Ya sé que sólo

a un gran imbécil como yo

se le ocurriría escribirle a usted

que es flor de altura,

nardo pomposo, almibarado,

fatuo y perdonavidas.


Pero mire, los muertos

que usted produjo

siguen clamando a ciegas

por todas las esquinas.


Vienen de Siria,

donde aún no han aparecido

aquellas armas

de destrucción masiva

con las que usted nos arrojó

sus heces a la cara;

Vienen de Afganistán,

donde otra vez han vuelto

aquellos que en el fondo

usted ama

como a su propia vida

porque encarnan la idea

que tiene usted del mundo;

salen de un avión podrido

buscando entre tinieblas

los miembros que perdieron

por culpa de su roña

y de su prisa;

desorientados, salen

de los trenes malditos

sin saber todavía

que están muertos

para toda la vida.


Y usted sigue riendo

a carcajadas

con su cara de palo

tan seria y tan obtusa.


Ni siquiera ha tenido

hasta hoy

la dignidad y el coraje

no ya de pedir perdón,

sino al menos de lamentar

tanta muerte sin rumbo,

tanto dolor irreparable

y sin otro sentido

que el de alimentar

su desmesurada egolatría.


Bien, quizás alguna tarde,

mientras usted se afana

en seguir fortaleciendo

sus portentosos abdominales,

llueva sobre su agria cabeza

la sangre despreciada

que viaja por los cielos

aguardando el momento

de conseguir justicia.


Igual que yo, usted sabe

que si ese día llegara

el aire de este país

sería un poco menos sucio

y menos maloliente.



De: Cartas a media noche. Inédito.
Copyrigt del autor.

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