Si usted, amable lector, pregunta a la IA de Google, que es la que yo manejo, por Fray Gilabert Jofré (1350-1417), más conocido en su tiempo y ciudad por el Padre Jofré, le responderá que fue un religioso mercedario valenciano "célebre", cito textualmente, por haber impulsado la creación del primer hospital psiquiátrico del mundo."
Pues bien, esta información es rigurosamente falsa. Es cierto que el Padre Jofré impulsó la creación de un hospital para dementes, pero este hospital no fue el primero del mundo y ni siquiera el primero de España.
En la misma falsedad cae el psiquiatra Francisco Alonso-Fernández (1924-2020), catedrático de las Universidades de Sevilla y Complutense de Madrid y divulgador de temas relacionados con su especialidad, en su Historia Personal de los Austrias Españoles, al afirmar que: "en una época en que en otros países europeos los enfermos mentales eran perseguidos y escarnecidos como poseídos por el demonio, o lanzados a las llamas purificadoras (obsérvese la expresión llamas purificadoras, en un psiquiatra, además) por su condición de hechiceros y brujas, se fundó en España el primer centro psiquiátrico del mundo que ha dispuesto de una organización teapeútica. Tal acontecimiento ocurrió cuando a iniciativa del padre mercedario Juan Gilabert Jofré fue creado en Valencia en 1410 un centro para proporcionar asistencia médica y humanitaria al enfermo mental."
Aunque no tan exageradamente, yerra igualmente el también psiquiatra Enrique González Duro (1939), en su monumental Historia de la locura en España. Gran renovador de la Psiquiatria española, junto al cordobés de adopción Carlos Castilla del Pino, González Duro no dice que el hospital de Valencia fundado por el padre Jofré fuese el primero del mundo, pero sí que fue el primero de España. Aunque es cierto también que, seguidamente, el autor habla de las influencias que el padre Jofré hubiera recibido en sus viajes por tierras de musulmanes, incluida Granada, para rescatar cristianos cautivos. Incluso afirma que ya en el año 765 Bagdad contaba con un manicomio o maristán. Aunque él no lo diga, el primer psiquiátrico que se creó en el mundo fue este de Bagdad.
En efecto, el término maristán procede del persa bimaristan, que significa casa para enfermos y que si en el mundo musulmán empezó siendo un hospital de carácter general, bien pronto se limitó a los enfermos mentales, atendiendo al mandato de Mahoma, recogido en la Sura 4, Aleya 5, que dice: "No confieis a los que carecen de juicio los bienes que Dios os ha confiado para vuestro mantenimiento y el de ellos. Por el contrario, encargaros vosotros de alimentarlos y de vestirlos, y habladles con palabras amables y convenientes."
Tras el maristán de Bagdad se fundó el de Damasco, en el siglo XII, que sería el segundo del mundo. Un poco más tarde, en el siglo XIV, se fundó el de Granada, que fue, este sí, el primer hospital para dementes que se construyó en España.
La pregunta que se me se me viene a la mente en este momento es: ¿por qué los españoles de hoy despreciamos lo que, en su día, hicieron los musulmanes en nuestro país? No voy a contestarla. Pero sí abrimos un libro de Historia de España, de los que se usan en la enseñanza primaria y en la enseñanza secundaria, lo más normal es que leamos que a este país llegaron fenicios, griegos, cartagineses, romanos, visigodos; sin embargo los musulmanes no llegaron, sino que lo invadieron. La diferencia es clara y muestra que no sólo existe ese desprecio, sino que, además, se enseña.
Pero volviendo al maristán: el de Granada lo fundó el sultán Muhammad V (1338-1391), sin duda el monarca de mayor relieve de la dinastía nazarí, que reinó en dos periodos, de 1352 a 1359, año en que sufrió un golpe de Estado, y de 1362, año en que recuperó el trono, hasta su muerte. Aliado de Pedro I de Castilla, en su corte se reunía lo más brillante de la intelectualidad de la época. Entre las muchas obras que llevó a cabó, a él se debe el Patio de los Leones de la Alhambra, así como la fachada del palacio de Comares.
El Maristán se levantó en la zona de la ciudad que los granadinos consideraban la más saludable: el barrio del Haxariz, en la ladera del Albayzín que daba, y da, a la ribera del Darro, en el que se alzaban las villas de los más adinerados. Era un hospital gratuito, como todos los de época en el mundo musulmán, sostenido por las aportaciones tanto del Estado como de particulares.
Su historia constituye una más de la numerosas pruebas de ese desprecio por las obras de los musulmanes españoles mencionado más arriba. El edificio contaba con más de mil metros cuadrados; se organizaba alrededor de un patio con un estanque que recibía el agua por las fauces de dos leones semejantes a los de la Alhambra y sus depedencias se situaban en cuatro crujías de dos plantas, baja y primera, con amplias galerías perimetrales.
Lo mismo que los baños públicos y todo lo que significaba progreso material aportado por los musulmanes, tras la conquista cristiana, el maristán fue clausurado y convertido en Casa de la Moneda, o Ceca, función que mantuvo hasta el siglo XVII, en que fue cancelada la acuñación de moneda en Granada.
A partir de este momento, el edificio pasa a manos privadas, iniciando así su decadencia. Se vendió y se volvió a vender. Fue cuartel y, luego, casa de vecinos. Ninguno de sus propietarios tuvo el menor interés en él, aparte de cobrar las rentas de los inquilinos, de manera que, en 1843, dado su pésimo estado de conservación, el Ayuntamiento autorizó su demolición. Por suerte, sólo se demolieron las zonas más deterioradas y el resto siguió utilizándose como casa de vecinos. Para entonces, el maristán como tal había desaparecido de la memoria de los granadinos, incluidas las autoridades.
A principios de los años setenta del siglo XX, José Luis Pérez-Serrabona y Sanz (1924-1999), el peor alcalde que ha tenido Granada, por lo menos en cuanto a su patrimonio histórico se refiere, autorizó el derribo completo de la edificación. Paradójicamente, fue entonces cuando debajo de las numerosas y desastrosas modificaciones que había sufrido el edificio se descubrió el hospital musulmán del que hablaban las viejas crónicas, o lo que quedaba de él.
En el año 2005, la Junta de Andalucía lo declaró Bien de Interés Cultural. Poco después, el Patronato de la Alhambra iniciaría los trabajos para su recuperación. En la actualidad, los leones y la gran placa conmemorativa que se encontraba en la puerta del edificio pueden verse en el Museo de la Alhambra. Aparte, se ha recuparado el patio y una de sus preciosas crujías. Ambos permitén al visitante hacerse una idea bastante aproximada del gran hospital que fue en su día.





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