En la época del imperio romano, cuando una mujer daba a luz, la matrona o quien la estuviera atendiendo, depositaba al recién nacido en el suelo. Entonces entraba en el aposento el marido de la parturienta y si lo recogía del suelo significaba que reconocía al bebé como su hijo o hija; pero si no lo recogía, el hombre no lo reconocía y el nuevo ser quedaba condenado a lo que los romanos llamaban "exposición", esto es, su abandono en la calle, unos en la puerta misma de la casa y otros bajo la columna lactaria, frente al templo de Pietas. Tanto en un sitio como en otro, cualquiera que pasara podía cogerlo para sí y destinarlo a lo que le pareciera oportuno. Tiempos duros para estos recién nacidos: muchos acababa muriendo, de frío, de calor o de hambre. Los que sobrevivían no lo tenían mejor: serían esclavos en alguna casa más o menos importante y, por tanto, vivirían toda su vida privados de libertad. Se abandonaban más niñas que niños. La mujer siempre perdedora. Pero en este hecho no veamos sólo crueldad o maldad: hoy no resulta nada complicado prevenir un embarazo; en aquellos tiempos, sin embargo, la prevención era misión casi imposible. Así, muchas familias "exponían" al nuevo vástago no porque no lo quisieran, sino porque carecían de medios para criarlo. La prueba es que en tanto las familias pudientes se despreocupaban por completo y no querían saber nada del destino del "expuesto", las familias humildes, las de baja extracción económica, acechaban al abandonado y respiraban tranquilas cuando descubrían que alguien lo había recogido. Quizás fueran esclavos, pero, al menos, estaban vivos y, quién sabía, la vida daba muchas vueltas, muchas más que hoy, y acaso aquel niño o aquella niña tuvieran un destino glorioso.lunes, 31 de mayo de 2021
MARCIA LA BELLA
En la época del imperio romano, cuando una mujer daba a luz, la matrona o quien la estuviera atendiendo, depositaba al recién nacido en el suelo. Entonces entraba en el aposento el marido de la parturienta y si lo recogía del suelo significaba que reconocía al bebé como su hijo o hija; pero si no lo recogía, el hombre no lo reconocía y el nuevo ser quedaba condenado a lo que los romanos llamaban "exposición", esto es, su abandono en la calle, unos en la puerta misma de la casa y otros bajo la columna lactaria, frente al templo de Pietas. Tanto en un sitio como en otro, cualquiera que pasara podía cogerlo para sí y destinarlo a lo que le pareciera oportuno. Tiempos duros para estos recién nacidos: muchos acababa muriendo, de frío, de calor o de hambre. Los que sobrevivían no lo tenían mejor: serían esclavos en alguna casa más o menos importante y, por tanto, vivirían toda su vida privados de libertad. Se abandonaban más niñas que niños. La mujer siempre perdedora. Pero en este hecho no veamos sólo crueldad o maldad: hoy no resulta nada complicado prevenir un embarazo; en aquellos tiempos, sin embargo, la prevención era misión casi imposible. Así, muchas familias "exponían" al nuevo vástago no porque no lo quisieran, sino porque carecían de medios para criarlo. La prueba es que en tanto las familias pudientes se despreocupaban por completo y no querían saber nada del destino del "expuesto", las familias humildes, las de baja extracción económica, acechaban al abandonado y respiraban tranquilas cuando descubrían que alguien lo había recogido. Quizás fueran esclavos, pero, al menos, estaban vivos y, quién sabía, la vida daba muchas vueltas, muchas más que hoy, y acaso aquel niño o aquella niña tuvieran un destino glorioso.jueves, 27 de mayo de 2021
LA JOYA DE ÁFRICA
O cómo nos apropiamos de su oro, utilizando para su extracción hasta a niños y adolescentes, por supuesto, sin las más mínimas medidas de seguridad.
Históricamente, España, junto con Portugal, que lo inició, fue uno de los grandes países en el comercio de esclavos. Sí, sí, la católica España, aunque la Iglesia no ha condenado jamás la esclavitud, todo lo contrario, véanse las epístolas de San Pablo. A ambos países se unió muy pronto Inglaterra. Este comercio se prolongó oficialmente desde finales del siglo XV hasta el primer tercio del XIX, en que al final fue prohibido, aunque el trasiego de barcos desde África a América se prolongó más allá de la mitad del siglo.
El Genocidio de Ruanda.- Jesús Sordo Medina
domingo, 16 de mayo de 2021
DE COMO CONOCI LA AUCTORITAS CRISTIANA
jueves, 13 de mayo de 2021
TABERNA SALINAS
Taberna Salinas
Recuerdo que tenía las sienes de caoba,
recuerdo más: sus labios de ceniza, sus mejillas
de cera y el brillo de los ojos
como una flor de pétalos ardientes.
Fueron sus manos grandes las que me conmovieron:
eran manos de hombre convencido de serlo,
manos para el consuelo y para la torpeza.
La luz de una bombilla naufragaba en las sombras
de la sala y el silencio –una aguja de vidrio–,
penetraba impasible hasta el fondo del pecho.
Luego, mientras cantaba,
con el codo levemente apoyado
en la vieja madera de la barra,
mientras cantaba digo –sus voz de espinas rojas,
el lamento desnudo que desgarraba el aire,
el quejido inasible– mientras cantaba,
yo descubrí que el tiempo no era el río que nos lleva
ni el ácido implacable que abrasa nuestras células,
sino una inmensa cúpula de mármol luminoso
bajo la cual giraban perpetuas las estrellas.
Hace ya… Yo era un muchacho entonces
y el mundo siguió andando.
El mundo, no hace falta decirlo,
no se detiene nunca.
El agua que ahora pasa sin fin bajo los puentes
ya no es la misma agua.
Todo se deshilacha, todo claudica y muere.
Pero sé que en el valle adonde van
las noches cuando las vence el día
hay una que cruzó la línea de lo eterno,
aquella que imborrable conservo en la memoria.
De: Mi patria
Propiedad del autor.
lunes, 10 de mayo de 2021
ESCLARMONDE LA GRANDE
jueves, 6 de mayo de 2021
EL EDICTO DE FE
domingo, 2 de mayo de 2021
INMACULATA
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